Cleventine 1: Realidad y Ficción [parte 1: La Huida]

1x42. El intercambio del pergamino

1º LIBRO – Realidad y Ficción

_PARTE 1: La huida_

42.

El intercambio del pergamino

Rato antes de que Raijin, Yako y Sam se encontraran con Alvion, llegó el momento para Kyo en el Templo Tsukino.

El chico se asomó por quinta vez por una de las ventanas rotas, viendo llegar a esos cuatro. El templo era un edificio grande de dos plantas construido en madera oscura, pero la mitad estaba derruido y lleno de musgo, maleza y enredaderas. Llevaba muchos años abandonado a merced de la naturaleza. Estaba en medio de una zona boscosa y apartada de la urbe, aunque se oía el zumbido de algunos coches pasando por un par de autopistas lejanas que rodeaban esa zona silvestre. Por eso, aunque el lugar estaba ya oscuro, recibía una tenue luz de las farolas en la distancia.

Los cuatro iris de la MRS caminaron con pasos atentos por el gran patio frontal. Su suelo era de losas, pero casi todas estaban rotas, levantadas o inexistentes, empujadas por raíces y plantas. Las estatuas de los dos komainu seguían en pie, sin embargo, aunque estaban muy descuidadas. Por fin los veía juntos. Reconoció al que iba en cabeza, el Dobutsu, que era un tipo un poco maniático y nervioso, y bajito, el único que podía seguir el rastro de olor de Kyo.

Seguido de él, había un tipo larguirucho y feúcho, que, con la capucha sin poner, dejaba ver la luz azul claro de su ojo izquierdo. Era un Sui. Kyo lamentó esto, odiaba lidiar con iris Agua. Durante el entrenamiento, ya había tenido que aprender a luchar con elementos contrarios y otras adversidades. Sin embargo, actualmente se sentía más confiado en esto, y se dio cuenta ahora. Quizá era por el hecho de que Drasik lo había obligado a pelear con él casi a diario desde que regresó del Monte Zou. Kyo empezó a sospechar que tal vez no se había tratado de Drasik queriendo pelear por capricho, como había creído hasta ahora, sino que su amigo había querido entrenarlo intencionadamente para quitarle ese miedo al agua.

Detrás del larguirucho, había una chica. Era la única que seguía ocultándose bajo la capucha de su sudadera negra. A Kyo le chocó esto. Él había visto otras veces a la única mujer que la MRS siempre había tenido de miembro, que era una Den, y con un físico un poco más alto y mayor. Esa chica de ahí parecía muy joven y menos alta. «No puede ser, ¿esa es nueva? ¿La han integrado como nuevo miembro?» pensó extrañado. «Hace un año la MRS no tenía a esta chica nueva…».

Finalmente, detrás de todos ellos estaba el Líder, parado de brazos cruzados. Era un tipo más grandote, de cincuenta y tantos años de edad, de cabello negro rapado al uno. Tenía un rostro de facciones toscas. Su ojo izquierdo brillaba un poco de luz verde claro, era un iris Planta.

Había algo que a Kyo no le cuadraba mucho. Siendo un iris, estaba entrenado para dominar sus emociones y priorizarlas, y había tenido que mantener la cabeza fría hasta ahora. El inesperado encuentro con Izan había sido devastador para él, y algo que no comprendía, ¿por qué de repente después de tantos años desaparecido, por qué en ese lugar, en ese bar apartado? Recordó aquel objeto que había recogido, aquella simple bola de nieve decorativa.

Cuando Izan desapareció, Kyo tuvo que reponerse y volver a centrarse en su problema actual. Rodeó el bar para comprobar si el cuervo seguía posado en el tendido eléctrico junto a la carretera, y llegó a tiempo de verlo echar a volar con un graznido de alarma, indicando que había divisado en la distancia a los de la MRS acercándose.

Kyo, entonces, había echado a correr de nuevo, y no había parado hasta ahora, hasta llegar al templo, con esos pisándole los talones.

No obstante, a decir verdad, había estado las últimas horas sintiendo un malestar intermitente, no sabía si físico, o mental… Ahora mismo le sucedió por cuarta vez, tuvo un destello en su mente, mostrándole una vez las imágenes de aquella niña del bar, de Izan arrancándole la cabeza. No dejaba de repetirse que solamente fue una alucinación, que no sucedió de verdad. Pero, de nuevo, estos fogonazos en su mente lo marearon, le trajeron náuseas. No pudo evitar apoyarse con las manos en el suelo y vomitar un poco. Pensó que simplemente era fruto del agotamiento, del frío minando su iris.

—¡Te oigo, chico! —exclamó el Dobutsu, mirando en derredor, riendo.

—¿Con quién hablas? —preguntó el Sui.

—Está por aquí, se ha detenido —aseguró—. Debe de haberse cansado por fin.

Los cuatro miraron al templo al mismo tiempo, al otro lado del patio, presuponiendo que estaba ahí escondido. Kyo respiró hondo, preparándose para dar su mejor actuación. El objetivo no era luchar, sino salir de ahí con el pergamino auténtico.

Quedando toda la zona dominada por unos segundos de silencio y quietud, los de la MRS de pronto vieron a Kyo salir corriendo del templo ruinoso, en dirección a los bosques, indicando un nuevo intento de huir. Sin embargo, una raíz viviente brotó velozmente de la tierra y agarró a Kyo de una pierna, haciéndolo caer.

—¡Au! —exclamó, pero cuando vio que la raíz lo comenzó a arrastrar hacia donde estaba el Líder de la MRS, sacudió una mano y lanzó una bola de fuego contra la raíz, destrozándola, y quedando liberado.

Otra vez, intentó huir hacia el bosque, pero, esta vez, el Dobutsu se abalanzó sobre él como un puma, tirándolo al suelo, y sujetándole las muñecas. Antes de que Kyo pudiera quitárselo de encima escupiéndole una llamarada de fuego, brotaron múltiples raíces del suelo, amordazándole brazos y piernas enteros y la cintura y el cuello.




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