Cleventine 1: Realidad y Ficción [parte 1: La Huida]

1x05. El chico perdido

1º LIBRO – Realidad y Ficción

_PARTE 1: La huida_

5.

El chico perdido

Llegó la noche, y Misae, la anciana que tenían contratada para cocinar algunos días de la semana, después de haber preparado la cena, se marchó a su casa. Hana ya había vuelto de trabajar, y los cuatro comenzaron a cenar en el comedor. Nadie decía nada. Reinaba un silencio sepulcral. Sólo Yenkis se aventuró a abrir la boca.

—He invitado al grupo a tocar en el garaje un día de la semana que viene —dijo tan risueño, mirando a su padre—. Pueden venir, ¿verdad?

Neuval alzó la mirada de su plato hacia él. En ese momento se dio cuenta de que había olvidado hacer algo que había prometido que haría hace días.

—Oh… No he podido arreglar todavía el teclado electrónico de tu amiga, no he tenido tiempo.

«Novedad…» pensó Cleven con sarcasmo.

—¡Ah! No, tranquilo —sonrió el niño—. Ya averigüé la avería que tenía y lo arreglé yo el otro día. No fue muy difícil. Una incisión por aquí con el bisturí, extirpar la tripa rota, una inyección por allá…

Neuval tuvo que bajar el tenedor y girar la cabeza a un lado para disimular una fuerte náusea que le causó escuchar esas palabras, poniéndose un poco pálido.

—Yen, la fobia de tu padre —le recordó Hana.

—No, no… Estoy bien —dijo Neuval.

—¡Oh, es verdad! Perdona, papá —dijo Yenkis.

—Y además, estamos comiendo —le reprochó Cleven a su hermano—. Ya teníamos bastante suplicio con Lex cuando hablaba de vísceras y enfermedades y cosas médicas mientras comíamos.

—Era aún peor verlo comer kilos y kilos de comidas mezcladas que parecían vómitos, como si fuesen manjares para él —se rio Yenkis.

—Y luego presume de que es el más normal de la familia —refunfuñó Cleven.

—Oh… —se sorprendió Hana—. ¿Vuestro hermano mayor ya hablaba de temas de Medicina cuando vivía aquí, antes de que empezara la universidad incluso?

—Lex hablaba de cosas médicas ya desde pequeño, incluso antes de que Cleven naciera —le aseguró Yenkis—. ¿Verdad, papá?

Neuval estaba medio recostado sobre el respaldo de su silla, con mala cara y los ojos cerrados, haciendo un esfuerzo por no marearse.

—Ah… Mejor dejamos de hablar de médicos —comprendió el niño—. Entonces, mi grupo puede venir a tocar, ¿no, papá?

—Sí, pero te recuerdo que a partir de las ocho tendréis que dejar de tocar, que los vecinos del barrio marcaron un horario para los ruidos.

Hubo otro momento de silencio en el que los cuatro continuaron comiendo. Yenkis tan sólo pretendía romperlo y animar a los demás a hablar sobre algo, pero nada. «Vaya sosos» se dijo. No le gustaba comer con tanto callamiento. Cleven procuraba no mirar a nadie, no estaba de humor, y menos a su padre. Se sentía culpable, pero a la vez seguía enfadada con él. Hana fue consciente de que el aire estaba congelado entre los dos, y adivinó que habían vuelto a discutir. Estaba tan acostumbrada que no dijo nada al respecto.

—He admitido a un nuevo miembro en el grupo, un bajista. —Yenkis volvió a hacer su segundo intento de transformar la hora de la cena en algo mejor de lo que era.

—Ah, ¿sí? —dijo Hana, mirándolo con interés—. ¿Alguien de tu clase?

—No, es dos años mayor que yo, de la secundaria inferior, y toca muy bien —contestó; el momento de silencio volvió a dar señales de vida, pero Yenkis miró de nuevo a su padre con detenimiento—. ¿Sabéis cómo se llama? —preguntó, poniendo un tono de misterio exagerado. Claramente estaba guardando unas extrañas intenciones hacia su padre.

—¿Cómo se llama, Yenkis? —preguntó su padre aburridamente, llevándose el vaso de agua a la boca.

—Taiya Miwa.

Hana y Cleven fueron las únicas que se sobresaltaron cuando Neuval empezó a toser, se había atragantado repentinamente. Yenkis sonrió astuto, sabía que reaccionaría nervioso ante ese nombre.

—Neu, ¿estás bien? —se preocupó Hana.

—Sí, sí… Se me fue el agua por el otro lado.

«Torpe» pensó Cleven, volviendo con su plato.

—¿De qué lo conoces, papi? —preguntó Yenkis, que seguía mirando a este con una inocencia bien fingida.

—¿Qué? No sé quién es ese tal Taiya, ¿cómo voy a conocerlo? —le dijo con naturalidad, pero miraba a Yenkis de reojo lanzándole claras advertencias para que cerrase la boca.

Yenkis lo captó y, sonriendo travieso para sus adentros, siguió comiendo.

Cleven se dio cuenta de que Yenkis y su padre habían vuelto a tener uno de esos extraños momentos que ya habían repetido unas veinte veces en los últimos seis meses, en los que Yenkis le hacía unas preguntas a su padre capaces de ponerlo nervioso, y este lo intentaba disimular. Se preguntaba qué clase de rollo se traían esos dos, le resultaba un tanto rara la relación que había entre su padre y su hermano. Hana no parecía darse cuenta de lo extraño de esos momentos, para ella era normal, pero para Cleven, que los conocía desde hace años, los consideraba muy misteriosos.




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