2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 1: El nudo latente_
4.
Un primer brote de algo insano
Cuando Cleven se despidió para irse al edificio del instituto Tomonari, al que se accedía por otra puerta cerca de la del colegio, y Brey fue a pisar el acelerador, vio de repente una cabeza de tersa piel oscura con un peinado de finas trenzas negras a dos centímetros de su nariz.
—¿¡Qué demonios!? —exclamó Raven, metiendo la cabeza de lleno por su ventana—. ¿¡Que tú eres el tío de Cleven!? ¡Dios mío, el rubio que casi nos atropelló hace una semana! ¡Encantada, soy Raven Willers, para lo que gustes! —se exaltó, estrechándole la mano enérgicamente.
—¿Raven Willers? —se sorprendió Brey. «Es… ¡la hermana pequeña de Sarah!».
—¡Aaah! ¡Ha dicho mi nombre! —gritó histérica, a punto de desmayarse.
—Tranquilo, Brey, ahora nos la llevamos —le dijo Nakuru, apareciendo por la acera y sujetando a Raven.
—¡Nos vemos, tío! —se despidió Cleven, marchándose con sus amigas.
«Su carácter no se parece en nada a Sarah, desde luego» opinó Brey, siguiéndolas con la mirada, y después volvió a arrancar.
—¡Eh! —exclamó Drasik, pegando las manos sobre el capó y Brey frenó en seco—. No me mates, por favor.
—Hola, Raijin —lo saludó Kyo, y se marchó con Drasik hacia el edificio.
El rubio suspiró, yéndose por fin. Lo que le extrañaba es que había visto algo raro en la expresión de Drasik hacía un momento. Notó algo raro en su tono. No parecía el de siempre.
Pero Brey era un iris y podía detectar todas las posibles razones de esa pequeña variación en el tono de alguien. Sobre todo, de Drasik. Era el compañero de la KRS al que más conocía a la perfección. Al fin y al cabo, era con el que más había hecho trabajo de campo, porque en la mayoría de las misiones que realizaron, Fuujin solía dividirlos en parejas y siempre ponía a Brey con Drasik por la combinación peligrosa y efectiva de sus elementos.
Aunque Brey sabía que había otra razón también. Drasik era, no sólo de la KRS, sino también de la Asociación, uno de los iris más sensibles, es decir, de los más propensos a padecer la enfermedad del majin. Igual que le pasaba al propio Neuval y a otros iris más. Y Brey era todo lo contrario, el más racional y con mayor capacidad de autocontrol. Por eso, trabajar cerca de Brey ayudaba a Drasik.
El único peligro que tenía Brey era que le podían contagiar un majin. Pero dicho contagio duraba el mismo tiempo en que estuviera expuesto a ese majin. Es decir, era como un espejo. Y el majin de la otra persona tenía que ser muy fuerte para llegar a afectarle. Por eso, si un iris estaba dando síntomas de un majin alto, a partir del quinto grado, directamente contra él, él podía padecerlo de manera igual. Pero se le pasaba en cuanto dejaba de estar expuesto. Y podía llegar a combatirlo muy bien gracias a ser un iris nato.
Brey solamente llegó a padecer un contagio grave que le costó combatir una vez, nada más. Fue antes de morir Katya. Ocurrió en una misión complicada de la KRS, y se lo contagió alguien que en aquel entonces estaba ya muy enfermo. Su hermano, Izan.
El majin del iris consistía en un trastorno de la personalidad del individuo. Había siete grados, y los que tenían los de I y II eran los que esporádicamente mostraban signos no comunes en su forma de ser diaria, como leves ataques de agresividad, o depresión e impotencia, o bien cometían actos poco peligrosos, nada de lo que preocuparse de verdad. Los que tenían de III y IV, lo mismo, pero ya con mayor frecuencia; ahí había que empezar a controlar la cosa.
Ya en el majin de grado V, ocurría una pérdida de autocontrol del iris, consciente de sus actos pero que le llevaba tiempo frenarlos; podía ser muy peligroso. De grado VI, el de Fuujin: cambio radical de la personalidad, una vez cada mucho tiempo, causado por una emoción fuerte de disgusto, de ira o de rabia, o bien por la acumulación de estos durante demasiado tiempo, es decir, se convertía en otra persona, letal y cruel. Ahí el individuo ya no podía controlarse y no era consciente de sus actos, raras veces podía volver en sí sin ayuda de nadie.
Y, por último, de grado VII, el de Izan: cambio de la personalidad permanente, es decir, era ya otra persona, creada por completo dentro de sí y que salía a la luz para siempre una vez que el individuo había sufrido o experimentado la peor de las emociones. Ahí ya no había que preocuparse; había que alejarse. Como tal, la persona que siempre había sido había muerto, por lo que la nueva persona, dueña de la mente y del cuerpo, actuaba por sí sola y, por supuesto, para nada bueno.
Los humanos crean sentimientos y viven dominados por ellos; los iris también tienen sentimientos, pero los dominan eficazmente. Y Brey era un espécimen único: la mayor parte del tiempo no tenía sentimientos, sólo los básicos, y únicamente los tenía de manera natural con las personas que más quería, y en cuanto a los contagiados, podía dominarlos enseguida.
Esto hacía que, por ejemplo, si un criminal le amenazaba, lo torturaba o lo insultaba personalmente, Brey no sentía enfado ni se ofendía ni nada. O si veía en la tele cadáveres de niños muertos en una guerra, tampoco sentía tristeza ni rabia ni horror. Pero obviamente pensaba que era algo terrible y que ojalá no hubiera pasado. Lo pensaba, pero no lo sentía, como ya adivinó Cleven aquella vez. Ese enfado, o esa tristeza, sí las sentiría de manera genuina e intensa si se tratara de un criminal amenazando o insultando a Cleven, o a alguno de sus “hermanos” de la KRS, o si los cadáveres de la guerra se tratasen de sus propios hijos.
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Editado: 06.04.2026