Clean Boy

Capitulo 15

ARQUÍMEDES

Saque mi cabeza del agua helada y me quede así, a centímetro y medio frente del agua. Habían pasado ya mucho tiempo desde que padre hizo su última cena. No estaba obligado a hablar con nadie, solo tenía que estar presente. Al parecer padre pensó que con solo ir a la escuela me convertiría en el chico más social del mundo. Eché mi cabeza hacia atrás y vi el techo.

Solo serán un par de horas me dije en cuanto cerré los ojos. Me salí de la tina para secarme y alistarme.

Mi madre se encargó de dejarme mi traje negro sobrio en mi puerta. Después de ponérmelo y verme al espejo, sentí que estaba viendo a un maniquí, ya no tenía vida. Al lado de mi cama estaba mi caja con mis guantes de lates que no podrá usar este día, padre me lo prohibió incluido el cubre bocas. 

Estaré expuesto, sin piel. Eso sí, tomé mi inhalador y lo puse en mi bolsillo. 

Cuando abrí la puerta de mi habitación me sorprendí al ver a mi padre en frente de mí. Alto e imponente, baje la mirada un segundo cuando me llamo obligándome a levantar la mirada.

— Quiero que esta noche sea perfecta, perderemos dinero si no te comportas— dijo él, sonreí y borre la sonrisa en un segundo.

— Me comportare si tus invitados se comportan— Vuelvo a desviar la mirada, no era capaz de verlo a la cara como lo hago con mi madre.

A diferencia de ella, padre nunca entendió mi situación. Pensaba que solo era caprichoso y un llorón. Me estremecí al sentir su mano en mi hombro, ahogue mis ganas de apartarme y trague saliva esperando a que me soltara.

— No quiero que seas grosero con ninguno de los invitados, ¿quedo claro?— pregunto y yo asentí. — Estarás en la puerta y saludaras a todos los que llegues, estrecharas su mano…

Levante la mirada con esa última frase, le dije que no podía y me sacudió con la mano que tenía en mi hombro.

— Si puedes, solo que no quieres— dice apretándome más el hombro. Ya quería que me soltara entonces dije que sí. — Bien. Serás un chico normal que está apoyando a su padre, el negocio está yendo mal, solo será esta noche.

Eso no sonaba bien, cuando me soltó me di cuenta de que estaba conteniendo el aliento, deje salir el aire de mis pulmones. Saque mi inhalador, lo destape y después de agitarlo un par de veces aspire, respire por 10 segundos y vi a mi padre caminar por el pasillo.

Toda esa gente iba a estrechar mi mano, no podía procesar lo que iba a pasar esta noche. Solo quería cerrar los ojos y despertar en un día mejor. Pude haber fingido que estaba enfermo, quería hacerlo, pero no pude, tenía que estar en esa cena, no por mí sino por mi madre. Solo es un favor, uno en el que estoy sacrificando mi estabilidad mental.

Sin más remedio suspire con pesadez sintiendo que los músculos que quería relajar se tensaban más. Sacudí mis manos desnudas y comencé a caminar por el blanco pasillo sintiendo vértigo, aunque trate de mantenerme de pie como una persona normal, no quería parecer un tipo enfermo, aunque sería una ventaja, me mandarían a mi habitación enseguida y no saldría… pero me llevarían al hospital y si descubrían que estaba mintiendo me iría peor.

Vi a mi madre en frente de mí que sonreía contenta, no traía lentes y modelada una sombra de ojo roja y labial vino, combinaban con vestido brillante.

— Te vez de maravilla— Me alago acercándose a mí, sonreí un poco apretando los labios. — Vuelta, vamos date una vuelta.

Gire rápido dejando ver a mi madre el traje que no tenía nada llamativo. Ella sonreía y dio dos aplausos, era una mujer muy energética, lástima que no herede ni una pisca de su energía, aunque a veces sentía un impulso.

— No te preocupes por la cena— me susurro mientras caminábamos para la entrada y recibir a los invitados. — Solo tienes que quedarte para vean que estas aquí y cuando tu padre se descuide, finges que te comes una de las galletas que están ahí— Apunto a una mesita de postres.

Había galletas y cupcakes de chocolate.

— Le diré que te hicieron daño y te vas a tu cuarto…— Sonreí. Se puso en frente de mí.

Amaba lo comprensiva que podía llegar a ser. Seguí sonriendo a pesar de que se fue de mi lado dejándome solo en la puerta de entrada, esperaba a que Hara abriera esa puerta y así comenzar con el infierno ya había invitados, pero mi madre me dijo que no era necesario que los saludara, solo a los que recién estuvieran llegando.

Podía escuchar mi corazón en mi garganta, me temblaban las manos y no podía controlar los nervios por más que respiraba y soltaba el aire de mis pulmones, me asuste al sentir la vibración del celular que tenía en el saco. Lo saqué y vi el mensaje de Cesar.

Sé que no vas a venir, pero… por si acaso

Era la dirección de la casa de Yeya.

No quería esperar más, y me gire para ir al baño, sin embargo, escuche a Hara abrir la puerta y saludar al invitado.

Su voz. Reconocí su voz.

Pensé que la había olvidado, o tal vez me convencí de que no iba a volver a escucharla. Mi quijada comenzó a temblar, mi boca se llenó de ácido gástrico, quería vomitar.

— ¿Arquímedes?




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