1º LIBRO – Realidad y Ficción
_PARTE 1: La huida_
33.
Comida turca
Un poco antes del mediodía, en la habitación de un hotel de Tokio, se oían continuos golpecitos en la puerta que la fueron despertando poco a poco, hasta por completo. Cleven se desperezó entre el edredón, frunciendo el ceño con extrañeza. Pensó que tal vez sería un botones o el servicio de limpieza, así que, medio dormida, fue a abrir la puerta de la habitación.
Se encontró con un chico joven que a primera vista lo identificó con el idiota de su clase, Drasik, pero, incrédula, se frotó los ojos y después los abrió bien. No, no era él, menos mal, se dijo. Era un chico normal, abrigado con gorro de lana y una ancha chaqueta vaquera. Sujetaba en una mano una bolsa de plástico que tenía varios bultos en su interior, y estaba mascando un regaliz rojo, colgando de su boca. Con la forma de mirar fijamente a Cleven, ahí quieto y con el regaliz en la boca, recordaba a un hámster realmente gracioso.
—¿Eh? —consiguió pronunciar Cleven, entornando los ojos con confusión.
El chico se quitó el regaliz de la boca.
—¿Comida turca? —preguntó.
—No, qué va... —contestó—. No la he pedido.
El chico frunció los labios con sorpresa, y sacó un papelito del bolsillo de su pantalón.
—¡Ay, mierda! —exclamó de tal manera que Cleven pegó un brinco del susto—. ¡Sabía que lo escribió al revés! Le tengo dicho al compa que marque una base bajo el número…
Cleven se quedó en el sitio, no entendía el idioma en el que se puso a hablar de repente.
—Eh… ¿Estás bien? —le preguntó.
—Aha… —sonrió de pronto—. Disculpá las molestias. ¿Vos… podés decirme por qué lado queda la habitación 89? Es que lo leí al revés por error en el papel, y pensé que debía ir a esta habitación, la 68.
—Es por esa dirección —contestó Cleven, señalándole a la izquierda—. Y no te preocupes, no ha sido molestia, de hecho, me has hecho un favor despertándome ahora.
—Uf… Me alegra oírlo. Muy amable, muchas gracias —se inclinó educadamente, y se marchó para allá.
La joven permaneció unos segundos en la puerta, recapacitando. Qué chico más simpático y educado, pensó, pero ¿por qué le sonaba tanto? Tenía un parecido facial demasiado notable con Drasik.
Volvió a meterse en la habitación para vestirse y salir a comer fuera. A pesar de haber dormido bastantes horas, se encontraba cansada y con dolor de cabeza. Eso le pasaba por beber. Aunque hubieran sido dos copas. Tenía planeado ir después de comer a la dirección que consiguió en el instituto y comprobar si su tío aún vivía ahí.
Mientras se aseaba en el baño, fue recordando lo que vivió la noche anterior. Lo primero, la parte de Raijin. Seguía sintiéndose incómoda con lo que le dijo, así que decidió no darle más vueltas. Lo segundo, cuando vio a Lex y a Riku. No se lo esperó, desde luego.
La última vez que vio a Lex fue en la fiesta de Hatsumode, después de Fin de Año, hace un par de semanas. Por mucho que su padre y su hermano mayor no se hablaran, Lex al menos venía a ver a sus hermanos en Fin de Año y en otras festividades que solían ser familiares.
En el pasado Hatsumode, como muchas otras familias que seguían la tradición, fueron todos a hacer la primera visita del año al templo y pedir deseos, suerte y prosperidad para el nuevo año. Todos vistieron con kimonos, y Cleven llevaba el de su madre. Estuvieron el día de paseo por los recintos del templo, ella, su padre, Hana, Yenkis y Lex, que también había traído consigo a su novia Riku y a los padres de esta.
Cleven y su hermano pequeño estuvieron todo el tiempo armando alboroto con Lex, dándole la lata, pidiéndole que los invitase a un refresco, que los llevase a las atracciones del festival, etcétera, mientras Riku se quedaba con sus padres y con Hana y Neuval, hablando tranquilamente, visitando las exposiciones. Lex y su padre se ignoraban completamente, y aunque esto debería ser un poco incómodo para el resto, el hecho de haber sido así durante tanto tiempo ya los había acostumbrado.
Después, el último día, iban a la cena de la empresa de Neuval, donde iban todos los gerentes de la multinacional con sus familias. Todos procedían de varios países, en los que Neuval tenía distribuidas sus empresas. Ahí Cleven se dedicaba a jugar con Yenkis y los demás niños que había, para evitar el aburrimiento más que nada, e incluso el mismísimo viejo Lao se les unía y se ponía a jugar con ellos al pilla-pilla, dando el espectáculo y avergonzando a Neuval, como siempre.
Cleven se acordaba de ese viejo que siempre iba con su padre, se partía de risa con él y al mismo tiempo se preguntaba qué hacía un hombre así de simpático con su padre, que no pegaban ni con cola. Mientras tanto, Neuval y Hana entablaban conversaciones amistosas con los demás miembros de la empresa, y Lex se quedaba a solas con Riku, pasando el tiempo.
Y, como todos los años, no había ni un solo gerente que no se acercase a Neuval para decirle lo asombroso que era su hijo mayor, diciéndole cosas como: “Llegará muy lejos, este Lex, ¡y su chica es muy bella!”, o “Qué pena que no siguiera tus pasos, pero es un joven muy prometedor en su trabajo”, o “Debes de estar orgullosísimo, Lex es un médico excepcional”.
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Editado: 04.03.2026