Clan Dracul: Lazos sangrientos - Libro 2

Capítulo 14

Katherine

El sol opaco apenas se atrevía a asomarse entre las densas nubes de los Cárpatos cuando salí del baño, envuelta en una bata de seda escarlata que ocultaba, a duras penas, las marcas que la pasión de Henry había dejado en mi cuerpo. Mi mente era un campo de batalla. Intentaba mantener la compostura, pero el recuerdo de sus manos y su voz seguía reverberando en mis sienes.

Bajé las escaleras hacia la cocina, esperando encontrar el silencio de la madrugada, pero el destino tenía otros planes. Allí, sentados a la mesa con vasos con sangre totalmente fresca.

Mi hermano gemelo se giró hacia mí con esa sonrisa ladeada que compartimos, pero sus ojos, tan hipnóticos y afilados como los míos, me escanearon con una precisión quirúrgica. Gabriela, por su parte, mantenía una calma expectante, aunque la curiosidad brillaba en su mirada.

- Vaya, miren quién ha decidido regresar de entre los muertos.

Soltó Nick, recostándose en su silla.

- Empezaba a pensar que tendríamos que enviar a un equipo de búsqueda...

- No empieces, Nick.

Respondí, caminando hacia la alacena para servirme un poco de vino de sangre añejada de hace 90 años. Necesitaba algo más fuerte que sangre normal.

- No estoy de humor para tus sarcasmos.

- Oh, vamos, Katherine.

Intervino Gabriela con voz suave, inclinándose hacia adelante.

- Estuviste fuera toda la noche. Tu rastro ha cambiado; ya no hueles a furia contenida, hueles a...

Se detuvo, buscando la palabra con una sonrisa pícara.

- Paz. Y a mi hermano.

Me senté frente a ellos, suspirando con pesadez. Sabía que no me dejarían en paz hasta obtener detalles.

- Fue... intenso.

Admití, mirando el fondo de mi copa.

- Hablamos. Discutimos. Y luego dejamos de hacer ambas cosas.

Nick soltó una carcajada seca, golpeando la mesa.

- Entonces Henry finalmente recuperó sus agallas. Me alegra saber que no lo castraste en cuanto lo viste. Pero ahora, hablando en serio, hermana... ¿qué sigue? No puedes simplemente tener una noche de pasión con el hombre que el clan considera un traidor y pretender que hoy es un lunes cualquiera.

- Ese es el problema.

Dije, sintiendo cómo la ansiedad volvía a subir por mi garganta.

- Me pidió que fuera su novia. Me pidió volver a ser una pareja ante el mundo. Y le dije que sí.

El silencio que siguió fue denso. Nick dejó de sonreír y Gabriela tomó aire, procesando la magnitud de la noticia.

- Katherine, eso es un movimiento peligroso.

Dijo Nick, su voz ahora cargada de una seriedad protectora.

- Papá todavía tiene el nombre de Henry en su lista negra. Si se entera de que estás "oficializando" las cosas con él, Hunedoara se convertirá en un campo de tiro. Y no hablemos de los niños. ¿Has pensado en cómo se lo vas a decir a Edward y Darcy?

- No lo he hecho.

Confesé, bajando la voz.

- No sé lo que voy hacer, no puedo llegar y decirles: "Hola, niños, el hombre que me dejó morir es ahora mi novio otra vez", me odiarán. Y con razón.

Gabriela me tomó de la mano sobre la mesa. Su tacto era cálido, reconfortante.

- Henry está destrozado por eso, lo sabes. Él no quiere forzar las cosas. Pero Katherine, no puedes mantenerlo en las sombras para siempre. Edward y Darcy son semi-vampiros; su intuición es más fuerte que la de cualquier adulto. Si les mientes, la herida será peor cuando descubran la verdad por su cuenta.

- ¿Y qué sugieres que haga?

Le pregunté a Gabriela, sintiéndome por primera vez en años como una mujer perdida y no como una reina.

- ¿Que lo traiga a cenar y actuemos como una familia feliz?

- No.

Intervino Nick.

- Sugiero que vayas despacio. Pero Katherine, tienes que tomar una decisión. Henry salvó a los niños. Ese es el único argumento que necesitas ante Papá. Pero ante tus hijos... ahí necesitas honestidad.

Me quedé mirando el líquido de mi copa. Nick tenía razón. Estaba jugando un juego doble que terminaría por destruirme si no ponía las cartas sobre la mesa.

- Planeo verlo de nuevo esta noche.

Dije finalmente, levantando la mirada.

- Vamos a trazar un plan. No quiero que sea un fantasma, pero tampoco quiero que mis hijos se sientan traicionados por su propia madre. Henry quiere ganárselos. Quiere demostrarles con actos, no con palabras, que es digno de ellos.

- Es un buen comienzo.

Asintió Gabriela.

- Mi hermano es terco cuando se trata de su familia. No se rendirá.

- Más le vale no hacerlo.

Gruñó Nick, levantándose de la silla.

- Porque si te vuelve a romper el corazón, Katherine, no será Papá quien lo mande al infierno, seré yo mismo. Y ahora, prepárate. Escucho pasos arriba. Los mellizos se han despertado.

Me puse tensa de inmediato. El sonido de los pies pequeños corriendo por el pasillo de arriba me recordó que la tregua de la noche había terminado. La realidad estaba aquí, y tenía el rostro de mis hijos.

- Gracias por cuidar de ellos.

Les dije, levantándome también.

- Y por no juzgarme demasiado.

- Para eso están los hermanos, ¿no?

Nick me guiñó un ojo antes de dirigirse a la salida.

- Para recordarte que, aunque seas una Dracul poderosa, sigues teniendo un corazón que mete la pata de vez en cuando.

Los vi marcharse justo cuando la puerta de la cocina se abría y Edward y Darcy entraban, todavía con sus pijamas de seda, frotándose los ojos. Mi corazón dio un vuelco.

Se sentaron frente a mí, demasiado rectos, demasiado silenciosos. No era la energía caótica de cualquier mañana; era la calma que precede a una tormenta que cambiaría el curso de nuestras vidas.

Edward me miró fijamente, con sus ojos verdes tan parecidos a los de Henry brillando con una determinación que me puso en alerta.

- Mamá.

Dijo con voz firme, antes de que yo pudiera siquiera preguntarles cómo habían dormido.



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En el texto hay: vampiros

Editado: 20.02.2026

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