1º LIBRO – Realidad y Ficción
_PARTE 1: La huida_
1.
El gran malentendido
Aquel 2 de octubre fue el día más terrorífico y catastrófico que sufrió la ciudad de Tokio. El ataque había comenzado en un tranquilo mediodía nublado y frío. Aparecieron de la nada. Nadie jamás pudo averiguar quiénes fueron. O “qué” eran.
Pero habían venido con un único objetivo, y sólo una persona descubrió cuál.
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Cleven se tapó las orejas con fuerza y cerró los ojos. Esa última explosión sonó muy cerca. Sintió el cuerpo de su madre cubriéndola, abrazándola. Cayeron algunos escombros cerca de ellas. Al abrir los ojos de nuevo, sólo veía la densa cortina del ondulado cabello rojo de su madre, manchado de polvo blanquecino.
Estaban agazapadas en un rincón, junto a un muro desnudo de hormigón, en una cuarta planta dentro de un edificio vacío en construcción que sólo tenía un esqueleto interior de vigas y tabiques.
Katya soltó a Cleven y se asomó rápidamente por el hueco de la ventana que tenían al lado. Desde ahí se veía gran parte de la ciudad, y lejanas columnas de humo en diferentes zonas. La gente corría a donde podía ponerse a cubierto, la policía no sabía qué armas disparar contra esos seres… Parecían hombres, vestidos con trajes negros, algunos de épocas más antiguas que otros. Sin embargo, a veces cambiaban de aspecto y eran como sombras, nubes de tinieblas que se desplazaban veloces por el cielo y por las calles, dejando tras de sí una fina estela de luz plateada. Hacían estallar edificios con golpes de viento, incendiaban coches y árboles con un fuego invocado de la nada, a veces un rayo inesperado impactaba contra el asfalto o las fachadas de los rascacielos…
Pero, por alguna extraña razón, los ataques aumentaban allá a donde Katya y Cleven se movían. Habían pasado dos horas de pesadilla, y Katya empezaba a olerse algo, a sospechar algo. No tenía forma de comunicarse con los demás, no funcionaban los teléfonos ni las radios, y tenía que buscar la forma de proteger a Cleven a toda costa.
Cuando se aseguró de que ahora no había ninguno de esos seres oscuros rondando cerca, Katya recogió del suelo su laptop y agarró a Cleven del brazo.
—Vamos, malýshka, tenemos que subir hasta arriba.
La niña obedeció y ambas continuaron subiendo los peldaños de hormigón del interior de la construcción. Por el camino, Katya se paró un par de veces para rebuscar algo entre los utensilios de la obra. Se llevó con ella un rollo de hilo de cobre y un par de barras de metal. Cuando por fin llegaron a la azotea, obligó a Cleven a agazaparse en un rincón entre unos palés, mientras ella se fue hasta el centro.
Apilando unos ladrillos, Katya encajó las dos barras de acero entre ellos, dejándolas en posición vertical; después, comenzó a enrollar el hilo de cobre en ellas, todo lo rápido que podía, mientras no paraba de mirar a un lado y a otro. Acto seguido, se arrodilló en el suelo para abrir su laptop, y conectó algunos cables.
—¡Mamá! —la llamó Cleven, angustiada, oyendo otro estruendo cercano.
—¡Tranquila, malýshka, quédate ahí, no te levantes! ¡Voy a intentar contactar con los demás, ¿de acuerdo?!
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En otra zona lejana de la ciudad, había un grupo de iris dando grandes saltos inhumanos sobre las azoteas de edificios y rascacielos, siguiendo a uno de esos seres de cerca, intentando lanzarle ataques con sus diferentes elementos.
Uno de ellos era un hombre algo mayor, de pelo cano y corto, y con un físico muy grande y musculoso, que en ese momento lanzó una gigantesca llamarada de fuego hacia esa sombra que volaba cerca. La llamarada, capaz de calcinar en segundos a un elefante, la envolvió por completo. Pero no la afectó en absoluto, pues siguió volando como si nada, alejándose.
El viejo aterrizó sobre una azotea y se apoyó en sus rodillas, algo cansado y frustrado. Otros iris se reunieron con él y también se quedaron ahí sin saber qué más hacer. A los pocos segundos, aterrizó cerca de ellos otra persona que volaba, pero era uno de ellos, un hombre esbelto de cabello castaño claro.
—¡Fuujin! —lo llamó el viejo.
Al oírlo, el susodicho se acercó a él corriendo.
—¡No les afecta nada! —protestó, tan frustrado como ellos.
—¡Lo sé! Uno de ellos se acaba de bañar en mi fuego como quien se baña en una piscina. ¿¡Dónde está nuestro Señor Alvion!? ¿¡O dónde están los taimu!? ¡Que vengan y los congelen en el tiempo!
—¡Es inútil! Uno de ellos se encuentra ahora con Alvion en la otra punta del planeta, encargándose de un volcán en erupción junto a una población de millones de personas. Y de la otra no se sabe nada, quizá esté ocupada también con otra urgencia en otro lado del mundo, o… o los dioses no la dejan, o qué sé yo…
—¡Y los dioses, ¿no están viendo esto?! —señaló el viejo la ciudad atacada.
—Si lo están ignorando es porque pensarán que es un ataque terrorista y que eso ya es nuestro problema por resolver.
—¿¡Qué ataque terrorista, Fuujin!? ¡Que están volando por todas partes envueltos en sombras lanzando rayos, fuego y… y…! ¡Joder, es obvio que no son humanos!
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romance y humor, accion con poderes, sobrenatural y crimenes
Editado: 20.08.2026