2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 1: El nudo latente_
34.
Verdad a medias
Neuval y Hana se bajaron en la parada de autobús de Shibuya para coger el coche, que seguía ahí en la empresa, e irse a casa. La mujer levantó la cabeza, descubriendo con sorpresa que aquella ventana lejana del edificio Hoteitsuba estaba intacta, incluso más nueva que antes. Neuval también pareció sorprenderse un poco, pero se quedó bien aliviado.
Ambos se acercaron al edificio, en cuyo aparcamiento lateral estaba aparcado el coche. Aún había actividad en la empresa y gente dentro ocupada, ya que todavía estaban en una hora muy temprana de la tarde. Todo parecía estar en completo orden y calma.
—¿Cómo es que la ventana está arreglada? —quiso saber Hana—. Es increíble.
—Creo que Lao se ha encargado —contestó Neuval.
Justo en ese momento, cuando ya estaban junto al coche, apareció Lao saliendo del edificio por una de las puertas laterales del rascacielos y bajó la escalinata con premura hacia ellos. Neuval esperaba que ya no estuviese enfadado.
—¿Qué hacéis aquí? —preguntó el viejo—. ¿Estás bien, Hana? ¿Cómo te encuentras?
—Sí, estoy bien —contestó ella, mirándolo con mucha intriga por primera vez en su vida.
—¿Lo han arreglado los almaati? —le preguntó Neuval, señalando hacia la ventana.
—Eh... —titubeó Lao, mirando a Hana con apuro.
—Creía que ya no teníais cooperadores —se extrañó Hana.
—Y así es, pero podemos pedirlos prestados a otras RS aliadas —le explicó Neuval.
—Zhè bù kě néng ba! —gritó Lao de repente, llevándose las manos a la cabeza, expresando toda su incredulidad.
Observó a Neuval con ojos como platos, y este, entendiendo en qué pensaba, le sonrió afirmativamente. Entonces Lao comprendió lo que había pasado al final.
—Ya veo… —murmuró—. Hana… conoces nuestro secreto.
—Neuval me lo ha contado todo. Y lo he visto. Me ha enseñado la luz de su ojo. Pero no es la primera vez que veo esa luz en una persona. Y por eso sé que todo es verdad. Incluso hablando con Lex sé que todo es cierto, y tu cara ahora mismo también me lo dice.
—Caray, no me esperaba esto tan pronto… —se decía Lao—. ¿De verdad te encuentras bien? Es decir… hay mucho que asimilar.
—Lo estoy asimilando, y al mismo tiempo quiero saber más —sonrió.
—No todos los humanos son tan escépticos ante este tipo de revelaciones —apuntó Neuval—. ¿No lo asimiló mamá también en muy poco tiempo cuando tú le hablaste de los iris por primera vez?
—Bueno, a tu madre al principio le chocó tanto que se alejó de mí cuando le mostré mi ojo y mi fuego… pero es verdad que volvió pocas horas después diciéndome que quería saber más.
—¿Puedo verla? —le preguntó Hana sin poder evitarlo.
—¿A mi exmujer? —se extrañó Lao.
—No, tonto, ¡tu luz! —se señaló un ojo.
—Ahora somos como una atracción de circo para ti, ¿verdad? —se mosqueó el viejo—. Señorita, hay cosas que son privadas, sobre todo cuando estamos en medio de la calle.
—¡Vamos, Lao! ¡Después de todas las veces que me has hecho rabiar…! ¡Me lo debes! —se abalanzó hacia él, intentando poner las manos alrededor de su ojo para formar una cavidad oscura y hacerlo brillar, pero Lao era demasiado alto y grande para ella.
—¡Neuval! ¡Controla a tu pareja!
—Ella tiene razón, Kei Lian, se lo debes —se rio este.
Al final Hana se salió con la suya y pudo ver la luz roja en el ojo del hongkonés. Después de unas palabras más, la mujer ya se metió en el coche y esperó a Neuval, que se quedó un momento con Lao a solas en mitad del aparcamiento. Se miraron unos segundos en silencio.
—Ha salido bien —comentó Lao.
—Sí. Por una vez, ha salido bien.
—Ha sido una decisión importante, Neu. Esto va a cambiar muchas cosas.
—Va a facilitar muchas cosas —le corrigió él—. Tenías razón, papá, me he oxidado con los años y me he relajado. Perdona por lo que ha pasado. Procuraré no volver a tener más descuidos como este, te lo prometo.
—Tranquilo, hijo. Me alegro de que los dos estéis bien, ante todo. ¿Te veo luego en el cementerio?
—Claro. Por nada en el mundo puedo faltar.
* * * * * *
Aún quedaba un rato largo hasta las seis de la tarde. Hana y Neuval llegaron a casa. Bajaron del coche, salieron del garaje y subieron las escaleritas del porche para entrar por la puerta. Mientras el hombre buscaba las llaves, a Hana le dio curiosidad algo.
—Oye, Neu. ¿Recibes algo a cambio de lo que haces como iris?
—Sí —asintió—. Dinero, sobre todo. Cuando son misiones superiores, las que tratan con bandas criminales peligrosas u operaciones de gran calibre nacionales e internacionales, nos paga Alvion. Al fin y al cabo, esto es un trabajo. Recibimos una paga de unos 2.500.000 yenes por cabeza por cada misión superior cumplida, más un sueldo mínimo mensual que varía según la región, pero suficiente para que todo iris pueda vivir cómodo e independiente, pagarse una vivienda, la comida y demás necesidades básicas.
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Editado: 06.04.2026