2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 1: El nudo latente_
2.
Reconectando entre todos
Después de un rato riendo y compartiendo algunas anécdotas, los iris de la KRS vieron que su Líder daba un largo suspiro. Les llamó la atención, porque de repente se había puesto serio, y un poco nervioso. Parecía que quería decirles algo importante.
—Chicos… sé que esto es extremadamente inesperado y repentino para vosotros. Pero también lo ha sido para mí. Ni siquiera hace una semana esto entraba en mis planes.
—¿Qué? ¿Lo de volver a la Asociación es una decisión que has tomado en una semana? —se quedó desconcertado Drasik.
—Han pasado… una serie de cosas complicadas en esta última semana. Cosas muy serias —les explicó Neuval—. Aunque los motivos han sido varios y recientes, mi decisión de volver a la Asociación es algo que en realidad nunca ha dejado de rondar por mi cabeza. Ya sabéis que… mi duelo por la muerte de Katya fue un duro golpe.
Raijin bajó la mirada al suelo con pesar.
—Pero, al cabo de un tiempo —continuó Neuval—, algo dentro de mí sabía que mi exilio no iba a ser para siempre. Sabía que algún día regresaría. No sabía cuándo, pero algún día. Por un motivo o por otro que me empujase definitivamente a hacerlo. No quiero aburriros explicándoos todos los motivos, pero sí algunos de ellos.
En ese momento, Kyo y Drasik se miraron con inquietud. Ellos dos sabían que uno de esos motivos era que Izan había vuelto a dar señales de vida y que estaba en Tokio tramando algo. Se preguntaban si Neuval se lo diría a los demás, ya que él mismo les había pedido a ellos dos no revelar esta información. Pero sabían que no iba a decirlo, especialmente porque Raijin estaba ahí con ellos y esta noticia sería terriblemente recibida.
—Hatori finalmente se ha salido con la suya y ha conseguido ocupar el puesto de su padre —les contó Neuval, y los demás asintieron con la cabeza, no sin expresar algo de rabia—. Ya no es solo un jefe de policía cuyo padre, como ministro, lo mantenía al margen de la caza de iris. Desconozco por completo por qué Takeshi ha pasado esta última década con la Caza paralizada, y, sobre todo, por qué siempre ha mantenido a su hijo Hatori apartado de cualquier asunto de iris, si Hatori siempre ha tenido el mismo espíritu anti-iris que él. Pero ahora… Hatori tiene el mando del Ministerio, de todos los cuerpos de seguridad del país. Ahora él tiene el poder de reanudar la Caza de los iris si quiere, de posiblemente contactar con otros países para unir fuerzas y recursos policiales e incluso militares, de llevar el cumplimiento de las leyes y los procedimientos policiales a su manera…
—Lo sabemos —lamentó Nakuru—. Y debo decir por parte de todos que es un alivio que hayas regresado a la Asociación ahora que el gobierno puede convertirse, una vez más, en un verdadero problema para nosotros.
Los demás asintieron.
—No podía quedarme de brazos cruzados, continuando tranquilamente con mi vida humana, pensando cómo Hatori iba a complicarles las cosas a todos mis hermanos iris mientras yo me quedaba al margen. Sin embargo, hay otro motivo igual de malo que condicionó mi decisión. No es algo que deba preocuparos. Pero creo… que merecéis saberlo, porque si voy a volver a ser vuestro Líder, no puedo tener este secreto ante vosotros.
Kyo y Drasik volvieron a mirarse, preguntándose otra vez si esta vez se refería a lo de Izan.
Neuval tardó en hablar. Por un momento, miró al viejo Lao, y este le asintió con la cabeza, dándole su apoyo.
—He… Hace unos días asesiné a doce humanos… involuntariamente —confesó Neuval finalmente.
De pronto, todos los demás se quedaron mudos. Reinó un silencio súbito por toda la zona. Sus caras de desconcierto no eran por el hecho de haber matado a doce personas, sino por el hecho de que este suceso hubiese vuelto a ocurrir. No era ningún secreto para ninguno de ellos el comportamiento extremadamente cruel y maligno que Neuval había llegado a manifestar varias veces en su vida. Algo que consideraban un efecto normal de un majin tan alto como el suyo, que estaba en el sexto grado de siete.
—¿Eran… inocentes? —preguntó Yako con un tono cuidadoso.
—No. Lo cierto es que resultaban ser criminales, y de los peores. Torturadores, violadores…
—¡Ah! —interrumpió Yako, dando una feliz carcajada, sorprendiendo a los demás—. ¿Y por qué pones esa cara tan preocupada entonces?
—Porque no supe que eran criminales hasta que investigué sobre ellos después de matarlos. Los maté sin asegurarme primero de si eran inocentes o no. Fue una pérdida de control bastante grave. Hacía años que no la tenía.
—Bueno, Neuval, pero al final resultaban no ser inocentes —insistió Yako—. Al final no has hecho nada malo, ha resultado ser algo correcto. No le des muchas vueltas, no deberías atormentarte por ello.
—Hm… Yako, sabes que tu abuelo no quiere que las cosas se hagan de esa manera.
—Maestro, solamente has adelantado su trabajo. Si Alvion no condenó a esos criminales aún, lo iba a hacer de todos modos algún día. Tú le has ahorrado esa tarea, y le has ahorrado al mundo doce monstruos menos —sonrió cálidamente.
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Editado: 06.04.2026