Cleventine 1: Realidad y Ficción [parte 1: La Huida]

1x09. La anciana Agatha

1º LIBRO – Realidad y Ficción

_PARTE 1: La huida_

9.

La anciana Agatha

Llegó el mediodía y en el instituto ya habían acabado las clases de la mañana. El edificio fue vaciándose conforme los alumnos se iban a la cafetería a comer. Normalmente, Cleven también comía allí, pero hoy había quedado con Kaoru para comer por la calle, según habían acordado en uno de los cambios de clase.

Generalmente, acordaban sus citas durante el recreo, pero al parecer Kaoru tuvo otra de sus reuniones con el equipo de fútbol en aquel momento. Cleven pensó que su novio tenía últimamente más reuniones de esas de lo normal. La verdad es que le extrañaba mucho, y estuvo dándole vueltas durante las clases que quedaban después del recreo.

Ahí parada, en la puerta del edificio, esperando, se sintió un poco mal consigo misma, creyendo que ya estaba empezando a desconfiar. La desconfianza, gran causa del fracaso de las relaciones. Trató de no pensar más en eso.

Sus dos amigas habían ido a comer a la cafetería del instituto, por lo que ella estaba sola, y cada vez más sola, pues ya casi se había ido todo el mundo. No veía a Kaoru por ninguna parte, estaba tardando demasiado en aparecer y no respondía a los mensajes. Decidió, viendo que era la única alma en la zona, ir a buscarlo por las zonas donde solían encontrarse en sus citas. Tal vez se le había olvidado, pensó, o bien había tenido algún inconveniente.

Mientras caminaba por las calles, fue a llamarlo directamente al móvil. Sin embargo, por alguna extraña razón, su cabeza le aconsejaba que no lo llamase todavía. No sabía… era una intuición, o un presentimiento… A pesar de haberse sentido segura y cómoda con su relación con Kaoru, no había oído hablar muy bien de él en el instituto desde que empezó a salir con él.

Nunca nadie antes había hablado mal de Kaoru en años anteriores. Todo lo contrario. Durante la secundaria inferior, él había tenido fama de buen chico, buen amigo, buen estudiante… Por alguna razón, estos rumores habían empezado hace pocos meses, cuando ya estaban terminando el primer año de la secundaria superior e iniciando ahora el segundo año, y provenían de estudiantes que ya conocían a Kaoru de cursos anteriores, y decían que había cambiado, que estaba distinto, que se había vuelto un poco… no sabían explicarlo. Era como si se sintieran defraudados con el Kaoru actual.

Curiosamente, este sentimiento venía de estudiantes a los que Cleven siempre había considerado más humildes y sin malicia, mientras que los estudiantes menos amables, más prepotentes y arrogantes parecían ser ahora los amigos más cercanos de Kaoru y estar encantados con él.

Y Cleven contrastaba, claro. No era como ellos. Puede que no se llevara bien con su padre, pero al menos él le había inculcado el valor de mostrar siempre entereza, respeto y autocontrol incluso cuando tenía delante a algún o alguna idiota gritándole insultos o pretendiendo humillarla. Por eso, en lugar de perder los nervios y montar un numerito, siempre había aguantado con calma y con simple observación las veces que, por ejemplo, otras chicas la miraban mal y se acercaban con descaro a su chico delante de sus narices para flirtear con él. Y él les seguía la corriente como si todo fuera en broma.

Cleven se sentía mal al presenciar esos momentos, y Kaoru, dándose cuenta, le aseguraba que ella era única para él, que no tenía por qué sentirse celosa.

¿Celos? Se preguntó Cleven entonces. «¿Estoy molesta por los celos, o más bien por la poca consideración que muestra Kaoru delante de mí?» se preguntó. Sí, ella estaba segura de que no era por celos, sino más bien por la actitud de Kaoru. Tenía una forma de comportarse que a veces Cleven no sabía si le gustaba o no esa faceta. Era muy presumido, por ser muy popular en el instituto, por cuidar con esmero su aspecto, dándole quizás demasiada importancia, incluso porque él sabía que todo el mundo conocía su fama entre las chicas y no se cortaba un pelo en alardear de sus éxitos delante de Cleven.

Para ella, todo aquello no lo consideraba una verdadera muestra de confianza y amor. Kaoru le había dicho que ella era lo que más quería, la mejor, irremplazable. Sin embargo, sus palabras no coincidían con sus actos. No, para nada.

Y Cleven empezó a reflexionar, mientras entraba ya en el centro de Shibuya, que era verdad que se veía menos con él, que apenas sabía qué hacía cuando no estaba con ella, que de repente desaparecía y luego venía con alguna excusa. «Él me ha dicho que me quiere, que soy especial para él» se dijo, intentando convencerse a sí misma.

Cleven siempre había sido esa clase de persona que creía en las palabras de los demás, siempre pensaba que no puede existir nadie tan vil como para mentir en algo así, por lo que siguió adelante, segura, esperando encontrarse con Kaoru por allí tarde o temprano, esperándola con una sonrisa.

* * * * * *

Tarareando, la anciana Agatha aceleró un poco el paso, consciente de que se había retrasado. La gente que pasaba por su lado volvía la cabeza hacia ella con sorpresa al percatarse de que la anciana iba con los ojos cerrados, y se paraban, estupefactos, para ver cómo esta se movía por las calles como si tal cosa, esquivando los obstáculos. No obstante, iba lenta, aunque recta, con el caminar propio de una dama inglesa, apoyándose en su bastón negro.




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