Cleventine 1: Realidad y Ficción [parte 1: La Huida]

1x39. Encuentro en la Torre Genki

1º LIBRO – Realidad y Ficción

_PARTE 1: La huida_

39.

Encuentro en la Torre Genki

Laaa donna e mobileee! Laaa, la, looo, lo, laaaa...!

En la azotea de la Torre Genki, desde donde podía verse casi toda la ciudad, había un hombre con la espalda apoyada contra una viga desnuda y las manos metidas en los bolsillos de su pantalón. Cantaba ópera a todo pulmón para matar el tiempo. Desde allí nadie podía oírlo.

La Torre Genki era un rascacielos icónico de la ciudad, de los más altos, que hace poco sufrió un incendio y estaba en remodelación, especialmente las últimas plantas. Y sin presencia humana hoy en la tarde por ser día festivo. Estaba ubicado precisamente en las proximidades del río Ara, y desde ahí se podían ver sus puentes más cercanos a la bahía.

En la azotea, había una zona del suelo derrumbada, y algunas vigas descubiertas de la estructura interna, ademá de una grúa pequeña.

La nevada había cesado hace rato, pero el cielo estaba tan nublado y cerca de la puesta de sol que la ciudad ya empezaba a oscurecerse.

¡Looo, la, looo, la Virgen qué frío haceeee, laaa, la, looo, me estoy congelando las joyas realeees...! —canturreaba en español con su potente voz, sintiendo cómo su nariz se helaba por momentos.

Era un hombre robusto, más o menos alto. Su piel era clara y tenía el pelo castaño, medio largo y ondulado, con unas gafas de sol puestas ahora de diadema. Tenía los ojos avellana y una barba corta, además de una vieja y fina cicatriz dividiendo una de sus cejas hasta la esquina de la frente. Iba vestido con un simple jersey negro y unos vaqueros, y por encima un abrigo grueso de capucha peluda, y abrigado con guantes y bufanda.

Un minuto después, a unos trescientos metros bajo sus pies, Nakuru aterrizó desde otra parte en la solitaria calle que rodeaba el edificio en remodelación. Se coló en un recinto vallado que habían predispuesto los obreros para almacenar materiales, vigas y maquinaria. Dudó de dónde podría encontrarse Pipi, si por ahí abajo o en las alturas, hasta que oyó una voz muy lejana cantando ópera, o algo parecido, que venía de las alturas. Entonces, Nakuru subió hasta allá con su agilidad iris, saltando de cornisa a cornisa y de viga a viga.

—Pipi —lo llamó tras posarse en la cima.

El hombre se calló de inmediato y volvió la cabeza hacia la chica.

—¡Wuuhu, Suna-chan! —exclamó feliz, estrujándola entre sus brazos.

—Erk… egh… me ahogas…

—¡Cuánto tiempo sin verte, jovencita! —sonrió el hombre, apartándola un poco para verla bien—. Me dijeron que Sui-chan también vendría, ¿dónde anda?

—Eh... Bueno, Drasik no ha podido venir —contestó, recordando cómo Drasik se había ido a saber dónde todo cabreado—. En fin, la cosa está a punto de caldearse.

—Cuéntame.

—Hace rato que Kiyomaro dio el falso chivatazo a la policía, como ya te habrá explicado Raijin. Hemos confirmado que los elementos de los que tenéis que encargaros son la Radiación, Electricidad, Oscuridad, Viento y Arena. Y que están custodiando el río Ara —señaló hacia la dirección donde podían llegar a ver dicho río, no muy lejos de ahí.

—Hm… —caviló Pipi unos segundos—. Bien, ya sé a cuáles de mis chicos encargarles cada uno.

Una vez que Nakuru terminó de explicarle el plan completo, Pipi se subió al pretil de la azotea, ante pleno precipicio, y miró al horizonte. Su ojo izquierdo brilló un poco, de una luz color verde oscuro, propio de su elemento. De forma mental, concentró su energía iris en el tatuaje especial que, en su caso, tenía implantado en su muslo derecho. A través de este tatuaje, emitió señales sensoriales a sus subordinados, que tenían el mismo tipo de tatuaje, conectados entre ellos, entre los miembros de la misma RS. Los llamó a su ubicación.

—Mis chicos están de camino aquí —le dijo Pipi a Nakuru, volviendo con ella.

—¿Participáis todos?

—No, tres de ellos están indisponibles, así que somos cuatro. Conmigo, cinco.

—Los de la MRS que están aquí también son cinco, ¿podréis con ellos estando igualados?

—¿Igualados? ¡Ajajaj…! —se echó a reír con ganas—. Nak, podría encargarme de ellos yo solo. Pero aquí necesitamos tener cuidado con la discreción, con la policía vigilando toda la ciudad más de lo normal. Tranquila, con cinco somos suficientes para retener a esos cazurros de la MRS sin llamar demasiado la atención de la poli.

—¿Más de lo normal? ¿Por qué?

—No lo sé. Algo ha debido de suceder hace poco. Si Hatori Nonomiya ya era un neurótico de la seguridad, desde ayer ha aumentado la presencia policial y varias zonas.

—Ese tipo nunca descansa… —suspiró la joven—. Te apuesto lo que quieras a que es de esos que duermen con los párpados abiertos.

—Oh, ¡por cierto! —saltó Pipi, sonriéndole alegremente—. Ya me he enterado, ¿sabes? Tenía que decírtelo. Estoy muy contento de que Álex y tú os hayáis hecho buenas amigas.

—¿Eh? P… ¿qué? —Nakuru sacudió la cabeza y lo miró perpleja.




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