2º LIBRO - Pasado y Presente
38.
El iris de Brey
—¡Es que no entiendo por qué siempre tienes un maldito problema conmigo! —protestaba Drasik, sentado de copiloto en el coche de Brey.
—¡No tengo un problema contigo, el problema lo tienes tú contigo! —respondió Brey, sentado al volante, conduciendo de regreso a Tokio tras haber huido con éxito de la base que acababan de desmantelar.
Llevaban ya un rato discutiendo. Drasik había acabado contagiándole el enfado y por eso Brey, aunque trataba de hablar racional y calmadamente, no podía evitar alzar la voz y estar agitado.
—La misión ha salido de perlas, hemos cumplido a la perfección —insistía Drasik—. ¿Sabes lo que cuesta hacer ese test en menos de diez minutos? ¿Te parece poco que haya tenido que improvisar un catalizador para acelerar la prueba? Ningún otro Sui hace eso. Y ahora gracias a eso hemos confirmado que son los explosivos que buscábamos y la misión puede continuar.
—Sabes que no estoy hablando de cómo has hecho las cosas. Lo que me molesta es tu actitud.
—¡A ti te molesta la actitud de todo el puto mundo, Brey!
—¡De eso nada!
—¡Quieres que todos fuesen más como tú, pero el mundo no puede ser así, nadie más que tú ha nacido así! ¡Y no es culpa del mundo, ni tuya, pero por eso no puedes andar exigiendo tanto!
—Drasik, ¡no estoy hablando de eso! ¿Desde cuándo te domina la arrogancia en medio de una operación en la que sólo debes mostrar concentración y discreción? ¿Por qué tuviste que llamar la atención de ese condenado y empezar a vacilarlo?
—¿Qué más te da? Lo tenía que matar de todos modos, ¿no? Tú has matado a tu condenado, y yo no voy diciéndote cómo hacerlo.
—¿A qué coño venía eso? Jugar con él, hacer que te siguiera, desquiciarlo. En lugar de darle una muerte directa y fría como hacemos todos, sentiste la necesidad de atormentarlo un buen rato, antes de matarlo.
—¡No me digas que te da pena que ese pobre asesino y torturador de mujeres haya sufrido un poco de tormento antes de morir!
—¡Joder, Drasik, eso me da igual! ¡No siento pena alguna por ningún tipo de criminal! ¡Lo que me preocupa eres tú! Que tengas esta actitud. Has sido cruel, no porque ese cabrón lo mereciera, sino porque te apetecía, por diversión… ¿No entiendes que eso es jodidamente preocupante?
—Será para ti —se cruzó de brazos—. He hecho mi trabajo, una vez más, de forma impecable. Al final eso es lo que importa.
—No. Eso no es lo que más importa.
Drasik no dijo nada, frunció más los labios, mirando por la ventanilla.
—Hay algo que no me estás contando —comentó Brey entonces.
El Sui dio un pequeño sobresalto. Se puso nervioso, pero siguió disimulando. Se preguntaba si Brey sospechaba algo sobre la situación de Izan.
—Sé que no tiene nada que ver con tu experimento actual, ni con los exámenes del instituto ni con esta misión. Creía que el regreso de Neuval te haría más feliz que a nadie…
—¡Me hace feliz, más que a toda la Asociación junta! —replicó Drasik, mirándolo—. No te atrevas a pensar lo contario. Llevaba siete años soñando con ello.
—¿Y qué ha pasado?
—¡Nada! ¡No ha pasado nada, joder, sigo alegrándome de estar por fin en una KRS renacida, de volver a tener a Neuval con nosotros, y de haber tenido esta misión hoy! Es que no estoy durmiendo bien últimamente, ¿vale? Sólo estoy un poco agobiado.
—Un poco agobiado estabas hace dos semanas. Ahora estás que te subes por las paredes como cuatro veces al día. Se te está yendo la cabeza, Dras. Y yo no soy como los demás. Tratándote con delicadeza y cuidado, con palabras bonitas, positivas, para no empeorar el problema. Temo al majin lo suficiente para hacer lo que sea por evitar que exista.
—Así que tú también crees que estoy enfermo.
—¿Y tú no? ¿Desde cuándo te has vuelto ciego o tonto?
—Es… un majin… de dos… putos… grados —vocalizó Drasik—. Estoy hasta los huevos de repetíroslo.
—Un majin de dos grados no te produce de repente las ganas de jugar y vacilar a un condenado antes de matarlo. Eso ya roza un majin de cuarto o quinto grado. Un iris no mata por diversión ni crueldad, no mata por sentimientos de autoplacer o egoísmo, mata por deber y lógica, por necesidad de las víctimas inocentes y no por necesidad propia…
—¡A ti lo que te da miedo es que te lo contagien! —exclamó Drasik, volviendo a explotar de rabia.
—¡Tú deberías sentir el mismo miedo a padecerlo! ¡Y no sólo no lo temes padecer, te da igual que crezca! Has visto lo que puede llegar a causar, lo has visto toda tu vida. ¿¡Qué quieres, acabar tú también despertando un día con una desgracia bajo tus pies!?
—Para el coche —se hartó Drasik, quitándose el cinturón.
—No seas idiota…
—¡Que pares el coche o te congelo el motor! Me vuelvo solo a casa.
Viendo que tenía firmes intenciones de bajarse en marcha y de que ya estaba abriendo el pestillo de la puerta, Brey detuvo el vehículo en el arcén de la carretera. Estaban en una carretera pequeña en una ladera boscosa, cerca de la costa. Drasik salió del coche al instante y se fue caminando por el arcén. Sin embargo, Brey también había salido del coche justo después, simplemente para correr hasta él y derribarlo al suelo.
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romance y humor, accion con poderes, sobrenatural y crimenes
Editado: 14.11.2025