2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 1: El nudo latente_
21.
Movimientos sospechosos
Cleven, Drasik y Kyo, además de Nakuru y su pareja Álex tras ellos, se dirigían al instituto. Cleven iba en cabeza a paso de soldado, con mucho ímpetu. Tenía en mente nada más que el examen, el cual se lo había aprendido sobremanera y estaba rebosando orgullo, aunque no podría haber hecho nada si no hubiese sido por Kyo. Una noche sin dormir había merecido la pena. Por otro lado, Kyo iba medio dormido. Drasik había tenido que salvarlo cinco veces desde que salieron de casa de chocarse con una farola. Luego, Álex y Nakuru iban detrás hablando de sus cosas.
Y tan centrada iba Cleven en lo suyo que se había olvidado de traer consigo a los mellizos, había salido escopetada de casa, y no se dio cuenta de eso hasta que vio a su tío en la puerta del colegio apoyado en su coche de brazos cruzados y conversando con sus hijos. Al parecer, Raijin ya se había dado cuenta del despiste de Cleven y había traído a los niños él mismo. «¡Uy, se me olvidó!» pensó la joven, dándose una torta en la frente.
—Deja de decir mentiras, papá —refunfuñaba Daisuke con su vocecilla, poniendo los bracitos en jarra—. Es imposible que los niños vengan de las fábricas de niños, eso no existe.
—Que sí, svarlivyy —replicó Raijin—. Y los reparten unos pájaros con el pico muy largo.
—¿En serio? —se maravilló Clover—. ¿Fue un pájaro el que nos llevó hasta ti?
—Sí, y el de Daisuke era un pajarraco feo, muy feo.
—¡No es verdad! —se enfadó el niño—. ¡Seguro que no sabes nada, eres una birria de padre! ¡Seguro que era un pájaro muy guapo y fuerte y guay!
—Feo, feote —repitió Raijin, sonriendo con burla.
Daisuke se puso a soltar inofensivas y adorables palabrotas de niño pequeño, pensando que eran palabrotas muy graves, y a darle tortitas a su padre en las piernas para expresar su indignación ante la falta de estética de las aves repartidoras de niños. Raijin, sin inmutarse, comenzó a cantar “qué fea, qué fea, qué fea era la cigüeña de Dai...”. Clover no paraba de reírse, diciéndole a su hermano que su padre sólo le tomaba el pelo. Pero Daisuke sólo quería que él admitiera que el pájaro que lo trajo era de una belleza sin igual.
—¡Raijin! —lo llamó Nakuru, acercándose con los demás.
—Ah, hola —saludó al verlos venir, apartando disimuladamente al niño con la pierna como si fuese un perro molesto.
—Tío, lo siento —rio Cleven con vergüenza.
—Tranquila, no es mi primer rodeo con los despistes. Y hoy tenía tiempo.
—¡Cleven! —le gritó Daisuke, apuntando con el dedo a su padre—. ¡Dile ahora mismo a papá que admita que el pájaro que me trajo era el más grande y el más guapo!
—¿De qué empanada mental me hablas ahora, niño? —le espetó esta, pero no tardó en entenderlo y dio un respingo—. Tío —lo miró con reproche y los brazos en jarra.
—¿Qué? Fuiste tú la que me sugirió contarles esas idioteces sobre de dónde vienen los niños.
—¡Madre mía, madre mía! —brincó Álex de repente frente a los mellizos y se agachó delante de ellos—. ¡Aquí están de nuevo los mellizos más guais que he visto nunca! El día del festival sólo pude veros de lejos, y Cleven y Nakuru no paran de hablar de vosotros.
—Ah, tú eres la chica de la que Nakuru tampoco para de hablar —comentó Daisuke—, mientras se le queda cara de boba con sonrisa de boba.
—¡Oye! —exclamó Nakuru, poniéndose roja.
—¡Hahah! —se rio Álex—. ¡Pero qué razón tienes, Daisuke!
—¿Eh?
—¡Es imposible que un niño tan perspicaz y fuerte y genial no haya sido traído por el pájaro más poderoso y estéticamente agraciado del mundo!
Daisuke se la quedó mirando. Después miró a los demás.
—¿Por qué no podéis todos tener más novias como ella?
—Dai… —suspiró Brey, mientras los demás se reían.
—¡No creas que no lo intento! —declaró Drasik—. Pero es que hoy en día es difícil encontrar a chicas que no te taladren con la mirada sólo por respirar cerca de ellas… —dijo esto mirando de reojo a Cleven.
—¿¡Por qué me miras a mí!? —le rugió Cleven, taladrándolo con la mirada.
—Ya se comió el ogro a la princesa…
—¡Este ogro todavía tiene hambre! —le advirtió Cleven.
—Ya os vaaale… —trató Kyo de poner calma entre esos dos, algo ya habitual para él cada vez que se chinchaban mutuamente, mientras los niños, Nakuru y Álex no paraban de reírse.
Normalmente, cuando Brey se encontraba de repente en medio de una escena tan molesta y tan tonta, no hacía más que pensar lo tarados que estaban los humanos e incluso los iris comunes. Pero, esta vez, lo que le produjo esta escena fue una sonrisa en los labios. A lo mejor es que ya se estaba acostumbrando, y se sentía a gusto en medio de esta estupidez.
—Lo cual me recuerda… —se dijo Álex, sacando algo de su mochila—. ¡Clover, Dai! Drasik me ha contado que sois muy fans de los Mecha-Aliens.
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Editado: 06.04.2026