1º LIBRO – Realidad y Ficción
_PARTE 1: La huida_
11.
Fuga
Cleven se había pasado todo el sábado sin apenas salir de su habitación. El único que había tocado a su puerta varias veces fue Yenkis, aunque Cleven no le respondió, ni anoche ni en todo el día de hoy. Yenkis sabía que eso era porque no estaba de humor ni para él ni para nadie, y por eso no insistió más de una vez en sus intentos, dejándole su espacio y tiempo.
Ya en la noche, el chico fue a hacer un nuevo intento, trayendo consigo un plato con dos sándwiches y un vaso de zumo. Llamó a la puerta de su hermana, y esta vez oyó que ella quitaba el pestillo al otro lado, y nada más. Yenkis sonrió y abrió la puerta con el codo, y pasó adentro. Encontró a Cleven recostada en su cama, leyendo un manga. Parecía más tranquila, pero se la notaba todavía resentida.
Yenkis se acercó a ella y le tendió el plato y el vaso. Cleven los miró un momento. Luego volvió con su tomo.
—No tengo hambre.
A Yenkis se le sustituyó la sonrisa por una cara de terror.
—Oh, Dios mío, ¿¡quién te ha roto!?
—¿Pero qué dices? Simplemente no tengo apetito.
—¿¡Estás enferma!? —insistió Yenkis, aún más asustado.
—¡Que no!
—¿Quieres que llame a Lex?
—¡P…! ¿Qué? —Cleven sacudió la cabeza y dejó por fin el tomo a un lado, y se sentó de frente al niño—. ¿Qué quieres que haga Lex?
—No sé, examinarte la salud o algo…
—Estoy perfectamente de salud.
—¡Tú siempre tienes hambre! ¡Incluso si es el fin del mundo!
—Lex es neurólogo.
—Te has podido golpear la cabeza, bloqueando tu glándula de hambre infinita.
Cleven se lo quedó mirando un rato con mosqueo, sin decir nada. No estaba segura de si Yenkis le estaba tomando el pelo o de verdad estaba preocupado. Sus ojos grises seguían mirándola sin parpadear, expectantes, temblorosos. Cleven se dio cuenta de que había estado preocupado por ella, no ahora, sino el día entero.
Por primera vez en horas, Cleven relajó los músculos de todo el cuerpo. Qué agradable era recordar que aún tenía un hermano pequeño tan espléndido como él. Qué afortunada era. Por eso, casi dejó asomar una sonrisa, mientras cogía uno de los sándwiches que le ofrecía el chico y empezaba a comérselo. Al ver eso, Yenkis dio un pequeño suspiro de alivio.
—Qué rico…
—Les he puesto la salsa agria que te gusta.
Con la mano que tenía libre, Cleven lo llamó para que se acercara. Yenkis lo hizo, y ella lo abrazó con cariño.
—Antes siempre me cuidaba Lex, y ahora siempre me cuidas tú. Me parece tan injusto…
—¿Por qué? —se sorprendió Yenkis, dejando el plato y el vaso sobre la mesilla de noche y sentándose en la cama a su lado.
—¿Qué hago yo por vosotros a cambio? —murmuró ella, con la boca llena y mirando apesadumbrada a un rincón del cuarto—. Nada… No tengo utilidad.
—No digas eso —le reprimió Yenkis.
—Siento que lo único que he hecho desde que mamá se fue… es ser una carga… un parásito que sólo consume y no produce nada a cambio —dijo esto mirando el sándwich de su mano, y lo dejó de vuelta en el plato, y apoyó la barbilla en las manos, alicaída—. Papá malgasta el dinero conmigo pagando mis estudios y mi sustento… Mis profesores malgastan su tiempo intentando enseñarme… Mis amigas malgastan sus energías intentando animarme…
—No es verdad. Sí que haces cosas importantes por nosotros.
—¿Qué hago yo por ti? ¿Aparte de usarte de mayordomo?
—Quererme y apreciarme —sonrió Yenkis.
A Cleven le sorprendió esa respuesta. ¿Para él eso era tan importarte? ¿O suficiente? Precisamente por estas cosas lo quería y lo apreciaba tanto.
—Ehm… ¿ha dicho algo papá? —preguntó con un tono más retraído, jugueteando con una goma de pelo entre sus manos.
—No. No que yo haya oído. Hana ha estado hoy fuera haciendo recados y la compra, y papá se fue a la empresa.
—Por supuesto que se ha ido a su empresa un sábado —farfulló Cleven con ironía.
—Pero… —añadió Yenkis—… la verdad es que esta mañana, antes de marcharse, lo vi ahí en el pasillo, delante de tu puerta cerrada. Yo estaba abajo, en las escaleras.
—¿Qué hacía? —frunció el ceño.
—Nada. Estuvo ahí un montón de rato, cabizbajo. Parecía como muy pensativo. En un momento lo vi levantando la mano como si fuera a llamar a tu puerta con los nudillos, estaba como dudando, pero al final dio media vuelta y se marchó.
—¿Estaba…? —Cleven seguía extrañada—. ¿Dirías que estaba… como enfadado, con intención de venir a regañarme? ¿O más bien dudaba porque tenía prisa?
—Cleven… creo que él simplemente quería hablar contigo —le explicó Yenkis—. No para regañarte. Porque, desde luego, no parecía enfadado ni alterado. Más bien… parecía triste.
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romance y humor, accion con poderes, sobrenatural y crimenes
Editado: 04.03.2026