Clan Dracul: Lazos sangrientos - Libro 2

Capítulo 10

Katherine

El aire en la sala de estar de mi casa se congela de golpe, pero no por el clima de los Cárpatos. Se congela porque mi corazón, ese músculo que solo late por el poder y por mis hijos, acaba de sentir un desgarrón insoportable.

La puerta principal se abre de par en par con un estruendo. Mis sobrinos, William y Pilar entran tropezando, con la ropa sucia de tierra y los rostros descompuestos por el terror. No necesito que hablen. El vínculo de sangre que tengo con mis mellizos está vibrando como una cuerda de violín a punto de romperse. Un vacío negro y gélido se abre en mi estómago.

—¡Tía Katherine! ¡Se los llevaron!

Grita William, cayendo de rodillas.

- Una mujer... una mujer pelirroja... se llevó a Darcy y a Edward en una camioneta negra.

El silencio que sigue a sus palabras es más aterrador que cualquier grito. Siento cómo mi humanidad remanente se extingue, dejando paso a la bestia que incluso mi padre teme. Mis ojos se tornan negros al instante, y la telequinesis estalla desde mi cuerpo como una onda expansiva.

- ¡ARANZA!

Mi grito no es humano. Es un rugido que hace que los vitrales del gran salón estallen en mil pedazos de cristal.

Las pesadas mesas de roble se elevan en el aire y son lanzadas contra las paredes, reduciéndose a astillas. Las lámparas de araña caen del techo, y los retratos de mis antepasados se rasgan como si garras invisibles los estuvieran despedazando. El suelo bajo mis pies empieza a agrietarse. La energía que emano es tan densa que William y Pilar tienen que ser protegidos por Eleanor, la cual estaba sentada a mi lado.

- ¡Katherine, detente! ¡Los vas a matar!

Me grita mi hermana, pero yo no la escucho.

Solo veo el rostro de Aranza. Solo siento el dolor de Darcy y el miedo de Edward. Mi mente es un torbellino de imágenes sangrientas: veo el cuello de Aranza entre mis manos, veo sus ojos apagándose mientras la desmiembro centímetro a centímetro. La furia es tan grande que el oxígeno parece desaparecer de la habitación.

- ¡Voy a quemar el mundo hasta que no quede más que cenizas si no me devuelven a mis hijos!

Siseo y mi voz suena como el crujido de la tierra abriéndose.

Intento proyectar mi mente para rastrearlos, pero una barrera de magia oscura y antigua me golpea de vuelta. Aranza los ha ocultado tras un velo de sangre. El esfuerzo por romper esa barrera, sumado a la descarga masiva de poder que acabo de soltar, empieza a pasarme factura. Mi visión se tiñe de rojo.

- Katherine, cálmate, nuestro padre ya está movilizando a los guardias...

Eleanor intenta acercarse, pero mi aura la repele.

Siento una punzada agónica en la cabeza. Es el vínculo con los niños; algo ha pasado. Siento un golpe, Aranza ha golpeado a Darcy, siento la bofetada en mi propia mejilla. El dolor de mis hijos se filtra en mi sistema nervioso, chocando con mi rabia descontrolada.

- Mis bebés...

Susurro, y por primera vez en siglos, siento que las piernas me fallan.

El mundo empieza a dar vueltas. El poder que me mantenía en pie se drena de golpe, como si la misma tierra estuviera reclamando la energía que solté. Siento que el vínculo con los mellizos se debilita, no porque hayan muerto, sino porque la oscuridad de Aranza los está tragando.

La impotencia es un veneno que no puedo procesar. Yo, la segunda vampira más temible del mundo, la hija de Drácula, no puedo encontrarlos.

- No... yo... tengo que...

Intento dar un paso hacia la salida, pero mis rodillas golpean el suelo.

- ¡Katherine!

El grito de mis hermanas es lo último que escucho con claridad.

La oscuridad me envuelve, no la oscuridad que yo controlo, sino una negrura pesada y asfixiante. Mi mente se apaga, agotada por el estallido de poder y el choque emocional. Mi cuerpo cae inerte sobre los restos de cristal y madera rota.

Me hundo en la inconsciencia, con un último pensamiento clavado en mi alma: Si mis hijos no regresan, me aseguraré de que el linaje de los vivos y los muertos termine conmigo.

* * * * * *

Henry

Estaba en mi departamento, atrapado en el silencio que se ha vuelto mi único compañero. No puedo creer que hayan pasado cuatro años y Katherine siga sin perdonarme. Me voy a volver loco; cada rincón de este lugar me recuerda lo que perdí. Estaba hundido en mis pensamientos cuando el sonido estridente de mi celular rompió el vacío. Al mirar la pantalla, veo que es Luis. Contesto de inmediato.

- Ehi, bro, ¿qué pasa?

- Harry, tienes que venir a la casa de Katherine, pero YA.

El tono de Luis me heló la sangre; nunca lo había escuchado así de alterado.

- ¿Qué le pasó? Me estás asustando.

Pregunté, sintiendo un nudo en la garganta.

- Lo que pasa es que secuestraron a Edward y Darcy.

Me levanté del sofá de un salto, el aire faltándome.

- Y Katherine, al saber eso, se desmayó. Ha pasado mucho tiempo y no reacciona, tienes que venir.

- En un segundo estoy allá.

Colgué sin esperar respuesta.

No perdí tiempo. Utilicé mi poder de teletransportación, sintiendo cómo el espacio se plegaba a mi alrededor. En un parpadeo, estaba frente a la imponente puerta de la mansión de Katherine. Toco con desesperación y Luis me abre al instante.

- Ahí sí llegaste... ven, que no se ha reaccionado todavía.

Entro corriendo al gran salón, que parecía el escenario de una guerra: cristales rotos, muebles destrozados y un aura de desesperación. La vi allí, tendida, luciendo tan indefensa y frágil que se me partió el “alma”. Me acerco a ella y empecé a acariciar su mejilla, llamándola suavemente. En eso, vi que empezó a reaccionar, pero estaba delirando.

- Mis hijos…

Decía con los ojos aún cerrados, su voz apenas un susurro quebrado.

- Mis hijos...

De repente, se quedó callada un segundo y luego soltó un grito desgarrador que sacudió las paredes:



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En el texto hay: vampiros

Editado: 20.02.2026

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