Cleventine 2: Pasado y Presente [parte 1: El Nudo Latente]

2x36. Agobios

2º LIBRO - Pasado y Presente

_PARTE 1: El nudo latente_

36.

Agobios

A las cuatro de la tarde, a pesar de que ya habían acabado las clases hace mucho rato, Cleven estaba pasando un rato agradable con Kyo, Nakuru, Raven y Álex, sentados los cinco en la hierba de una zona arbolada y charlando. Faltaba Drasik. Él, al salir de las clases, se había desviado diciendo que iba un momento al baño, pero no había vuelto a dar señales en todo ese rato.

—Se habrá encontrado con Sakura —opinó Cleven, cuando Kyo comentó esto un tanto extrañado—. Esa petarda tan creída… Pero que, sin embargo, me cae de maravilla, porque se lleva arrastrando a Drasik con ella siempre que puede. Ahora el idiota no me da tanto la lata como antes, con ella de por medio.

—Pobre Drasik —se rio Álex—. No seas cruel, si estaba coladito por ti no es su culpa. Cuando una chica guapa te entra por los ojos... caes en la perdición —se rio, agarrándose al brazo de Nakuru, la cual se sonrojó y miró al suelo vergonzosa—. Además, no es tan malo. Las pocas veces que he estado cerca de él, Drasik me mata de la risa. Cuando él y tú os chincháis el uno al otro, es superdivertido.

—Pse… Ese chalado se cuela por todas las chicas cada día. Todos son iguales —masculló Cleven, pero en ese momento se cruzó con la mirada de Kyo—. Bueno, no todos. Mira Kyo —le dijo a Álex—. Tan educado, tranquilo y sensato...

—Me halagas —sonrió el chico.

—Puf, te falta por conocerlo —intervino Nakuru, socarrona—. No creas que Kyo es así todo el tiempo.

—¿En serio? ¿Kyo puede tener mal carácter?

—Ya te digo, ha heredado el carácter de su abuelo cuando se enfada —apuntó Nakuru.

—Ah, el viejo que trabaja con mi padre, ¿no? El vicepresidente de su empresa.

—Sí, bueno… —titubeó Kyo, nervioso, pensando que no era buena idea hablar mucho de estas relaciones familiares. Además, también le parecía algo injusto para Cleven, aunque ella no lo supiera, estar hablado del viejo Lao como el “abuelo de Kyo” cuando también era el abuelo de Cleven.

—¿Qué, el viejo Lao da mucho miedo? —se sorprendió Cleven—. He tratado muy poco con él, apenas intercambiamos algún saludo y algunas palabras en la cena de empresa que mi padre celebra cada Navidad en Hoteitsuba, y siempre me ha parecido un señor de lo más divertido y simpático. ¿Él no es así, Kyo? Creo que yo le caigo muy bien.

—¡Oh! Mira, Cleven —brincó Álex de repente, sacando de su mochila un teléfono móvil nuevecito—. Me acabo de comprar un Hotei. Este móvil lo fabrica tu padre, ¿no? Y tu abuelo también, ¿no, Kyo? ¡Alucino con lo bueno que es para el precio que tenía! Y me voy a comprar un ordenador nuevo también de Hotei, ya lo tengo elegido. No puedo creer que tenga toda esa memoria y esa RAM y ese procesador por un precio tan asequible.

—Que no te sorprenda —sonrió Kyo—. Hoteitsuba es la única empresa tecnológica que se preocupa más por darle a la gente lo mejor que por enriquecerse. Sobre todo porque es la única que sabe hacer las cosas con el más bajo coste de producción, ya que la propia maquinaria que tienen para fabricar las piezas y los dispositivos es la más rápida y eficaz. Mi abuelo dice que esa es la ley con la que Neuval Vernoux rige la empresa.

—¿En serio? —Álex miró a Cleven con ojos de gran admiración—. Tu padre debe de ser una maravilla de persona, Cleven. Y alguien superinteresante.

—Bueno… —titubeó Cleven, dándose cuenta de que no lo había visto desde ese punto de vista o del punto de vista de otra persona—. Supongo que hace muy bien su trabajo y se preocupa por las personas. Pero también es muy plasta.

—Sí, ya —rio Álex—. Seguro que no es más plasta que mi padre.

—Te lo aseguro, mi padre es superplasta —insistió Cleven con vehemencia—. No me dejaba hacer nada y estaba siempre controlándome.

—¡Anda ya! —saltó Álex—. ¡Pues igual que el mío! Acabo de mudarme aquí desde España para vivir con él, por primera vez desde mi infancia, y ya desde el primer día era “¿qué haces, qué comes, adónde vas, con quién vas, a qué hora vuelves…?”

—¡Pues imagínate al mío haciéndome eso mismo durante años! —refunfuñó Cleven.

Kyo y Nakuru se miraron de reojo. No sabían si reírse o decir algo al respecto. Les resultaba gracioso que Álex y Cleven estuvieran despotricando de sus respetivos padres, sin saber que ambos eran mejores amigos desde la infancia, casi como hermanos, y dos de los mejores Líderes de la Asociación.

—Pero tu padre, al menos, te ha dejado quedarte a vivir con tu tío y te está dando más espacio, ¿no? —le preguntó Álex—. Eso es una muestra de que ahora confía más en ti.

—Ya… bueno… —balbució Cleven, sonriendo un poco y encogiéndose de hombros—. Eso es verdad. La verdad es que noto a mi padre mejor que antes, es decir, con mejor humor y más cercano… y eso me gusta.

Nakuru y Kyo sonrieron para sus adentros, pensando ambos lo mucho que a Neuval le gustaría oír eso. En un momento de silencio, se hizo más evidente el silencio de Raven. La gal llevaba ya mucho rato sin abrir la boca y distraída de la conversación de los otros, y eso era muy inusual en ella.




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