Cleventine 2: Pasado y Presente [parte 1: El Nudo Latente]

2x15. Nuestra realidad

2º LIBRO - Pasado y Presente

_PARTE 1: El nudo latente_

15.

Nuestra realidad

Lex no dijo nada por un rato. Reflexionó sobre ese análisis de su tío, y sentía que tenía razón.

—He nacido y crecido con la Asociación en mi vida —murmuró, jugando con un rollito de sushi de su plato con los palillos—. Siempre la he admirado. Su noble lucha contra el mal, proteger y cuidar de los humanos buenos… pero… aprendí que, al mismo tiempo, ella atrae y desata muchos problemas también.

—Los asesinos de tu madre no tenían por qué tratarse de enemigos de la Asociación o de tus padres por su trabajo en esta. No sabemos nada…

—Bueno, pero ese sí que fue el caso por la muerte de mi tío Sai —interrumpió Lex con un tono alterado, y Brey se quedó en silencio—. Y de mi primo Yousuke. Y de los abuelos Hideki y Emiliya, tus padres.

—Tienes razón —dijo el rubio calmadamente—. Pero, entonces, ¿qué es lo que aliviaría tu enfado y tu rencor? ¿Que la Asociación dejara de existir?

—No. Eso no. El mundo la necesita. Pero quizá… —se quedó unos segundos pensando—. Yo qué sé… Tal vez que cambiara o arreglara algunas cosas. O que los iris que aún están a tiempo no tengan hijos y así no los liguen a la vida de la Asociación, porque entonces, así, mi tío Sai no habría muerto a manos de los enemigos del abuelo Lian, ni Yousuke, ni tal vez mi madre. —Tardó un poco en darse cuenta de lo que acababa de decir; por eso, miró a su tío con apuro—. Bueno, no quiero decir que… Me refiero a…

—Tranquilo —dijo Brey—. No has dicho nada que no sea totalmente lógico. Yo, siendo un iris nato, y sabiendo, por tanto, que lo seré siempre, jamás habría tomado la decisión de tener hijos. Porque no me parecía lógica ni correcta la idea de traer al mundo, por decisión propia, a unos humanos inocentes y meterlos inevitablemente dentro de los peligros y riesgos de mi vida de iris. Los policías, los solados, los abogados, o cualquiera que trabaje en algo relacionado con enfrentarse a personas peligrosas, también tienen ese problema si deciden tener familia.

»Puedo entender que los humanos asuman el riesgo, anteponiendo su necesidad y deseo de tener hijos porque son seres emocionales. Pero nunca entendí por qué muchos iris también lo hacían. Mis padres, por ejemplo. Dos iris desde niños, se casaron y decidieron tener tres hijos. Suponiendo que los tres naceríamos humanos, nada más nacer ya nos metieron en su vida de iris con sus peligros y riesgos, y no me entraba en la cabeza por qué mis padres tomaron esa decisión ilógica.

»Tu padre pensaba igual que yo. Ya lo sabes. Tú fuiste una noticia inesperada, no planeada. Tu padre se murió de miedo en cuanto se enteró de que existías. Incluso tu madre también sentía preocupación y miedo. Antes de que nacieras, Neuval ya se estaba lamentando y culpándose a sí mismo, dando por sentado que iba a condenar tu vida, a arruinártela, a ponerte en peligro. Si no fuera por las palabras de aliento de sus padres y de los míos, Neuval jamás habría tenido las agallas, no sólo de aceptar tu existencia, sino también de desear tu existencia con todas sus fuerzas y sustituir el miedo por ilusión.

»Fue lo mismo… que me pasó a mí. Me invadió el miedo, antes y después de que nacieran Clover y Daisuke, durante mucho tiempo. Pero sus existencias… solamente saber que existen, que van a venir a mi vida y que van a estar ahí… Nunca había experimentado un sentimiento tan extraordinario —miró a su sobrino con ojos asombrados—. Fue genuino y natural. Me invadió la cálida emoción humana por encima de mi fría lógica de iris. Tenía miedo de que existieran y exponerlos al peligro de mi vida iris, pero por encima de eso, tenía un deseo aún más grande de que existieran y de tenerlos conmigo. Entonces comprendí a mis padres… comprendí a Lao y a todos los demás iris que habían decidido tener hijos.

»Los peligros del mundo siempre van a estar ahí, para mis hijos o para los hijos de otras personas. Unos van a nacer de padres iris, otros van a nacer de padres criminales, o de padres pobres, o de padres ausentes, o de padres abusivos… Eso ya es cuestión de suerte. Pero… hacerlos existir… hacer realidad esa oportunidad de que vivan… merece la pena más que nada. Yo ya no imagino la vida ni este mundo sin Clover y Daisuke. Si le pasara algo a uno de los dos, el dolor sería inconmensurable, y lo único que me motivaría a seguir viviendo es tener todavía al otro. Pero si algo les pasara a ambos… —respiró hondo, mirando a un lado, pensativo—… sé que no habrá nada ni nadie que me frene de quebrantar la Tercera.

Lex expresó espanto al oír eso último. Él conocía muchos de los términos y jergas que se usaban en la Asociación. “La Tercera” se refería a la última de las tres primeras normas sagradas de la Asociación, las mismas que Neuval le dictó a Kaoru la otra noche que se encontró con él, antes de reunirse por primera vez en años con su KRS. La tercera norma sagrada era “prohibido suicidarse o intentarlo”. Lex no dijo nada, no sabía qué decir a eso. Pero Brey volvió a mirarlo, con su cara serena e inexpresiva de siempre.

—Pedirles a los iris que no tengan hijos para así no exponer nuevas vidas inocentes al peligro… es una petición extremadamente difícil y fuera de nuestro alcance —concluyó el rubio—. Así como pedirle a la Asociación que haga algo al respecto.




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