2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 1: El nudo latente_
8.
La reunión del instituto
Cleven, Nakuru, Raven, Kyo y los otros chicos se fueron yendo de la cafetería al oír el timbre del final del recreo. Cleven estaba amarilla e iba dando tumbos, se había inflado de bollos de chocolate y daba síntomas de echar la pota de un momento a otro. Kyo, al verla, se ofreció a sujetarla de los hombros para que pudiese andar.
—¿A quién se le ocurre comerse tres bollos de chocolate en media hora? —dijo Kyo.
—Tenía ganas de chocolate... mmbf...
Nakuru los vio caminando por detrás, compartiendo una risa. Frunció el ceño ante esto, la verdad es que en la cafetería Kyo y Cleven habían estado charlando con bastante confianza, lo que le resultó un tanto extraño. Cuando se adentraron en el camino de losas de piedra que conducía a la puerta principal del edificio, se encontraron con Drasik, el cual iba con Sakura cogida de su brazo como un pulpo lleno de pulseras y unas cuantas chicas más.
—Oh, si es Cleventine —sonrió Sakura, lanzándole una mirada de serpiente, y también miró a Kyo.
—Hola —saludó Cleven con cara de pocos amigos, ya que el tono que había puesto Sakura la irritó un poco. Después miró a Drasik, el cual desvió la vista rápidamente, haciéndose el tonto.
Luego silencio. Nakuru miró de un grupo a otro, sin entender a qué venía tanta tensión de repente. Entonces Sakura se pegó más a Drasik y miró a Kyo con una sonrisa maliciosa, al verlo sujetando a Cleven de los hombros.
—Kyo. Puedes aspirar a más —le dijo.
—¿Eh?
—Vamos... —sonrió aún más con aires de superioridad—. Me resulta tan gracioso cómo la mona de Cleventine intenta perseguir lo imposible...
Las demás chicas se rieron descaradamente, mientras Kyo fruncía el ceño, sin entender la indirecta, y Cleven le clavó una mirada fiera al captar perfectamente la burla. Drasik seguía mirando las musarañas.
—Perdona, ¿qué has dicho? —preguntó Cleven.
—Te haces la enfermita para que los fuertes y cálidos brazos de Kyo te sostengan, ¿verdad?
—¿Qué te inventas? —gruñó Cleven—. Me he metido tres kilos de bollos entre pecho y espalda, si quieres te dejo una vistosa muestra sobre tus zapatos —hizo un ademán de vomitar a los pies de Sakura.
—¡Ni se te ocurra, francesita! —le advirtió esta—. No tolero ni un ápice de suciedad sobre mi persona.
—Mira si eres cursi…
—¡Hah! Con ese cerebro humano no podrías entenderlo.
—Si yo tengo cerebro humano, ¿tú qué tienes?
—Ay, a veces es duro estar rodeada de seres tan desamparados… ¿Verdad, Drasik? —apoyó la mejilla en su hombro y apretó su brazo más fuerte.
—Eh… ¿qué? —preguntó este, pues había estado todo el rato distraído mirando a otra parte—. Esperad, chicas, ¿os estáis peleando por mí? —sonrió felizmente.
—¡No! —rugieron las dos a la vez—. ¿Ves? —le espetó Cleven a Sakura—. Ni siquiera tu novio te hace caso.
—¡Tú cierra el pico! —replicó Sakura.
—¿Novio? —repitió Drasik, y, como si hubiese estado realmente con la cabeza en otra parte, se dio cuenta de que Sakura lo tenía agarrado del brazo.
Esto le hizo sentirse un poco incómodo. Quizá porque Sakura era demasiado tocona, o quizá porque Cleven se estaba llevando la equivocada impresión de que eran pareja. Y a Drasik no le gustó que Cleven creyera esto. De pronto le invadió una extraña rabia, una profunda y antigua rabia, de algún lugar desconocido y remoto de su memoria, de algo que había perdido, algo que fue lo más importante de su vida.
Con una sacudida repentina, se soltó de Sakura y se apartó un paso de ella. Los demás se quedaron callados y sorprendidos, incluidos Kyo y Nakuru, que vieron ese inesperado gesto como algo impropio de él.
—¿Dras? —lo llamó Sakura, igual de sorprendida.
Drasik miró a cada uno de ellos. Él también parecía desubicado. No sabía qué le había pasado, o por qué se sentía tan alterado. Cuando miró a Cleven, y vio en ella, en sus ojos verdes, su propio reflejo, sufrió un breve fogonazo en su mente. Fue como un fuerte ruido cortado en un segundo, y una imagen fugaz de un segundo, dentro de su cabeza. Pasó tan rápido que no supo descifrarlo. Pero esto le asustó un poco. Temía que fuera su iris.
—Yo… es que tengo que ir al baño corriendo —se excusó, y se marchó corriendo al edificio.
Kyo y Nakuru compartieron una mirada preocupada.
—Qué mal momento para darle un apretón —protestó Sakura.
—A lo mejor es porque lo estabas agobiando un poquito —le dijo Cleven, cruzándose de brazos.
—Guárdate tus opiniones, no tienes ni idea de lo que hay entre él y yo. En fin, suerte con tus propios intentos —se despidió con aire condescendiente, mirando a Kyo por un instante con una sonrisa compasiva, y, sacudiendo su melena al viento, se alejó con sus amiguitas a otra parte.
—¿De qué va esa? —masculló Cleven—. ¿Qué ha querido decir?
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Editado: 06.04.2026