Clan Dracul: Lazos sangrientos - Libro 2

Capítulo 12

Katherine

El eco del beso en el bosque todavía vibraba en mi piel como una corriente eléctrica. Han pasado solo unos días desde el rescate, y aun se siente una tensión. Estaba en mi alcoba cuando recibo un mensaje de él. Es una invitación simple, directa, a un restaurante exclusivo para vampiros en el centro de la ciudad.

Sin pensarlo, sin analizar las consecuencias o mi orgullo, acepté. Acordamos vernos a las 8:00 p.m. Mi cuerpo parecía moverse por cuenta propia, impulsado por una sed que no era de sangre, sino de algo que creí muerto hace años.

Tomé mi tiempo para arreglarme. Elegí un vestido de seda negra que se ajustaba a mis curvas como una segunda piel, con un escote que grita peligro y elegancia. Me maquillo con cuidado, resaltando el color miel de mis ojos y pintando mis labios de un rojo tan oscuro que pare sangre seca. Al mirarme al espejo, no veo a la madre desesperada ni a la guerrera furiosa; vio a Katherine Dracul, la mujer que todavía hace temblar el mundo.

Bajé al comedor antes de salir. Edward y Darcy ya están sentados, esperando su cena. Como son semi-vampiros, su dieta es una mezcla curiosa: hoy les preparé un filete término medio, casi azul, acompañado de unas copas de néctar de granada mezclado con una pequeña dosis de sangre fresca para fortalecer sus sentidos.

- Estás... muy diferente hoy, mamá.

Dice Edward, dejando el cubierto a un lado y observándome con esa mirada analítica que tanto le envidio.

- Estás hermosa, mami.

Añade Darcy, abriendo mucho sus ojos verdes

- Ese vestido brilla mucho. ¿Vas a una fiesta del abuelo?

Me acerqué a ellos y les di un beso en la frente a cada uno. El aroma de su inocencia siempre me calma.

- Voy a una cena importante, mis amores.

Respondo con una sonrisa enigmática, evitando sus miradas inquisidoras

- Nada de fiestas aburridas del abuelo.

- ¿Y con quién vas?

Pregunta Edward, entrecerrando los ojos. Él es el más difícil de engañar

- No es común que te arregles así para una "reunión de negocios".

- Con alguien que hace mucho tiempo no veo.

Sentencio, dándoles un beso en la frente.

Justo en ese momento, el sonido de un motor potente anunció la llegada de los refuerzos. La puerta principal se abrió y entró Nick, mi hermano gemelo. Verlo es como verme en un espejo masculino; compartimos la misma intensidad y la misma aura de poder. Viene acompañado de su esposa, Gabriela, quien además es la hermana de Henry.

- Mírate, hermana.

Nick soltó un silbido de admiración mientras me escanea.

- Si yo fuera ese tipo con el que vas a salir, estaría temblando ahora mismo.

- Nick, no empieces.

Le advertí, aunque no pude evitar sonreír.

- Gracias por venir a cuidar a los niños.

Gabriela se acercó y me dio un abrazo rápido. Ella sabía exactamente a dónde iba y con quién. Su mirada era de apoyo total; después de todo, ella quiere que su hermano recupere su lugar.

- No te preocupes por nada, Katherine.

Dice ella en voz baja.

- Los niños están en buenas manos. Ve y disfruta... te lo mereces después de tanto infierno.

- ¡Tío Nick! ¡Tía Gaby!

Gritaron los mellizos, olvidando por un momento sus preguntas sobre mi cita y corriendo a abrazar a sus tíos.

Aproveché la distracción. Tomé mi abrigo de piel y mi bolso, echando una última mirada a mi hogar. Mis hijos están a salvo, mi hermano está al mando y Henry me espera en un lugar donde los latidos del corazón se confunden con la música.

Salgo de la casa sintiendo el aire frío de la noche en mi rostro. Por primera vez en mucho tiempo, no iba a cazar, no iba a pelear. Iba a descubrir si las cenizas de un gran amor todavía guardaban suficiente calor para provocar un incendio. Subo a mi auto y acelero, dejando atrás las sombras de Hunedoara para encontrarme con el hombre que me traicionó, me salvó y, a pesar de todo, seguía siendo el dueño de mis pensamientos más oscuros.

*

La noche era un manto de terciopelo oscuro salpicado por las luces vibrantes de la ciudad. Mi carro se deslizó por las calles de Hunedoara, dejando atrás la imponente silueta de la casa y el peso de mis responsabilidades. Mientras más me acercaba al centro, más se intensificaba la expectación en mi pecho. Hacía siglos que no sentía esta mezcla de nerviosismo.

El restaurante, conocido como "El Santuario Nocturno", es uno de los más exclusivos para nuestra especie. No hay letreros llamativos, solo un discreto emblema tallado en piedra sobre una pesada puerta de roble oscuro. Aparqué mi clásico Mercedes-Benz SLS AMG Roadster en la zona de valet, entregando las llaves a un vampiro con una cicatriz en el rostro que me saludó con una reverencia casi servil (se sabe que soy la hija del Conde Drácula).

Al bajar del carro, sentí las miradas. No eran las miradas de curiosidad de los mortales, sino las de mis congéneres: de respeto, de admiración, y quizás, un toque de temor reverencial. El vestido de seda negro se movía con cada paso y el perfume que uso (una mezcla de jazmín y algo más oscuro, casi ferroso) deja una estela embriagadora.



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En el texto hay: vampiros

Editado: 20.02.2026

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