2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 1: El nudo latente_
13.
La visita al hospital
—Bien, ¿estamos listos? —dijo el viejo profesor, que portaba treinta carpetitas en las manos, y empezó a repartirlas entre sus alumnos de Medicina—. Nos dividiremos en dos grupos de quince. Uno empezará viendo una parte y el otro la otra. Yo me hago cargo del primer grupo; del segundo, uno de los médicos del hospital. Tomad todas las notas que podáis, os recuerdo que esto va para examen.
El profesor se fue yendo hacia el edificio y los demás lo siguieron por detrás, montando barullo.
—Lenny, ¿ha pasado lista? —le preguntó Brey a su amigo alemán.
—No, será ya dentro cuando reparta las tarjetas de visita y verá quién falta o llega tarde. Has llegado a tiempo, tranquilo.
Se detuvieron todos en la inmensa sala de recepción. A su alrededor había un montón de gente yendo de aquí para allá y otros que esperaban sentados en unas sillas. A Brey le tocó en el segundo grupo, ya que era uno de los últimos de la lista por la inicial de su apellido. Mientras esperaban a que llegase el médico que guiaría al segundo grupo, el profesor les estuvo comentando algunas cosas sobre la visita.
—Por supuesto nadie tocará maquinita alguna salvo yo y el doctor que acompañará al segundo grupo —les advirtió—. Sólo limitaos a tomar notas, ¿de acuerdo?, que hubo un año que una clase se cargó uno de los escáneres por tocar sin permiso. Cuando empecéis las prácticas dentro de poco, ya tocaréis lo que queráis, ¿entendido? Con respecto al médico que estamos esperando, os comunico que es un profesional en medicina general y está especializado en Neurología, y tan sólo tiene 25 años.
Los jóvenes se miraron unos a otros con sorpresa.
—Es muy respetado y conocido por aquí, así que espero que no se os ocurra comportaros como críos de 16 años —prosiguió—. Es el más indicado para atender las visitas universitarias, pero esto le quita tiempo de su trabajo, por lo que se toma gran molestia en hacerlo. Por eso, espero que os comportéis. Es un médico sublime. Ah, aquí viene.
El viejo levantó una mano como saludo hacia el hombre que se acercaba a ellos, el cual respondió con un gesto de cabeza. Muchos de los estudiantes lo observaron con curiosidad, sobre todo las chicas, que empezaron a mirarse las unas a las otras soltando risillas y repeinándose como por instinto, como si pretendieran con ello ponerse más guapas o llamar la atención del joven doctor.
—Debe de ser un crack —comentó Lenny—. Medicina General y Neurología... ¿Qué piensas tú, Brey? En la uni debió de ser otro prodigio como tú.
El rubio no contestó. Lenny vio que su amigo tenía una cara muy concentrada, con los ojos entornados y la boca entreabierta, como si tratase de reconocer a alguien.
—¿Te pasa algo? —se extrañó Lenny.
Entonces, cuando el joven doctor se reunió con ellos, sonrió y le hizo una inclinación de saludo al profesor, Brey cayó en la cuenta de la misma forma que si cayera de bruces contra el suelo. Lo reconoció, le costó pero lo reconoció, y se vio a sí mismo petrificado.
—Este es el doctor Vernoux —presentó el profesor.
—Buenos días —saludaron todos.
—Buenos días —contestó Lex.
—Habéis de saber, alumnos —añadió el profesor—, que todos los aparatos y la maquinaria de este hospital proceden de la empresa tecnológica Hoteitsuba. Aquí el doctor Vernoux es el hijo del fundador de esta empresa, por eso es el más indicado para hablaros del funcionamiento de los escáneres de última generación, pues conoce bien el trabajo de su padre. ¿Bien? A ver, el primer grupo, que me siga —ordenó el profesor.
El primer grupo empezó a moverse y a alejarse hospital adentro tras el viejo, dejando a los demás con Lex. Lex se dispuso a comenzar a hablar, pero se quedó un momento ofuscado por la manera en que los estudiantes lo contemplaban, como con admiración y análisis. Sobre todo, les cautivaba esa mirada azul tan profunda y serena tras sus elegantes gafas, como si tuviesen delante a un venerable sabio.
—Eh... Bueno —comenzó Lex—. Seguidme, empezaremos por los aparatos básicos de estructuras óseas.
El grupo lo siguió rápidamente por detrás, las chicas en primera fila, con sus miradas recorriendo desde su trasero hasta su cabeza. Brey permaneció detrás del todo con Lenny en sumo silencio, sin quitarle la vista de encima a Lex.
Fueron yendo de una sala a otra, vacías para disposición de los visitantes, viendo todo tipo de aparatos. Todo era muy complejo de entender a primera vista, pero Lex lo explicaba todo con tanta soltura y facilidad que enseguida comprendían el funcionamiento y apuntaban rápidamente en sus carpetitas. Todos mostraban una atención que los profesores de la universidad envidiarían. Y Brey no era diferente; sin darse cuenta, también se quedaba embelesado escuchándolo.
Una hora después, cerca del final de la visita, el segundo grupo se encontraba en una sala donde estaba el escáner cerebral, tomando información del área de Neurología. Lex, medio sentado en una mesa de la sala les explicaba, y ellos apuntaban.
—Ya sabemos la diferencia entre el escáner y la radiografía convencional, pero ¿qué pasa si queda una laguna en el diagnóstico? —preguntó una alumna.
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Editado: 06.04.2026