2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 1: El nudo latente_
30.
La maldición de Neuval
«Una hora después, los nueve miembros de la ARS se reunieron en una vieja mansión, casi en ruinas y abandonada, en una recóndita zona boscosa a las afueras de la capital. Era una edificación de estilo europeo, hecha en piedra y maderas macizas. Tenía una parte con el techo derruido y deshecho en escombros, y aunque el resto de la casona se mantenía en pie, tenía pocos ventanales que conservasen todos los cristales, algunos agujeros en varios tejados, y la mitad de sus muros arropados por mantos de enredaderas silvestres. El mismo aspecto descuidado mostraba el jardín, era como un prado desértico, rodeado de bosque.
En el salón principal, aún quedaban algunos muebles, llenos de polvo, hojas secas y con raspaduras en las tapicerías, seguramente de los gatos salvajes que habían pasado por ahí y habían clavado sus uñas. El parqué del suelo tenía algunos tablones levantados, doblados por efecto de la humedad. Izan había hecho algunos arreglos y había instalado algunos ordenadores y pantallas sobre una alargada mesa de comedor rodeada de sillas, ahora ocupadas por los iris de la ARS.
Kaoru y Taiya eran los miembros más jóvenes con 16 y 14 años respectivamente, además de una chica Yami de 13. Si Alvion llegara a enterarse de en qué situación se encontraba esta RS, la cual se protegía con la Técnica de Desvío inventada por Fuujin, le causaría un gran dolor, especialmente por esos tres miembros todavía jóvenes, que habían sucumbido, todos, a la enfermedad del majin con la influencia directa de un arki como Izan.
—¿Qué es esto? —preguntó Kaoru, harto de esperar a que Izan encendiera los aparatos con ayuda de un generador eléctrico que en ese momento estaba alimentando el iris Den de la ARS, mientras se distraía moldeando entre sus manos una masa de agua que a cada rato convertía en hielo creando formas—. ¿Qué hacemos aquí?
—Ya os habréis enterado todos —comenzó a hablarles el rubio, poniéndose al lado de la pantalla de televisión sobre el extremo de la mesa y echándose sus bonitas rastas a un lado— de ese escalofriante suceso de la semana pasada que Hatori y la policía tanto han querido mantener en secreto y lejos del conocimiento de la prensa e incluso del Gobierno. Hicieron una buena limpieza en ese callejón, ¡fuff! Doce hombres adultos son… —miró al techo pensativo, dándose toquecitos en la barbilla—… como 65 litros de sangre…
—Lo que a mí me desconcierta es que Hatori haya dado por sentado desde el primer momento que fue obra de Fuujin —comentó la iris Fuu del grupo—. Es decir, ¿qué le hizo pensar que fue él y no otro iris? Nosotros ya sabemos que fue Fuujin, porque algunos iris bocazas ya han ido difundiendo que él no fue al Monte este pasado fin de semana sólo para hacer oficial su regreso, sino también para someterse a un juicio por haber provocado esa masacre. Y encima se ha librado de la condena porque resultaban ser doce criminales.
—¿Por qué tiene Fuujin tanta puta suerte con sus masacres? —rechistó Kaoru—. Hace siete años, ¡bum! Medio Japón arrasado, cero inocentes muertos.
—¿Te desconcierta que Hatori, por milésima vez en su carrera demostrando que posee una intuición sobrehumana, acierte otra vez a la primera en sus deducciones? —le preguntó Izan a la Fuu—. Y… —miró a Kaoru—… eso no fue una casualidad.
—¿Lo de sus doce víctimas siendo criminales, o lo de dejar cero muertos en el mayor descontrol de su vida? —quiso saber Kaoru.
—Ambas cosas —sonrió Izan—. Pero vayamos paso por paso. Hoy sólo quiero que veáis… —enchufó una memoria USB en la parte de atrás del televisor—… una prueba visual de la verdad que os conté sobre él.
Al reproducir el vídeo, ya de primeras se mostró el oscuro callejón donde sucedió el encuentro de Neuval con los doce criminales. Lo que sorprendió a los demás, es que era un vídeo de calidad, y grabado desde un punto alto, y además con visión nocturna, de modo que se veían perfectamente las figuras de los trece hombres. Nada que ver con la mala grabación, borrosa y en blanco y negro, que Hatori había conseguido obtener de la cámara de seguridad de una tienda en la esquina del callejón.
Los iris de la ARS, al darse cuenta de lo que estaban viendo, se quedaron inmóviles y dejaron de parpadear. Veían a Neuval de espaldas, desde un ángulo alto, a seis de los delincuentes cerrándole el paso por delante, y luego los otros seis rodeándolo por detrás. Se veía a Neuval intercambiando algunas palabras. Hasta que el cabecilla de los criminales comenzó a acercársele con actitud amenazante y riéndose. En un momento dado, de repente el criminal blandió contra él una barra de hierro para golpearle la cabeza, pero la barra se desprendió en varios trozos limpiamente cortados en un instante. Lo siguiente, fue ver cómo a ese criminal confuso le explotaba la cabeza. A partir de ahí, todo se volvió una pesadilla infernal.
Los iris podían dominar sus emociones incluso si estaban presenciando la más terrorífica o la más brutal escena de todas. Pero todos, menos Viernes, no pudieron evitar apartar la mirada de la pantalla en algún momento. Aun así, los ojos serios de Viernes denotaban un brillo de asombro y horror.
—E… Espera… —señaló Kaoru en ese momento—. ¿¡Qué es eso!? ¡Justo ahí!
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Editado: 06.04.2026