1º LIBRO – Realidad y Ficción
_PARTE 1: La huida_
22.
Tecnología y alma
En la casa de Xaviero, Kyo salió del cuarto de baño acompañado por una espesa nube de vapor tras haberse dado una ducha de agua muy caliente. Subió arriba, a la habitación de invitados que había estado ocupando para vestirse. Mientras lo hacía, no paraba de mirar por la ventana discretamente, escudriñando el exterior, la calle, lo poco que podía ver de ella tras el muro de la parcela.
Fue entonces cuando vio que una furgoneta azul oscuro se paraba en la estrecha calle, frente a la verja de la casa de Xaviero, pudiendo verla parcialmente a través de los barrotes de esta. Esto le extrañó. Durante el fin de semana, no había visto ni un solo movimiento en ese barrio, o lo que le alcanzaba la vista desde las ventanas, ya que, por seguridad, Xaviero le había pedido no salir al exterior.
De la furgoneta se bajó una mujer. Iba con uniforme, del mismo color que la furgoneta. Pero, además, iba a abrigada con una braga de nieve y una gorra con visera, por lo que no podía verle bien la cara. Arrastraba una carretilla que transportaba una caja bastante grande, de madera, y se acercó hasta la puerta de la verja negra.
Algo no le olió bien a Kyo. No había ningún logotipo ni en la furgoneta ni en el uniforme. No era una empresa de reparto. Como iris, siempre tenía que creer en las posibilidades de que cualquier cosa fuera un engaño. Por eso, fue hasta la silla donde reposaba su mochila, y de ella, sacó un pequeño estuche negro. Le abrió la tapa. Dentro, había una única pieza, solamente la culata de una pistola, de color plateado, y que, en lugar de un gatillo típico, tenía un botón, como una tecla alargada; y en la parte de atrás, al alcance del pulgar, tenía otro botón, más pequeño, el cual pulsó nada más agarrar la culata.
Al hacerlo, se produjo un fenómeno inexplicable. En la parte alta de la culata se formó una fina corriente eléctrica azul, que se fue desplazando y, conforme lo hacía, se fue materializando la pieza faltante, el cañón, que era grande y rectangular. Se formó como si estuviera regenerándose.
Kyo volvió a la ventana y se asomó con cautela, con el arma completa preparada, por si acaso. La mujer seguía esperando en la puerta con la caja. Podía ser un miembro de la MRS, usando esa artimaña para que Xaviero le abriera la puerta y la dejara entrar. Los iris tenían terminantemente prohibido allanar la casa de un humano si no era por una urgencia de salvar una vida o cazar a un humano criminal. Si esa mujer era un miembro de la MRS, no podía colarse en la casa de Xaviero sin permiso, sobre todo si se trababa de una rencilla entre iris en la que no debían meter a un humano para perjudicarlo.
Kyo pensaba que era posible para la MRS hacer esa estratagema, hacer que uno de ellos engañara a Xaviero para poder entrar, teniendo que llevar la pesada caja en la carretilla hasta el interior de la casa. Una vez dentro, podía buscar corriendo a Kyo, encontrarlo ahí y acorralarlo. Ninguno podría iniciar un ataque, porque seguía siendo la casa de un humano, con este presente. Pero ella quizá venía con algún plan de negociación. Desde luego, Kyo no estaba dispuesto a negociar. No estaba dispuesto a perder el pergamino de su RS.
De pronto vio que la verja negra se abría automáticamente. Xaviero la había abierto, y la mujer pasó adentro. «Mierda… ¡No!» pensó Kyo, y salió corriendo de la habitación y bajó las escaleras a toda prisa.
—¡Señor Massimiliano, no abra! ¡Podría ser…!
Al llegar abajo, vio a Xaviero recibiendo a la mujer en la entrada. Esta depositó la caja ahí en el umbral interior. Lo que bajó la alerta de Kyo fue ver que ambos se saludaban con un beso en la mejilla e intercambiaban unas palabras en otro idioma y reían. Kyo se puso detrás de Xaviero, un poco confuso, escondiendo el arma tras su espalda.
Cuando se despidieron y la mujer se marchó, Xaviero cerró la puerta y se giró hacia Kyo.
—¿Qué te creías, que iba a dejar entrar a uno de tus perseguidores? —se rio—. A ver… Yo tengo el deber y el placer de prestar mi ayuda a todos los iris. Pero no para facilitarles esa fea manía competitiva que tienen algunos de robar cosas a otros para aumentar su prestigio y poder en la Asociación. En este miniconflicto actual entre la KRS y la MRS, toda mi ayuda es para la KRS.
—Oh… Lo siento —se avergonzó un poco—. No pensaba que usted fuera a dejar entrar a mis perseguidores. Temía que lo engañasen, haciéndose pasar por repartidores o algo…
—Me conozco las caras de todos los iris de este país y de otros, muchacho. Incluso de los más nuevos, como tú. Tengo todo este barrio cubierto de cámaras, con el programa de reconocimiento facial de Hoti. Si alguno de la MRS se acercara a esta casa a un radio de 300 metros, lo sabría en el momento.
—Comprendo. Me he sobresaltado un poco. Esa repartidora tenía una complexión muy parecida a la de la mujer de la MRS.
—¿Cuál de las dos? —preguntó mientras daba unas vueltas alrededor de la caja, viendo que estaba bien embalada.
—¿Eh? —le chocó a Kyo la pregunta—. De… la única mujer que tiene la MRS. En la MRS siempre han sido todo hombres, más una mujer.
Xaviero dejó de mirar la caja para mirar a Kyo con cierta sorpresa.
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Editado: 04.03.2026