1º LIBRO – Realidad y Ficción
_PARTE 1: La huida_
7.
Los mellizos
Llegó la hora del recreo. En los pasillos se formó tal masa de gente que era difícil no recibir algún empujón. Nakuru, al salir del aula, se fue por otro pasillo para reunirse con sus compañeros del periódico del instituto.
Mientras, Cleven y Raven salieron afuera y se dirigieron a la zona, casi siempre solitaria, de los bancos rodeados de árboles, donde estaba la valla que limitaba el recinto del instituto con el del colegio. Se podían ver a niños pequeños jugando a lo lejos, ya sea al fútbol, baloncesto o al balón prisionero, ensuciando sus uniformes. Podían oírse sus gritos de euforia, tan contentos, tan felices con tener una pelota... Cleven los observó con envidia, añorando sus años de la infancia, donde todo era más fácil. Aunque, mejor pensado, no recordaba muy bien su infancia.
Raven se desplomó sobre uno de los bancos, casi pegado a la valla, dando un suspiro de relajación y disfrutando de la brisa fresca. Cleven se percató de que no tenía la misma cara que todos los días, su sonrisa era más pequeña.
—¿Te ocurre algo? —le preguntó, apoyándose de espaldas contra la valla—. Hoy te he notado un poco rara, Raven. Parece como si tuvieras la cabeza en otra parte.
La californiana la miró un momento, le sorprendía que Cleven se hubiera percatado, a pesar de que Raven sabía fingir muy bien estar contenta o despreocupada. Pero luego volvió la vista al frente, serena.
—Estaba pensando en Sarah.
—Ahm… ¿Quién es Sarah? —quiso saber Cleven.
—Mi hermana mayor —se encogió de hombros, restándole importancia; sin embargo, como Cleven seguía mirándola expectante, supo que quería saber más detalles—. ¿Nunca te he hablado de Sarah? —Cleven negó con la cabeza, curiosa—. Bueno, verás… Lo cierto es que… me enteré hace poco más de un año, cuando mis padres me lo contaron. Resulta... que yo tenía otro hermano, mayor que Sarah, pero vivía en otra parte desde que yo era pequeña y murió cuando mi hermana tenía unos 12 años y yo 5. Al parecer Sarah lo adoraba. Mis padres me explicaron que mi hermana, desde la muerte de Dawson, cambió radicalmente su forma de ser.
—Oh, no… ¿Fue muy grave? —se preocupó Cleven.
—Ella nunca lloraba. Desde aquel entonces, ella se marchó varios años. Mis padres me dijeron que vino aquí a Japón a estudiar. Al principio, venía a visitarnos a San Francisco a menudo, en vacaciones o algunos fines de semana. Pero ella había cambiado. Apenas hablaba con mis padres. Ni conmigo. Por alguna razón, parecía que mis padres lo comprendían totalmente y lo único que hacían era apoyarla en todo lo posible. Pero… yo… Bueno —subió los pies sobre el banco y se abrazó las rodillas—. Me molestaba. Cada vez más. Intentaba acercarme a ella, llamar su atención. Ella simplemente parecía estar en otra parte dentro de su mente. Y la que yo creía una hermana, era en realidad una extraña.
—Siento oír eso, Rav —lamentó Cleven.
—No importa. Hace tiempo que dejó de importarme. Porque tengo unos padres estupendos, y unas amigas magníficas —la miró con una sonrisa, y Cleven también sonrió—. Es solo que… —volvió a apoyarse en sus rodillas, suspirando—… de vez en cuando no puedo evitar pensar en Sarah. Dejamos de tener contacto con ella hace algunos años. Y de repente, lo primero que supimos de ella fue el año pasado. Se había convertido en agente del FBI, trabajando aquí, en una agencia de colaboración internacional de Tokio.
—¿Del FBI? —se asombró—. ¿Pero qué edad tiene Sarah ahora?
—23 años. Para convertirse en agente del FBI, debió de pasar al menos 3 años estudiando y preparándose en Estados Unidos. Y nosotros, mis padres y yo, viviendo allí en California, no teníamos ni idea. Y en algún momento, cuando ya terminó su formación, Sarah regresó aquí a Tokio. —Hizo una pausa, con la mirada vacía apuntando al suelo arenoso—. ¿Sabes? Entiendo que perder a un ser querido tuerza tu mundo entero y pueda llegar a cambiarte. Pero… si sabes lo doloroso que es perder a un hermano… ¿por qué no aprecias tener todavía una hermana viva?
—Hmm… —murmuró Cleven con pesar, quedándose un rato reflexiva—. Siempre ha sido algo complejo, el modo en que funciona nuestra mente y nuestras emociones. Y cada persona reacciona, gestiona o padece sus emociones de manera distinta. Quizá es que tu hermana no se atrevía a tener una relación cercana contigo… porque temía que, si te pasaba algo, siendo este mundo tan imprevisible y peligroso, volvería a sufrir lo mismo que con Dawson por segunda vez. No digo que esté bien ni lo justifico, claro. Tan sólo… analizo una razón… para comprender a Sarah.
Raven se quedó en completo silencio. Observaba a Cleven fijamente, porque sus palabras fueron más inteligentes de las que esperaba de ella. Tras un año conociéndola, había visto en Cleven una chica muy sencilla, cuyo mundo a sus 16 años giraba en torno a los estudios, los chicos, las fiestas y poca cosa más. Pero empezaba a ver que Cleven era por dentro más de lo que mostraba por fuera.
—Supongo que yo también lo comprendo, en el fondo —dijo Raven finalmente—. Perder a alguien tan querido debe de ser horrible.
—Sí... —murmuró Cleven con media sonrisa triste.
—Lo siento, no quería...
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Editado: 04.03.2026