Cleventine 1: Realidad y Ficción [parte 1: La Huida]

1x17. Planes de rescate

1º LIBRO – Realidad y Ficción

_PARTE 1: La huida_

17.

Planes de rescate

Yako, Nakuru, Drasik y Sam esperaron a que Raijin se pusiera cómodo, porque el rubio parecía realmente agotado, lo cual se notó mucho cuando se sentó en la silla, resopló como si llevara días sin sentarse y se frotó los ojos un momento, y comenzó a hablar.

—Iré al grano. Se trata de Kyo.

—¡Lo sabía! —saltó Drasik, y le dirigió una mirada de reproche a Nakuru—. Un resfriado, ¿eh?

—Vale, ¿yo qué sabía? —masculló ella, molesta.

—Ssh —les mandó silencio Yako.

—Esta es la situación —continuó Raijin—. La MRS anda tras él, más bien, tras nuestro pergamino. Como ya sabéis, Sam se lo entregó a Kyo el jueves pasado en el instituto, y, de algún modo, la MRS ha descubierto eso, que Kyo pasó a ser el nuevo protector del pergamino. Comenzaron a perseguirlo cuando estaba de camino a casa, cumpliendo con la norma de no crear altercados de este tipo en lugares llenos de humanos como el instituto, ni en el hogar de un iris que convive con humanos. Por eso, interceptarlo después de salir del instituto y antes de llegar a su casa era el único momento que tenían permitido.

»Kyo no puede arriesgarse a hacer otro intento de regresar a su casa porque los de la MRS no le dejarán. Le bloquean el regreso, por su superioridad numérica. Lo obligan a un enfrentamiento si quiere pasar a través de ellos. Por tanto, ahora lo importante es eso: quitarle la MRS de encima a Kyo, para que tenga vía libre y pueda llegar hasta su casa con el pergamino y guardarlo allí, siendo ya imposible que la MRS se haga con él, ya que está prohibido atacar el hogar de otro iris, especialmente si vive con humanos.

—Si no sabemos aún nada de Kyo, es que sigue a salvo, es decir, no lo han alcanzado aún —dijo Nakuru.

—No por mucho tiempo —dijo Raijin—. Kyo no puede comunicarse con nosotros mediante tecnología, ni siquiera con Hoti, ya que el iris Hosha de la MRS puede interceptar las ondas de radio y localizar así su ubicación o descifrar lo que nos comunica. Y las señales energéticas sensoriales que podemos enviar con nuestros tatuajes no nos sirven para localizarlo ni enviar mensajes complejos.

—¿Crees que Kyo irá a poner a salvo el pergamino en algún otro lugar? —preguntó Yako.

—Podría —afirmó Raijin—. Está prohibido que lo guarde en la casa de un humano, pero Kyo podría, por ejemplo, ir a la casa de su abuelo y dejar el pergamino allí. Pero no lo hará.

—¿Por qué no? —preguntó Nakuru.

—Porque entonces habrá fallado esta tarea de responsabilidad —respondió el propio Drasik—. Su primera tarea. Puede que acabe de convertirse en iris, pero Kyo es un Lao, y los Lao no van a lo fácil, no toleran el fracaso propio. Kyo se siente como un reemplazo de Yousuke.

—¿Qué? —se sorprendió Yako, igual que Sam y Nakuru—. No debería sentirse así…

—Él ya lo sabe, yo se lo dije miles de veces estos días desde que regresó a Tokio —les explicó Drasik—. Pero no puede evitarlo. Yousuke era su gemelo, y había sido nuestro compañero iris durante 9 años. Kyo no quiere rellenar su hueco, sino honrarlo, estar a la altura. No es sólo demostrarnos que va a ser un compañero eficaz con el que podemos contar sin dudar. Sabe que no nos vamos a enfadar con él ni nos vamos a sentir defraudados con él si no logra proteger el pergamino y lo perdemos, pero no se trata de lo que nosotros sintamos hacia él, sino de lo que siente él, de no defraudarse a sí mismo.

Los demás guardaron un silencio algo triste por el recuerdo de Yousuke. Luego volvieron a mirar a Raijin, que parecía saber lo mismo que Drasik había contado desde hace tiempo.

—Y por eso, Kyo se ceñirá a un único objetivo —continuó explicándoles Raijin—, que es llevar el pergamino hasta su casa. Y para eso, la única táctica es un plan de distracción.

—¿Qué distracción lo suficientemente creíble podría hacer él por sí mismo? —preguntó Sam.

—Me he pasado el día pensando —dijo Raijin, ignorando la mirada de incredulidad que le lanzó Drasik, recordando que lo había visto comiendo con esa chica de su clase llamada Cleven—. Kyo no sabe si nosotros estamos al tanto de su situación, de si vamos a ayudarlo, de cómo vamos a ayudarlo… Lo primero es lograr una comunicación con él. Porque necesitamos que él nos diga primero si tiene algún plan o no, y si lo está llevando ya a cabo o no. Dependiendo de lo que él planee hacer, nosotros estudiaremos cómo ayudarlo.

—¿Y cómo nos comunicaremos con él? —preguntó Drasik.

—No nos queda otra que recurrir al método más antiguo de mensajería a distancia —contestó el rubio, mirando expresamente a Sam, y este le asintió, comprendiendo—. Ten en cuenta que el iris de la MRS de tu mismo elemento puede haber pensado lo mismo.

—Me apaño —dijo Sam.

—Debemos evitar a toda costa que la MRS alcance a Kyo allá donde esté. Si están todos los miembros de la MRS, serían nueve contra uno. La cosa es retenerlos mientras Kyo escape con el pergamino.

—Entonces, si vamos nosotros, seremos cinco contra nueve —intervino Drasik—. Estamos en desventaja. ¿Qué hay del viejo Lao? ¿Y nuestro Líder?




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