1º LIBRO – Realidad y Ficción
_PARTE 1: La huida_
30.
Cobarde
Cleven se acabó la copa y fue a dejarla en la barra. Pero nada más levantarse, se dio de bruces con alguien que justo pasaba delante de ella, y perdió el equilibrio, y se habría zambullido derecha a la fuente de no ser porque ese alguien la agarró del brazo instintivamente a tiempo. El vaso se le había resbalado de las manos y fue a estrellarse al suelo, pero Cleven estaba con los cinco sentidos clavados en Raijin, pasmada.
—La vache... —murmuró en francés.
Raijin, que seguía sujetándola del brazo, la miraba más pasmado que ella.
—¿¡Q… qué demonios haces tú aquí!? —exclamó, soltándola.
—Te he seguido —contestó ella, mostrándole su más encantadora sonrisa.
«¿“Te he seguido”?» se repitió a sí misma, «Pero ¿¡qué estás diciendo, so tonta!? ¿¡No podrías haberle dicho otra cosa como “pasaba por aquí” o “nada, disfrutando una noche de ocio”!? ¡Seré idiota!».
Raijin permaneció con una ceja arqueada, analizando aquella respuesta, tras lo cual puso una cara de enorme recelo.
—¿Cómo has entrado, pipiola? —le preguntó, realmente mosqueado—. ¡Si eres una cría!
—¡Eh! —saltó Cleven, apuntándole con el dedo—. ¡Mira quién fue a hablar, señor “soborno”!
—¡Baja la voz! —se sobresaltó, mirando a su alrededor.
Cleven se extrañó al verlo nervioso por primera vez desde que lo conoció, observando rápidamente cada rincón del lugar.
—¿Qué pasa? —preguntó ella, pensando que había algún asesino persiguiéndolo.
Raijin no respondió, pero de pronto pegó un brinco, se puso en tensión y se fue pitando de allí, dejándola ahí sola. Cleven, sin comprender, dirigió la mirada hacia el mismo lugar donde Raijin la tenía hace unos segundos.
—¡Le…! ¡Ahhh! —dio el mayor respingo de su vida al ver allí a alguien muy, muy familiar y, con los pelos de punta, dio un paso adelante, luego hacia atrás y luego hacia los lados. No tenía ni idea de por dónde huir, sólo era cuestión de segundos que el joven que había allí en la barra con su novia la viese.
Y ya está. Cuando aquel joven dirigió su mirada hacia donde estaba ella, Cleven se tiró a la fuente sin pensarlo dos veces. El hombre que estaba en la barra poco le faltó para verla. Sólo se quedó un poco chocado, pues le había parecido ver a alguien junto a la fuente y ahora no estaba. La chica que reposaba entre sus brazos observó a su novio con extrañeza.
—¿Lex? ¿Te pasa algo? —le preguntó.
—Mmno... —respondió lentamente, reflexivo, y miró a la mujer con el ceño fruncido—. Me había parecido ver a mi hermana.
«¡Lex y Riku!» pensó Cleven, «¡Mierda, Lex está aquí! Si me ve aquí, me mata».
—¡Jaja! —rio la mujer con ganas—. ¡Sí, claro! ¿Cleventine aquí? Ay… —suspiró mientras le quitaba las gafas a Lex—. Deberías trabajar menos, cariño, te estás volviendo paranoico. No irás a trabajar estos días festivos, ¿verdad?
—¿Bromeas? —sonrió mientras la besaba en el cuello—. Tengo un montón de consultas que atender esta semana… y diagnósticos que hacer a un montón de pacientes…
—Vamos, relájate —le susurró sensualmente, serpenteando hacia su cara, y los dos empezaron a besarse—. Examíname a mí.
«Ay, Dios, qué vergüenza…» pensó Cleven, procurando mirar a otra parte. «Mi hermano haciéndose mimitos con Riku es lo último que quiero estar viendo». Se dirigió al otro lado de la fuente con discreción y salió de ella a gatas, chorreando agua por todas partes y poniendo el suelo perdido. Y, gateando, se fue directa a las mesas de más allá donde se había camuflado Raijin, unas mesas acopladas a la pared con dos sillones a cada lado cada una. Fue observada con gran sorpresa por la gente, aunque a ella le daba igual. Más importante era que su hermano mayor no la viese allí, pues se metería en un buen lío.
Trepó hasta el asiento, sentándose enfrente de Raijin, el cual se la quedó mirando perplejamente.
—¿Qué haces? —preguntó fríamente.
—Es que no quiero que me vea ese hombre de allí —le explicó, señalándole a Lex.
—¿De qué lo conoces? —se extrañó Raijin.
—Ah, no importa. ¿Y tú? ¿De quién huías?
Raijin permaneció en un frío silencio unos momentos, hasta que desvió la mirada y se arrimó más a la pared para camuflarse más.
—De la mujer que está con él.
—¿Por qué? ¿La conoces? —se sorprendió ella esta vez.
—Es que trabaja en… —dijo, pero se calló y miró a Cleven con fiereza—. ¿Y a ti qué coño te importa? ¿Por qué no te largas, pelmaza?
—Oblígame —le sonrió, apoyando la cabeza en una mano—. Raijin.
—Que no me llames así —gruñó.
—Pues dime tu verdadero nombre. Y yo te diré el mío.
—Que te pires.
—¿Dónde está Yako? —preguntó ella tranquilamente—. ¿No estaba contigo?
#1260 en Fantasía
#694 en Personajes sobrenaturales
#615 en Thriller
#271 en Misterio
romance y humor, accion con poderes, sobrenatural y crimenes
Editado: 04.03.2026