1º LIBRO – Realidad y Ficción
_PARTE 1: La huida_
3.
Escasa visión del mundo
La tarde estaba realmente gris, tanto en el cielo como en la tierra. En las calles corría la misma rutina de siempre. La gente iba con sus paraguas, en silencio. Sólo se oían los coches, formando el tráfico a medida que se adentraban en Shibuya y salpicando el agua acumulada en charcos de la carretera. En Shibuya había mucha gente por las calles, lo que daba un poco más de calor a aquella grisácea tarde.
—Hey —comentó Raven—, sé que Nakuru ya ha quedado ahora con su misteriosa novia llamada Álex que no quiere presentarnos aún porque después de dos semanas dice que “aún estamos empezando”…
—Jopé… —protestó Nakuru.
—Pero ¿y tú, Cleven? ¿Te apuntas a ver una peli en mi casa? No tenemos muchos deberes —propuso Raven cuando fueron a cruzar un paso de cebra.
—Ah, lo siento, Rav. Yo también he quedado —respondió Cleven.
En ese momento, justo cuando iban a llegar al otro lado de la acera, las sobresaltó el ruido de un frenazo de coche. Las tres saltaron a un lado, asustadas, evitando que el coche las tocara, el cual se había parado en mitad del paso de cebra.
—¡Eh, capullo, ten cuidado! —exclamó Cleven de mala gana, haciéndole un corte de manga al conductor.
—¡Eso, capollo! —la imitó Raven, pero arrugó el ceño—. ¿Lo he pronunciado bien?
—Quitaos de en medio —les dijo el conductor por la ventana medio abierta, sin levantar el tono, pero con una voz tan fría que a Cleven y a Raven se les encogió el alma por un momento. Apenas podían verlo por el reflejo del cristal.
—¡Pues no nos da la gana ahora, idiota! ¡Casi nos matas! —replicó Cleven, pegando un manotazo en el capó, y Raven fue a imitarla, pero Nakuru agarró los brazos de ambas y las arrastró hasta la acera pacientemente.
En una fracción de segundo, Nakuru volvió la vista hacia atrás. Miró al chico rubio que conducía el coche haciéndole un discreto gesto de saludo, y él la miró a ella respondiendo con el mismo gesto y se marchó calle arriba. Nakuru no podía dejar que sus amigas supieran que conocía a ese conductor.
—¿Has visto ese? —decía Cleven, aún enfadada por el susto que se habían llevado, sacudiéndose la falda del uniforme.
—Sí, ¿pero no te has fijado? —sonrió Raven con entusiasmo, dando saltitos—. ¡Estaba tremendo! ¿¡No has visto lo superguapo que era!? ¡Me he enamorado a primera vista!
—¿De quién? ¿Del que ha estado a punto de matarnos?
—En realidad es culpa nuestra, el semáforo ya se había puesto en rojo —dijo Nakuru, aportando su opinión racional como siempre.
—Me da igual —masculló Cleven.
—Era guapísimo... —seguía diciendo Raven—. ¿Será modelo? ¡Y qué rubio!
—No creo que sea para tanto —saltó Cleven, molesta.
—En fin, chicas, yo ya me tengo que ir —declaró Nakuru, mirando su reloj, y se marchó por otra calle—. Nos vemos mañana.
—Hasta mañana —se despidió Cleven.
—¡Que te vaya bien! ¡Mañana nos cuentas! —exclamó Raven—. Y tú, Cleven, me decías antes que también habías quedado, ¿no?
—Sí, con Kaoru. Lo siento.
—No pasa nada, nena, hacemos plan otro día entonces, ¿vale? Yo me voy a la peluquería con mi madre, ¡con esta lluvia mi pelo necesita una urgencia! Así que nos vemos mañana.
—Sí, hasta mañana, Rav —sonrió Cleven, quedándose sola con su paraguas en mitad de la calle.
Repentinamente soltó un suspiro y caminó lentamente por la calle. Había quedado en Shibuya con Kaoru, no había especificado dónde exactamente, pero ya se encontrarían.
Últimamente se sentía rara, se sentía demasiado despistada, y no sabía muy bien por qué. En los últimos días notaba que cada vez era menos ella misma. Ella solía ser una charlatana animada y alegre cuando conseguía olvidarse un rato de la rutina. Y ahora, ni siquiera con eso, se veía más callada, se distraía fácilmente, se le iba la mente a otro lugar… Empezaba a sospechar que se trataba de Kaoru.
Habían empezado a salir desde que empezó el curso. Ya se conocían del año pasado, estaban en la misma clase, pero no solían tratarse, hasta que el primer día de clase de este curso, en el que Cleven había descubierto que Kaoru estaba en la 2-B y no en la suya, este se le acercó en el recreo y le había pedido salir después de charlar un rato a solas, siendo espiados por Nakuru y por Raven a lo lejos. Cleven había aceptado a la primera, sin poder creérselo.
Kaoru era uno de los chicos más populares del instituto, atractivo, alto, buen estudiante y deportista... Tenía fama de haber salido con un montón de chicas, tenía éxito entre ellas. Y Cleven, que se derretía a la primera ante un chico así, conocido o desconocido, dijo que sí a su proposición.
Esas dos semanas saliendo juntos habían sido maravillosas, ella no se despegaba de él cuando caminaban por las calles, se quedaba embobada mirándolo y trataba de abrazarlo constantemente y robarle un beso cada dos por tres; y él otra de lo mismo, solo que no iba embobado con Cleven. Había salido con tantas chicas que ya se comportaba como el no-va-más.
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Editado: 04.03.2026