2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 1: El nudo latente_
29.
El estigma de Viernes
Taiya terminó relajándose al comprobar que Fuujin se marchaba de la zona junto con Yenkis e Evie. Después de que Kaoru le contara el inmenso miedo que sintió por todas sus venas la noche que se cruzó con Fuujin, Taiya no quería experimentarlo. Aquella noche que Neuval se enfrentó a Kaoru, cuando estaba dirigiéndose a la Torre de Tokio para reunirse por fin con su KRS, Kaoru aún no tenía noción de cuál era la identidad humana de Fuujin, y de que él y el padre de Cleven eran la misma persona. Fue un bocazas al insultar a Cleven y luego a él, y por eso Neuval tuvo que dejarle claro quién era.
Pero es que Neuval, en realidad, no tenía ni idea de quién era. Kaoru no sintió terror por descubrir que había sido un bocazas delante del famoso Fuujin, sino por haber sido un bocazas delante de lo que Fuujin era realmente.
Ellos lo sabían. Taiya, Kaoru y el resto de la ARS, conocían la verdad porque Izan se la había revelado.
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Hace 2 semanas...
«Era lunes por la tarde y caía una fría llovizna sobre la ciudad de Saitama, ciudad vecina al norte de Tokio y lugar natal de Takeshi Nonomiya. En el cementerio, se estaba celebrando el funeral privado del difunto ministro, donde solamente estaban presentes sus familiares y compañeros más cercanos del trabajo, como Norie Saitou, que había venido acompañada de su marido Joji.
Estaban celebrando un funeral de tradición cristiana. Takeshi no era creyente ni practicante de ninguna religión, pero su antigua mujer, que murió hace treinta años, era una japonesa con una cuarta parte hispana, y ella sí era muy religiosa. Ella y Takeshi bautizaron a su primera hija con el nombre de Viernes, en honor a una abuela hispana de ella. Ocho años después, tuvieron un niño, al que llamaron Hatori.
Viernes tenía 8 años y Hatori era un bebé de meses de edad cuando la madre de ambos falleció en circunstancias extrañas. Desde entonces, estuvieron a cargo de su padre, Takeshi. Pero él no fue un padre muy presente. Sólo se ocupaba de la educación de sus dos hijos, pagar colegios caros, universidades de prestigio, viajes de estudios, y todo por mantener una reputación impecable para su carrera política y el apellido Nonomiya. La mayor parte del tiempo, estaba fuera de casa, ya bien en el Ministerio, ya bien en viajes de trabajo, teniendo como mayor prioridad en la vida mantener el país seguro, protegido y limpio de delincuencia y criminales lo mejor posible.
Sin embargo, Viernes siempre supo cuál era la auténtica obsesión de su padre. Y cómo murió su madre.
Ella pasó una infancia difícil. Muy acomodada y atendida por cuidadoras y personal de servicio, pero siempre oyendo discutir a sus padres, y siempre por el mismo tema. Takeshi era un hombre que por alguna razón había estado toda su vida obsesionado con todos los problemas que había en el mundo, y con alcanzar el orden y la paz absolutos. Sus aspiraciones eran tan grandes, que a veces ocupar el cargo de ministro de Interior de Japón no era suficiente para generar un verdadero impacto y comenzar a cambiar realmente las cosas en todo el globo, por lo que, en un momento de su vida, tuvo que empezar a relacionarse con cierto tipo de gente, que tenía diferentes influencias y mejores recursos.
A la madre de Viernes no le gustaba nada esa nueva gente con la que su marido pasaba cada vez más y más tiempo. Y las cosas se pusieron mucho más feas cuando nació Hatori.
Vieres jamás lo entendió, por qué su madre repudió tanto a su hermano, si tan sólo era un bebé. ¿Cómo podía una madre aborrecer tanto a su propio hijo? Viernes terminó creyendo que el motivo era que su madre padeció una depresión postparto. Meses después de nacer Hatori, Viernes presenció la peor pelea entre sus padres. Los gritos eran estremecedores por parte de ambos. Y a pesar de que no llegaron a las manos, de pronto vio a su madre desplomarse contra el suelo. Murió de repente, en medio de esa discusión, en medio del salón de casa. Viernes, espiándolos desde la puerta, quedó marcada. Supo que aquello lo hizo su padre. Estuvo convencida de que él le había hecho algo a su madre, de que él la había asesinado. Y así, se convirtió en iris a los 8 años.
Viernes pasó los siguientes 30 años cargando con el secreto de su conversión ante su complicada familia, y viviendo, comiendo, respirando y durmiendo con rencor y con sed de venganza contra su padre, el gran cazador de iris que nunca supo que su propia hija se convirtió en uno por su culpa.
Las precauciones que Alvion y la Asociación tuvieron que tomar con Viernes cuando se convirtió en iris de pequeña para que su padre no la descubriera fueron enormes. Y ella tuvo que seguir manteniéndolas a rajatabla durante toda su vida, sobre todo cuando, no sólo su padre, sino también su hermano pequeño, se convirtieron en un gran problema para los iris de Japón, como dirigentes de los cuerpos de seguridad y conocedores del secreto de la existencia de la Asociación. Viernes había pasado prácticamente tres cuartas partes de su vida guardando las apariencias hasta el extremo. Incluso para un iris… eso acababa siendo agotador e insoportable.
Mientras bajaban el ataúd de Takeshi por un hoyo en la tierra, la gente allí presente, todos de negro y sujetando paraguas, observaban en silencio y con caras tristes. En primera fila, estaban Hatori y Viernes, y al lado de ella estaba su marido Iori y su hija Evie. Cerca de ellos, a una distancia, estaban Norie y Joji.
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Editado: 06.04.2026