El amaneciera apenas rozaba las montañas cuando Clara despertó con la sensación de que la noche anterior había sido un sueño. Sin embargo como a las huellas en la tierra húmeda y el eco del aullido se han presentes en su memoria, el pueblo parece igual, pero ella ya no lo veía con los mismos ojos: cada sombra con ya un mismo misterio cada mirada de los vecinos parecía cargar un secreto. Mientras caminaba hacia el río, claro notó que el bosque la recibía distinto. Los pájaros callaban a su paso y el agua reflejaba no solo su rostro, sino también destello de figuras que se ibanecían al parpadear punto fue entonces cuando escuchó pasos detrás de ella junto un joven apareció entre los árboles coman con una presencia imponente y una mirada que bri llaba como plata bajo el sol. Aparte no deberías estar aquí dijo con voz firme, aunque no amenazante. Clara retrocedió, confundida, pero algo en su interior le decía que aquel desconocido no era un simple habitante del pueblo. Sus movimientos eran demasiado fluidos Como a su energía demasiado intensa junto aparte el joven se inclinó hacia ella bajando la voz como si compartiera un secreto prohibido: raya la luna te eligió, Clara punto y Los lobos ya lo saben .
Clara sintió que las palabras del joven se clavaban en su mente como un eco imposible de ignorar. La luna te eligió tres puntos resonaba en su interior, despertando una inquietud que no podía explicar. El bosque parecía vibrar con esa revelación, como si cada hoja y cada piedra supiera más de ella que ella misma junto el aire se llenó de un silencio expectante, y Clara comprendió que su vida ya no volvería a ser la misa. El joven observaba con intensidad, si hubo planeador reflejaban tanto poder como compasión, Clara quiso preguntar quién era, qué significaba todo aquello, pero su voce quebró antes de salir juntos entonces él dio un paso hacia adelante, y con un tono solemne añadió: raya no eres solo humana . Y coma Clara. Tu sangre guarda un legado que Los lobos han esperado por generaciones. El corazón de clara latía con fuerza como si quisiera escapar de su pecho. Una mezcla de miedo y fasciación la envolvía y aunque deseaba huir, algo más profundo la mantenía allí como frente aquel extraño que parecía conocerla mejor que ella misma.