1º LIBRO – Realidad y Ficción
_PARTE 1: La huida_
41.
El Señor de los Iris
Pasaron unos segundos de tenso silencio, hasta que el anciano habló, con una voz prominente y autoritaria, capaz de espantar a todo bicho viviente.
—Podéis levantaros.
Yako cruzó una mirada con Raijin y con Sam, y los tres obedecieron. Volvieron a erguirse, poniéndose rectos y en silencio.
—Denjin-sama… —dijo el anciano, mirando a Raijin, llamándolo por su apodo iris oficial.
—Mi Señor —contestó él, firme y serio.
—Dobutsujin-san… —continuó, mirando a Sam.
—Mi Señor —contestó él de la misma manera.
—Y… —vaciló el anciano, entornando los ojos hacia el que quedaba—. Yako.
—Mi Señor —respondió sin levantar la vista del suelo.
—Ahem… —carraspeó Alvion, indicando que no era la contestación que quería oír de él.
Yako suspiró resignado.
—Abuelo —dijo finalmente.
—Ya decía yo que detectaba vuestros iris por aquí cerca —prosiguió Alvion—. Pero es un lugar inusual. ¿A qué se debe?
—Nos dirigimos a Funabashi para proteger el pergamino de nuestra RS de manos rivales, mi Señor —respondió Raijin, ya que era el superior de los otros dos—. Nuestro compañero Ka-chan espera nuestra ayuda.
—Oh, sí… Mis monjes ya me han contado este asunto —dijo, meciéndose la barba—. Otra vez, una RS peleándose con otra, esta vez porque una quiere quitarle su pergamino a la otra y aprender una nueva Técnica de Denzel. Hm… Como niños —negó con la cabeza, y miró a Yako—. Seguramente esto no habría pasado si el pergamino hubiese estado a tu cargo desde un principio.
—Ahm… —titubeó Yako, nervioso—. Con el debido respeto… en nuestra RS es costumbre repartir tareas de responsabilidad para reforzar nuestra confianza y habilidades de equipo, sobre todo si integramos a un nuevo miembro. A Kyosuke le ha tocado lidiar con el capricho de una RS rival. Tampoco es tan grave.
—Es una total falta respeto contra vuestra RS —interrumpió el anciano—. Antaño, nadie se habría atrevido ni a poneros una mala mueca. ¿Cómo puedes permitir eso, Yako?
—¿Yo? —lo miró a los ojos por fin, contrariado.
—Ahm… disculpad, Señor —intervino Raijin—. El culpable soy yo. Soy responsable de mi RS.
—Eres responsable de protegerla, muchacho, no de cargarla entera a tus espaldas como llevas haciendo siete años —le corrigió—. Y te está haciendo mella en la salud.
—¿Qué? No… Yo estoy bien… —dijo Raijin, extrañado de que le dijera eso.
—Me tienes preocupado desde hace tiempo, Raijin, tienes mucho cansancio encima. Sé que Kei Lian intenta llevar el peso contigo, pero él también carga con sus problemas y riesgos. La fuerza de una RS recae en que cada miembro muestre ser la mejor versión de sí mismo en el puesto que ocupa. Todos en vuestra RS cumplen con eso, incluso Drasik acaba logrando buenos resultados pese a sus pequeños y eventuales brotes de majin. Excepto tú —volvió a mirar a Yako.
Yako no pudo esconderlo. Por primera vez en mucho tiempo, su cara expresó enfado.
—Mi RS aún no tiene un sucesor de Líder porque eso es decisión del anterior, pero ya tiene un Sublíder y un Guardián elegidos. Yo ocupo un rango medio en la KRS igual al resto.
—No hablo de rangos, niño.
—La tiene tomada conmigo, admítalo.
—No seas impertinente —le advirtió Alvion, mientras Sam y Raijin miraban muy callados a uno y a otro, notando la tensión—. Elegiste este camino, ¿no? ¿Qué versión de ti mismo estás siendo en ese “rango medio” que ocupas? ¿La mejor de todas? Una RS rival decide que puede burlarse de vosotros e intentar robaros algo de vuestra propiedad, no porque Kei Lian esté en una situación complicada que lo obliga a estar más al margen, ni porque Raijin esté dando más energías de las que tiene para mantener la KRS a flote, ni porque vuestro ex-Líder esté exiliado. El simple hecho de que tú estés en esta RS, ocupando cualquiera de sus rangos sin importar cuál sea, debería ser motivo suficiente para que ninguna otra RS ose faltaros al respeto así.
—No soy diferente, soy un iris igual a los demás —replicó Yako.
—Sabes que no. Sabes perfectamente lo que eres.
—La única diferencia que hay entre usted y yo es que yo presencié con mis ojos la muerte de mi padre y por eso una parte de mí adquirió el trastorno del iris —le contestó Yako, de una forma tan directa e inesperada que Raijin y Sam se lo quedaron mirando con la boca abierta, y muy nerviosos.
Pero es que Yako llevaba casi 20 años escuchando los mismos reproches una y otra vez. Solo que esta era la primera vez que no se quedó callado. Por eso Raijin y Sam estaban incrédulos.
—Si usted también hubiese visto morir a mi padre, también se hubiese convertido en iris como yo —añadió Yako seriamente, aunque no dejó de mostrar una postura firme y respetuosa, con las manos cogidas por detrás—. Y así entendería, por una vez, cómo me siento.
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romance y humor, accion con poderes, sobrenatural y crimenes
Editado: 04.03.2026