Cleventine 2: Pasado y Presente [parte 1: El Nudo Latente]

2x38. Recado para Yako

2º LIBRO - Pasado y Presente

_PARTE 1: El nudo latente_

38.

Recado para Yako

—Eh… —murmuró Yako, mirando a Sam un momento, que estaba con él tras la barra de la cafetería, recogiendo y fregando varios cubiertos y vajilla, la verdad, con un poco de malas pulgas; luego miró otra vez a Kyo, sentado en un taburete al otro lado de la barra—. Hehe… —le entró la risa floja, y volvió a mirar a Sam, el cual parecía ignorar a ambos y estar muy centrado y cabreado lavando los platos—. Hehehe… —se rio otra vez y volvió a mirar a Kyo.

El joven Lao, con la barbilla apoyada en una mano, arqueó una ceja, aburrido. Yako esperó que Kyo se riera con él, pero el chico seguía serio.

—Ah… —entendió Yako por fin, con una cara horrorizada—. ¡Que me lo estás diciendo en serio!

—Claro que es en serio. Es una orden, y tú el elegido para cumplirla.

La cara de Yako era la misma que la de un niño a punto de romper a llorar.

—Venga ya —protestó Kyo—. Sólo es un momento. Vas, informas a Alvion del asunto, y te largas.

—No montes un drama, aquí todos tenemos que lidiar con cosas —corroboró Sam.

—¿Y tú por qué has venido hoy tan alterado a trabajar? —protestó Yako a su vez—. Llevas así una hora. ¿Quieres que te deje el turno libre?

—He dicho que estoy bien —contestó Sam—. Necesito currar. Así mantengo la mente ocupada —añadió entre dientes, yéndose de la barra para ir a atender a unos clientes.

—¿Está el viejo Lao enfadado conmigo? —siguió quejándose Yako ante Kyo.

—¡Que no! Yako, ya te he dicho por qué mi abuelo quiere que vayas tú, y es un motivo lógico.

—Es pura crueldad.

—Para ya.

—Hacerme ir a ver a ese anciano sabiendo lo que me cuesta ya el simple hecho de pensar en él…

—Es tu abuelo, no un monstruo insensible y despiadado.

—¿Qué diferencia hay?

—¡Pues toda la del mundo! —aseveró Kyo.

—¿Y por qué no va tu abuelo? Él y mi abuelo son como padre e hijo. Alvion adora las visitas del viejo Lao.

—Porque esta tarde mi familia tiene un compromiso inaplazable —respondió con un tono más apagado.

Yako se quedó callado. Era verdad, lo había olvidado. Los Lao hoy iban a reunirse en el cementerio, a rezar por el aniversario de la muerte de Sai.

—Sólo te llevará unas horas, ni siquiera tienes que estar ahí un día entero —insistió Kyo—. Venga, Yako, sabes que es un recado necesario, el asunto de Denzel es muy serio. Debemos tomar precauciones, por mucho que Denzel diga que es un problema que arreglará él solo. Nosotros ya estamos ocupados con una misión antiterrorista en proceso. Alvion como mínimo debería conocer el suceso del salto en el tiempo accidental. Ya está, sólo es eso, un recado de precaución.

—Vale, vale, vale… —lo frenó Yako, resoplando—. Ya sé que no tengo más remedio. Una orden de Lao es una orden de Lao. Por favor, Kyo, dile a MJ que la dejo al mando de la cafetería si no vuelvo.

—Aaagh… —rezongó Kyo, restregándose las manos por la cara, exasperado—. Tienes que quitarte esa absurda paranoia de que Alvion sería capaz de cerrar las fronteras de las tierras Zou una vez hayas entrado para que no puedas volver a salir, y que te forzará a hacer el aprendizaje Zou a base de latigazos. Eso… no… va… a pasar.

—No conoces a ese anciano… —dramatizó Yako.

—Venga, ponte en marcha.

—¿Qué? ¿Ahora? ¿Ahora mismo?

—Sí, ahora. Esa es la orden.

Yako se lo quedó mirando fijamente, firme, serio y asumiendo como un hombre lo que tenía que hacer. Respiró hondo y… se dio la vuelta y corrió a meterse en la cocina.

—¡Necesito unos minutos más…! —se le oyó berrear de nuevo, añadiendo algunas maldiciones en italiano.

—Voy a quemarlo vivo —murmuró Kyo, mientras le salían pequeñas llamas de fuego por el dorso de las manos y el filo de la mandíbula.

Al poco rato, Cleven llegó a la cafetería con Brey y los niños. Los mellizos se perdieron de vista hacia la sección de pastelería en una fracción de segundo, y Cleven fue directamente a saludar a Kyo nada más verlo en la barra, contenta.

—¡Kain! —lo llamó Brey todavía desde la puerta, mientras se quitaba el abrigo—. ¡Los endulzados con dátiles! ¡No les des ninguno que tenga azúcar! ¡Y sólo una pieza!

—¡Ah! ¡Que eres un muermo! ¡Entendido! —le contestó el robusto hombre desde la barra de pastelería, alzando a los niños en brazos felizmente como saludo.

Glupyye lyudi… —masculló Brey. (= Humanos pelmazos…)

En ese momento, tenía a Sam a un par de metros recogiendo las tazas de una mesa, de un modo un poco brusco, y esto llamó la atención del Den, porque conforme Sam iba llenando la bandeja que sostenía con la otra mano, más le temblaba esta. ¿Y eso debería ser imposible? Sí. A los Dobutsu nunca les temblaba el pulso. Tenían dominio de su propio cuerpo mejor que ningún otro iris. ¡Su cuerpo era su elemento! Así que eso no era un problema físico, sino mental.




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