Cleventine 2: Pasado y Presente [parte 1: El Nudo Latente]

2x10. Acechadores

2º LIBRO - Pasado y Presente

_PARTE 1: El nudo latente_

10.

Acechadores

El grupo de padres e hijos se expandió por el patio principal; los adultos se fueron marchando de allí y los alumnos se quedaron hablando unos con otros acerca de la reunión. Algunos padres tardaron más en marcharse, quedándose a charlar con otros padres sobre lo mismo. Drasik estaba deambulando por ahí solo, como sumergido en otro mundo. Sus amigos estaban echando unas risas con Eliam y llamaron varias veces a Drasik, pero este no hacía caso. Eliam se acercó a él al verlo así, a una zona aparte, y le pasó un brazo sobre los hombros.

—Llevás un tiempo con una actitud un poco extraña, Dras —le susurró al oído, preocupado—. ¿Qué ocurre, hermanito?

—Estoy bien, sólo un poco agobiado con el instituto —contestó con desgana.

—No es eso. Mentís. ¿Por qué no me lo contás?

—Déjame en paz, Eli —protestó, quitando su brazo de sus hombros—. Te he dicho que estoy bien. Y de todas formas a ti no te importa.

—¡Drasik!

—Joder, dame un respiro, anoche igual —se enfadó—. Deja de preguntarme siempre lo mismo. Si tengo algún problema, ya tengo a los otros iris para contárselo y solucionarlo. Vete ya a tu facultad, anda.

Drasik se fue alejando hacia el edificio, dejando a Eliam ahí parado y a su grupo de amigos más allá observando a ambos con curiosidad. Eliam bajó la mirada.

—Como quieras —murmuró apenado.

Neuval había visto esta escena desde lo lejos, en la otra punta del patio. Se preguntó qué ocurría, después de haber visto a Drasik comportándose así de raro, y antes en los lavabos con tan mala cara. Él no solía ser tan antipático con su hermano. Le daba mala espina. Al parecer, ningún otro reparó en ello, Cleven estaba con Nakuru y los demás charlando a su lado sobre la marcha. Aún pensativo, Neuval fue a darse la vuelta para seguir caminando, y...

—¡Ay!

—¡Ah, he pisado algo! —brincó Neuval al oír el grito, y miró abajo, pero no había nadie, así que buscó rápidamente con la vista, desconcertado—. ¡Uah!

Encontró a un niño pequeñito aferrado a la pierna de Brey, rubio y con ojos de color azul oscuro, idéntico a él pero en miniatura. Brey se sobresaltó al notar que algo o alguien lo agarraba de la pierna, y aún más al ver que se trataba de Daisuke.

—¡Pero tú...! ¿Qué haces tú aquí, mocoso?

—¡Ha intentado matarme! —dramatizó Daisuke, señalando a Neuval.

Brey miró a su cuñado sin saber qué había pasado, pero Neuval seguía observando al niño con asombro.

—Neuval, ¿qué le has hecho? —preguntó Brey con recelo.

—¿Quién es este? —reaccionó—. ¿Este es tu hijo? ¿Este mini-clon de ti?

—¿Lo mismo que todo el mundo dice de Yenkis respecto a ti? —bufó Brey—. Se llama Daisuke —le informó seriamente, cerrando los ojos y cruzándose de brazos, pero de repente se asustó cuando Neuval apareció agachado a sus pies junto al niño, toqueteándole con el dedo como si se tratase de una criatura nueva.

—¡Pero qué crío tan guapo! Tiene tu misma cara de malas pulgas, ¡y como la de Hideki!

—¿Quién es Hideki? —preguntó Daisuke con malas pulgas, tratando de evitar que Neuval siguiera tocándolo, escondiéndose entre las piernas de Brey.

De repente Neuval se irguió de nuevo y miró a su cuñado con cara sombría.

—¿Acaba de preguntar quién es Hideki? ¿No les has hablado a tus mellizos de mi honorable maestro ni de mi magnífica suegra? —le reprochó muy indignado—. ¡Son sus abuelos!

—Oye —gruñó Brey, ofendido—. Si me preguntaran por todos los miembros de la familia donde nací y les dijera que todos están muertos, ¿cómo esperas que reaccionen? Ya les hablaré de mis padres y de su madre cuando crezcan un poco más, ¿vale?

—¡Ni les has hablado de Yue! —se escandalizó Neuval—. ¿¡Pero qué te pasa!?

—¡Oye, no me juzgues! —se defendió el rubio.

—Bueno, bueno —lo calmó, olvidando el tema—. Da igual, porque mucho más importante es... ¡que este niño es adorable! —volvió a agacharse hacia Daisuke y empezó a perseguirlo alrededor de las piernas de Brey para agarrarlo de los mofletes.

Brey llegó a asustarse al ver que su cuñado era como la versión masculina y mayor de la propia Cleven, así que cogió al pequeño rápidamente en brazos, separándolo de él. Neuval siempre había sido muy niñero, pero era peor si encima se trataba de uno tan parecido a su suegro, que fue también el caso de Lex.

—¡Y parece sano y fuerte! —continuó Neuval, eufórico—. ¡Increíble, está bien cuidado!

—¡Claro que está bien cuidado! ¿¡Por quién me tomas!? —se enfadó Brey.

—Me falta conocer a Clover —dijo, mirando a su alrededor con la esperanza de encontrar a la hermana de Daisuke por ahí, pero no estaba—. ¿Qué está haciendo este aquí?

—Eso quisiera saber yo —farfulló Brey, mirando al niño fijamente—. ¿Cómo has entrado aquí, mocoso?

—Por ese abujero —señaló el niño hacia una parte de la valla que separaba el instituto del colegio de al lado, con una rotura medio escondida entre los arbustos—. Es que había salido de clase para ir al baño, y vi por la ventana a unos señores raros en la puerta del instituto entrando aquí hace un rato.




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