Cleventine 1: Realidad y Ficción [parte 1: La Huida]

1x27. Dos contra dos

1º LIBRO – Realidad y Ficción

_PARTE 1: La huida_

27.

Dos contra dos

Drasik y Nakuru estaban caminando por las calles de la ciudad en busca de algún miembro de la MRS. Eran aproximadamente las once de la noche, y como eran días festivos, había bastante gente por las calles yendo a lugares de ocio después de un duro lunes.

Siguiendo las sospechas de Raijin, habían revisado los puentes de los dos ríos casi paralelos que separaban Chiba de Tokio, pero no habían divisado a ningún miembro de la MRS rodando por ahí. Era algo de esperar. No tenían por qué estar ahí todo el tiempo, mientras sus otros compañeros no los avisasen de que su presa, Kyo, ya estaba cerca de pasar por ahí; a Kyo aún le quedaban algunas horas de camino. Pero sí que debían de andar cerca de la zona, para estar listos para cubrir los puentes si recibían de repente el aviso.

A Nakuru y a Drasik se les acababa el tiempo. Necesitaban confirmar sus posiciones y elementos. No sabían si custodiaban un río o el otro, así que decidieron quedarse por el distrito de Edogawa, el que estaba entre ambos ríos.

—Vale, fijo que deben de estar por este distrito —dijo Drasik, deteniéndose en medio de una acera—, pero ¿cómo vamos a averiguarlo? Hoy tenemos que dar con alguno definitivamente. Kyo estará a punto de llegar a Funabashi si no lo ha hecho ya, y el plasta de Raijin necesita la información de los elementos entre hoy y mañana. Y ya estamos a contrarreloj.

—Tenemos que hacer esto con prudencia, Dras —respondió Nakuru—. Recorremos las calles siguiendo una ruta ordenada hasta que veamos a algún miembro de la MRS. Por supuesto, tenemos que sospechar de cualquier persona que vaya encapuchada o con la cara tapada con cualquier prenda…

—Aaaagh… —Drasik soltó una especie de quejido, mirando hacia el cielo—. Típica actitud de “soldado ejemplar”, que encima es peor en los Suna.

—¡Oye! —protestó Nakuru.

—Te quiero, “hermana”, pero a veces tu forma de pensar de Suna es como la de un enorme pedrusco cuadrado.

—¿Te refieres a que tengo una forma de pensar fuerte y estable? —sonrió con sorna, cruzándose de brazos.

—Más bien aburrida e invariable. ¿Sabes qué le pasa al agua cuando se estanca?

—¿Que se está quieta y deja de molestar?

—No. Peor. Que se vuelve sucia y maloliente.

—¿Te vas a volver sucio y maloliente ahora?

—Acabaré así si seguimos llevando esto a tu manera. Y si algo has podido aprender de los Sui de tantos años que has vivido conmigo, ya debes de saber lo mucho que aborrecemos la suciedad. No vas a encontrar un cuerpo más limpio que el de un Sui —se señaló a sí mismo de arriba abajo varias veces—. Lo mismo pasa con nuestra mente, necesitamos fluir, avanzar…

—Creo que también tiene mucho que ver con tu condición sensible.

—Eh, sin faltar —refunfuñó el chico, levantando un dedo—. Los iris ejemplares como tú podríais aprender muchas cosas de los iris sensibles como yo.

—¿En qué te basas?

—En que nuestro propio Líder es uno de los iris más sensibles del mundo y aun así es el más poderoso de la Asociación.

—Ya, Drasik, pero recuerda que Neuval ha acabado sufriendo muchos problemas a lo largo de toda su vida debido a su condición sensible.

—Pero al menos terminaba el trabajo y cumplía las misiones con éxito. Sé que esto no entra dentro de la gran racionalidad de los iris ejemplares como tú, Lao, Sam o Kyo, y mucho menos dentro de la hipermegarracionalidad de Raijin, pero a veces hay que cagarla deliberadamente en algo para lograr el objetivo principal en el menor tiempo posible.

Nakuru respiró hondo y dejó salir un largo suspiro por la nariz. Drasik podía ser a veces un payaso escandaloso e infantil, pero también podía llegar a ser muy persuasivo.

—¿Qué propones?

—Que vengan ellos mismos a nosotros —sonrió Drasik.

—¿Cómo?

—Los de la MRS pueden ser unos grandes capullos —dijo mientras echaba a caminar calle abajo—. Pero siguen siendo iris.

Nakuru frunció el ceño y lo siguió por detrás. Mientras se metían por un callejón estrecho, Drasik se fue cubriendo la cabeza con la capucha, tapándose media cara hasta la nariz con una braga de nieve y sacando una pistola de debajo de su sudadera. Para cuando Nakuru quiso darse cuenta, nada más salir del callejón a una calle de comercio más transitada, empezó a disparar al aire.

—¡Arriba las manos, esto es un atraco!

—¡¡Sui-chaaan!! —le gritó Nakuru con los pelos de punta, alarmada, y se apresuró a ponerse la capucha también para ocultarse.

La gente de la calle empezó a gritar y a correr por todos lados.

—¡Eso es! ¡Os voy a robar a todos! —seguía el chico caminando entre ellos, y disparó de nuevo al aire—. ¡Soy un sucio criminal! ¡Mis padres no me daban suficientes abrazos!

—¡Te has vuelto loco! —Nakuru iba detrás de él, apurada.

—Tranqui, son balas de fogueo —le susurró Drasik, y se asomó al interior de una pequeña tienda de ropa—. ¡Atención, soy malvado y vengo a robaros! ¡Dadme todo vuestro dinero! ¡Que estoy muy loco!




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