Cleventine 2: Pasado y Presente [parte 1: El Nudo Latente]

2x17. Dando paso al cambio

2º LIBRO - Pasado y Presente

_PARTE 1: El nudo latente_

17.

Dando paso al cambio

Mientras Lao y Neuval bajaban por uno de los ascensores, el viejo recordó algo que quería preguntarle.

—Por cierto, ¿qué tal fue la reunión de instituto de ayer? Suzu ya me contó con detalle lo maravilloso que es Kyo y lo orgullosa que está de él. ¿Qué pasa con Cleven?

—Que es un desastre —respondió Neuval, mirando ensimismado la pantalla del ascensor donde estaban mostrando las noticias del tiempo.

—¿En serio? —lamentó Lao—. ¿Estudiando?

—No. Acatando las normas. El problema no es que ella no sepa hacer los deberes, es que no quiere hacerlos.

—¡Oh! Me recuerda a alguien —ironizó el viejo, sonriendo divertido—. ¿Y eso a ti no te gusta, señor Fuujin?

—No me importa que Cleven no haga los deberes. Lo que me importa es… el motivo que pueda haber detrás.

—¿Mm?

—Para mí, los deberes escolares sólo son un recordatorio de: “no olvides seguir usando el cerebro y hacer algo útil con tu existencia un par de horas más hoy”. Si Cleven no quiere hacer los deberes, prefiero que sea porque tiene algo mejor que hacer o porque quiere usar su cerebro para otra cosa útil. Me preocupa que el motivo de que no quiera hacerlos sea porque no tiene ganas de usar su mente y sólo quiera evadirse del mundo que la rodea, no pensar, olvidar, no creer que sirva de algo…

—Tampoco puedes esperar que Cleven renuncie a hacer los deberes para gastar ese tiempo en irse a un laboratorio casero a experimentar con la física, o a alguna biblioteca o universidad a leer un libro de Matemáticas más avanzadas.

—Yo no espero que Cleven sea una científica como yo. No se trata de eso. Cuando yo renunciaba a hacer los aburridos deberes del instituto, era para dedicar ese tiempo a mi particular pasión. A aquello en lo que sé que soy bueno, útil y feliz.

Salieron del ascensor al llegar la planta de Recepción, y se fueron por otro pasillo para dirigirse a una salida lateral del edificio, donde estaba el aparcamiento privado al aire libre.

—Cleven tiene tanto potencial… —continuó diciendo Neuval—. Pero tan estancado, durante tantos años… Puede que no tuviera un don con las matemáticas, pero sí que lo tenía con la gente. Con entender a la gente… al ser humano… su historia, sus culturas, sus conflictos, su comportamiento en sociedad… Le encantaban esos temas. ¿Cuántas veces se me escapaba esa niña durante las visitas al Monte Zou por su afán de colarse en la biblioteca privada de Alvion, o en reuniones sobre asuntos de la Asociación, o incluso en misiones? Su pasión era meterse por todas las grietas y agujeros del mundo que la rodeaba, para averiguar qué había en ellos, por qué se habían formado, y cómo podía arreglarlos. ¿Y ahora? —se paró justo en la puerta de salida y se giró hacia Lao—. Ahora no le apetece hacer los deberes… porque prefiere encerrarse en su cuarto, tumbarse en la cama, ponerse los casos de música, mirar al techo… olvidarlo todo y dejar de pensar.

Neuval se quedó mirando al suelo con pesadumbre. Lao podía ver en sus ojos que una gran parte de él se culpaba a sí mismo de que Cleven hubiese estado así los últimos años.

—¿“Ahora”? —repitió Lao, posándole una mano en el hombro, y le sonrió con calma—. ¿O antes?

—¿Cómo saberlo? Ya no vive conmigo. Y me da pereza pedirle a mi jovencísimo cuñado que me haga un informe diario sobre el estado psicológico de mi hija y sobre todo lo que hace.

—Tal vez porque eso ya se pasa de controlador. A ver. ¿Qué tal la viste ayer en la reunión? ¿Cómo la notaste?

—Empachada de bollos —respondió con tono resignado, siendo eso algo muy habitual para él. Sin embargo, luego se quedó pensativo, recordando los pequeños detalles que detectó en ella, cuando hablaba con su tío, cuando hablaba con sus amigas, su actitud después de la reunión… Neuval acabó dibujando una sonrisa más cálida—. Y contenta.

—¿Ves? —dijo Lao—. El cambio que tú has permitido que pase después de siete años, ha dado un pequeño primer fruto en los dos primeros días. Deja que esa semilla de cambio siga creciendo de forma natural, Neu. Ten paciencia. La verdadera Cleven que tú conoces resurgirá de las cenizas. Dale tiempo.

—Bueno —dijo saliendo ya al aparcamiento exterior—, sólo espero que aprenda que, en esta vida, muchas veces, tendrá que hacer cosas que no le gustan o que no quiere hacer, para llegar al lugar donde desea estar. Y que por eso, por muy tedioso que sea para ella hacer deberes o exámenes, los acabará haciendo, porque sabe que sólo son un peldaño más para subir a su meta deseada.

—¿Crees que la meta deseada de Cleven es estar en una carrera universitaria o en un trabajo que requiera esas exigencias académicas?

Neuval se quedó callado unos segundos, sentándose de brazos cruzados sobre el capó de su coche. Para muchas personas, el éxito no estaba en una carrera universitaria o en una profesión importante como la de abogado, médico o ejecutivo de una empresa. Músicos, artistas, incluso creadores de un negocio propio, no necesitaron pasar por la universidad para hallar el éxito. Y aunque no hallaran el éxito, al menos hallaron su particular felicidad ahí, lo cual se traducía como un éxito personal.




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