Cleventine 1: Realidad y Ficción [parte 1: La Huida]

1x36. Todo el mundo esconde algo (1/2)

1º LIBRO – Realidad y Ficción

_PARTE 1: La huida_

36.

Todo el mundo esconde algo (1/2)

La ciudad estaba padeciendo una gran nevada poco después del mediodía. Por eso, Cleven cerró los ojos con alivio cuando entró en la cálida cafetería de Yako, parándose al lado de la puerta para quitarse el gorro y los guantes, mientras Raijin y Sam pasaban al interior directamente. La joven observó cómo ambos buscaban rápidamente a Yako por el lugar, y se preguntó qué pasaba. No sabía qué estarían tramando ahora Raijin y sus amigos.

Cuando Sam apareció en el cementerio antes, los tres se fueron enseguida del lugar, y los dos chicos no habían dicho palabra alguna de lo que ocurría en todo el camino, así que Cleven no entendía nada. De todas maneras, sólo quería descansar un poco y tomar algo caliente antes que nada, por lo que se fue a sentar a la barra, donde estaba MJ sirviendo a los clientes y Kain al lado arreglando la cafetera con malos humos.

—Si no se te hubiese caído el pendiente en el moledor... —se quejaba Kain.

—Calla, fuiste tú quien le dio al botón cuando te dije que se me había caído una cosa dentro —replicó MJ.

—Me da igual, tendrías que hacer esto tú y no yo —gruñó—. Yo debería estar ahora haciendo los preparativos de mi boda.

—¡Hey! ¿Te casas? —preguntó Cleven cuando se sentó en el taburete, dejando el gorro y los guantes sobre la barra.

MJ y Kain alzaron la vista para mirarla con sorpresa.

—Anda, la chica de Raijin —sonrió MJ—. ¿Qué tal te va con él?

—¿Eh? No... —se apuró—. Si él y yo no tenemos nada... —miró un momento a otra parte, nerviosa, y decidió cambiar al tema de antes—. Enhorabuena, Kain.

—Gracias, guapa —sonrió él, dejando su nefasto arreglo de la cafetera para otro momento—. Por fin alguien amable —añadió, clavándole la mirada a la chica que tenía al lado, la cual le respondió con un bufido.

—¿Cuándo te casas? —preguntó Cleven.

—Dentro de dos meses —contestó con tono orgulloso, poniendo los brazos en jarra e hinchando el pecho, pareciendo aún más robusto de lo que era—. Heh, va a ser un gran año. Termino la carrea, me caso con la mujer de mis sueños, consigo el trabajo de mis sueños y vendré aquí con mi futura mujer como cliente y no como sirviente, para hacer trabajar a MJ el doble pidiendo comida sin parar, jojojo…

—Kain, eras alérgico a la pimienta, ¿no? —le preguntó MJ con tono causal, y el otro tardó en pillar el mensaje, y dio un respingo indignado y dolido. MJ se acercó a Cleven al otro lado de la barra—. Bueno, ¿qué te pongo?

—Un café, porfi —contestó, frotándose las manos para calentarlas rápidamente.

—Pues tendrá que ser instantáneo, sin la cafetera.

—No importa.

—En fin —suspiró MJ mientras cogía una taza y el bote de café—. Raijin y Sam han entrado contigo, ¿no? ¿Qué se proponen? Se han esfumado.

—Creo que han ido a buscar a Yako.

—Hm... —murmuró Kain, pensativo, al mismo tiempo que le servía un refresco a una mujer que se sentaba al lado de Cleven—. Ya habrán vuelto a las andadas.

—¿Qué quieres decir? —se extrañó Cleven, cogiendo su taza de café ya preparado.

—Sam, Raijin y Yako, esos tres chavales andan de vez en cuando con asuntos de lo más misteriosos —le explicó—. ¿No lo sabes? Ellos no son gente corriente.

—¿Cómo?

De repente MJ le dio un pisotón al hombre para que cerrase la boca, simulando que iba hacia la cocina, y Kain reprimió un grito de dolor y permaneció con los labios sellados, sin decir nada más. Sin embargo, Cleven, aunque no le dio más vueltas, se quedó con la intriga de lo que acababa de escuchar, y giró la cabeza para ver cómo Raijin y Sam se reunían con Yako en una mesa en un rincón del fondo.

«¿Pero qué demonios traman?» se preguntó, entornando los ojos con recelo. No obstante, sus pensamientos se esfumaron cuando vio a los mellizos sentados en los taburetes de la sección de pastelería, comiendo un dulce tras otro.

Clover y Daisuke, cuando vieron a Yako, Sam y Raijin sentarse en una mesa cerca de ellos, no tardaron en bajarse de los taburetes y correr hacia donde estaban, pegando saltos y exclamaciones.

—¡Mañana queremos ir al zoo, mañana queremos ir al zoo! —gritaban, corriendo alrededor de la mesa—. ¡Mariko nos ha dicho que ella va a ir con sus abuelos! ¡Nosotros también queremos ir al zoo!

—Hey, calma, calma —los detuvo Yako, risueño, sentando a Clover sobre su regazo—. Dai, Clover, ahora no podemos estar con vosotros, tenemos que hablar de algo importante.

—¡Jo, nunca podemos estar con vosotros! —protestó el niño con malas pulgas, subiéndose al sofá donde estaba Raijin y apoyando bruscamente las manos sobre la mesa.

—Baja de ahí, mocoso —le ordenó Raijin cansinamente, pero cuando fue a cogerlo, Daisuke le intentó dar un mordisco en la mano—. ¡Ah! —saltó.

—No quiero —replicó el niño, sacándole la lengua con burla y se puso de pie encima de la mesa—. ¡Quiero ir al zoo!




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