La llegada de Clara a la casa de la manada sol Naciente, fue recibida con respeto y solemnidad. Las empleadas se inclinaban suavemente al verla pasar, conscientes de que no era solo la compañera del Alfa, si no su Luna, la figura que debería ser cuidada y atendida. Cada gesto hacía ella estaba cargado de devoción, como si la presencia de clara iluminara el hogar entero.
Lean caminaba a su lado, imponente, y con cada palabra suya se llenaba de silencio.
_Ella es mi luna...
Declaró,...todo lo que necesite, todo lo que pida, será cumplido.
Las empleadas asintieron, y Clara, aún abrumada por la atención, siento que el peso de su nueva papel se hacía más real. Ya no era solo una visitante: era parte de la manada , parte de un destino que la envolvía.
Cuando la noche cayó, el ambiente se volvía más íntimo. Lean la condujo a una habitación amplia, iluminada por la luz plateada que entraba por los ventanales. Allí lejos de las miradas, el Alfa dejó de ser líder y se mostró como hombre. Clara lo miró con nerviosismo, el corazón latiendo con fuerza, mientras él se acercaba con calma , sin prisa, como si cada paso fuera un juramento silencioso.