Cleventine 2: Pasado y Presente [parte 1: El Nudo Latente]

2x22. Las artimañas de Izan

2º LIBRO - Pasado y Presente

_PARTE 1: El nudo latente_

22.

Las artimañas de Izan

Kaoru y Taiya no terminaron yendo muy lejos. Aterrizaron en una estrecha calle llena de pequeñas tiendas y bares tradicionales. Había algunos paseantes, amas de casa haciendo unas compras, algunos vendedores en las puertas de sus locales llamando a clientes, algunas personas trajeadas tomando un desayuno antes de ir a la oficina…

—¿Seguro que te ha citado aquí? —le preguntó Taiya a su compañero Sui.

—Sí, esta es la calle —protestó este.

—No lo veo por ninguna…

—Deberíais mejorar esa capacidad de percepción —oyeron una bonita voz masculina tras ellos, y ambos chicos se dieron la vuelta con sobresalto.

Encontraron, tan sólo a un par de metros de donde estaban, a un hombre joven, de ojos verdes, rastas rubias y bien vestido con camisa, pantalón y una chaqueta casual, sentado en una pequeña mesita en el umbral exterior de una modesta cafetería. Ni siquiera levantó la vista, estaba ensimismado viendo algo en su teléfono móvil. Hasta que por fin lo apartó a un lado y los miró.

—Aunque los Yami somos los más difíciles de detectar —añadió.

Lo que desconcertó a los dos chicos fue que, frente a él, en la mesita, se sentaba un policía algo más mayor, con su uniforme, y un platito con una galleta grande que tenía virutas de chocolate y de cacahuete todavía sin tocar. Izan tenía una taza de café humeante. Al principio no se lo podían creer, no entendían qué estaba pasando, qué demonios hacía Izan tomándose un café con un policía. Hasta que se dieron cuenta de que había algo raro en este. Aquel agente no se movía, ni hacía nada ni hablaba, solamente parpadeaba, mirando al frente, al infinito.

—No os preocupéis por él —les dijo Izan, tomando un sorbo de su taza de café, y se puso otra vez a mirar cosas en su móvil—. ¿Novedades?

—Ehm… —se aventuró a empezar Taiya, pues era evidente que ambos chicos no podían evitar estar en tensión cada vez que estaban ante él—. Yo sigo sin poder acercarme más a la niña. No hay manera. En las horas escolares, Jannik está constantemente con ella, y cuando no está con ella, la está vigilando igualmente desde la distancia a todas horas, y no veo la forma, ni el momento ni el lugar de volver a intentar una aproximación suficiente para comprobar si la niña todavía tiene ese talismán o no…

Kaoru le dio un codazo a su compañero, para que dejara de hablar tanto.

—Sí… ese pequeño Yami es un auténtico dolor de huevos… —suspiró Izan, resignado, y apoyó la cabeza en una mano, todavía distraído con su móvil—. Pero sorprendentemente listo e intuitivo para su edad. Hm… Se nota que tiene esos genes de Knive. Será un espléndido fichaje para nuestro bando algún día. Mirad cómo todavía os tiembla el pulso cuando me tenéis delante —se mofó, mirándolos—. Os doy miedo. Y tenéis razones. Pues, imaginaos un arki que, además de Yami como yo, es un Knive. Sería yo el que temblaría ante él. Hahah…

—Por lo visto, el resto de nuestros compañeros también están sufriendo constante vigilancia por parte de otros miembros de la SRS —le dijo Kaoru.

—Muy propio de Pipi —sonrió Izan—. Ese sí que tiene el instinto más afilado de todos. No por nada acabó siendo el sucesor de mi padre… Pero eso no es problema. El único inconveniente que me quiero quitar de encima cuanto antes, es separar a Clover de ese maldito talismán de protección que Jannik le dio hace una semana. Espero que mi instinto también esté lo suficientemente afilado, y me salga bien la jugada.

—¿Jannik se lo dio porque sabía que Clover podía correr peligro? —quiso saber Taiya.

—Se lo dio como una medida de prevención. Después de descubrirte hablando con ella aquel lunes en el recreo, se mosqueó, sólo eso. Para Jannik es un “por si acaso”, pero no tiene ni idea de cuál es el peligro exacto que puede correr Clover. Aun así, ese cazasueños es un muro para mí.

—¿Qué es lo que has planeado para hacer que ella se desprenda de él? —preguntó Taiya—. ¿He de hacer algo yo?

—No, tú ya me proporcionaste la valiosa información que quería confirmar, sobre qué poderes tiene Clover y en qué grado los controla. Su comunicación con fantasmas y espíritus ya es impecable, su lectura de objetos simples también. Acertó con lo de la dueña de aquel anillo perdido, siendo de una mujer cualquiera que ella ni conocía. Pero sus predicciones, al parecer son espontáneas, le vienen cuando le vienen… Hm… —Por un momento parecía que Izan se había puesto más bien a hablar consigo mismo, poniéndose reflexivo—. Sería buena idea entrenarla para que aprenda a hacer predicciones intencionadas… con las debidas instrucciones… Así su poder estaría más completo y fuerte, para cuando mi Señor quiera hacerse con él…

Kaoru y Taiya cruzaron una mirada extrañada. Izan parecía más distraído de lo normal. Se le había olvidado responder a la pregunta.

—Ahm… Yamijin-sama… —balbució Taiya, precavido, viéndolo tan ensimismado y atento a otras cosas del entorno que temía interrumpirle en algún pensamiento importante.

—¡Oh! Sí… —brincó el rubio de repente—. Cuando aquel lunes me informaste de que Jannik te había descubierto hablando con Clover en el recreo y que sospechaba algo raro de ti, y que por eso terminó dándole el cazasueños a ella… supe que la única forma de que Clover se despojara de su regalito, es que el propio Jannik se lo pidiera de vuelta. Y la única forma de que Jannik se viera irremediablemente forzado a quitarle ese talismán a Clover, es que alguien, con una autoridad superior indudable, se lo ordenara y él tuviera que obedecer sin remedio.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.