Cleventine 2: Pasado y Presente [parte 1: El Nudo Latente]

2x39. La decadencia de Drasik

2º LIBRO - Pasado y Presente

_PARTE 1: El nudo latente_

39.

La decadencia de Drasik

—Oye, dime —le dijo Cleven a Kyo mientras tomaban chocolate caliente en la cafetería—. ¿Vives con tus padres en casa? Sólo sé que en el bloque vive la anciana Agatha, Drasik con su hermano Eliam... y tú con tu hermana.

—Sí, mi hermana Mei Ling y yo vivimos juntos. Mi madre antes vivía con nosotros, pero se tuvo que mudar a la ciudad de Yokohama por trabajo. Aunque nos visita a menudo.

—Ah… —entendió—. ¿Sois sólo tu madre, tu hermana y tú?

—Bueno, en mi familia también estaba mi padre, claro. Y mi hermano gemelo, Yousuke.

—¡Gemelo! —se sorprendió—. ¡Es cierto! Me lo dijo Nakuru cuando le pregunté por ti…

Kyo dejó de remover su chocolate con la cucharilla y la miró con ojos entornados, esbozando media sonrisa.

—¿Le preguntaste cosas sobre mí?

—¡Ah! —brincó Cleven con vergüenza—. Bueno, es que… ¡no! ¡Sólo quería saber…! Es que como eres amigo de Nakuru y yo no te conocía… sólo tenía curiosidad.

—Claro —entendió, reprimiendo una risa.

—Oye, esto… ¿Qué les pasó? —quiso saber, con un tono precavido.

—Cosas de la vida —se encogió de hombros—. Mi padre murió hace diez años, y You… hace poco más de un año.

—Oh, no... ¿Tan reciente? Lo siento mucho, Kyo —miró su taza con tristeza, esperando no haberle traído pesar—. Yo perdí a mi madre cuando era pequeña. Y la verdad, no sé qué haría si perdiera también a uno de mis hermanos. Espero que la vida te recompense.

—Gracias, Cleven —volvió a sonreír—. Verás, hoy… es el aniversario de la muerte de mi padre. Dentro de un rato me voy con mi hermana, mi madre y mis abuelos a visitarlo. —«Y con Fuujin» pensó.

—Ah, ¿seguís alguna ceremonia?

—Sí.

Cleven comprendió y le dio un desanimado sorbo a su chocolate. Ojalá ella, su padre y sus hermanos siguiesen alguna ceremonia anual que sirviera de excusa sólida para visitar a su madre. Pero el pasado seguía haciendo daño a cierta persona, y por eso no iban muy a menudo.

Levantó la mirada y observó a Kyo. Aún no lo conocía mucho, pero era genial. Con él, todo el ambiente parecía estar tranquilo y seguro, desprendía una calidez que contagiaba relax y bienestar. Pero no era casualidad. Era un efecto común que emitían los iris Ka como Kyo. Estos iris del Fuego podían presentar dos personalidades: feroces, peligrosos y temibles como los incendios, o calmados, amables y seguros como la reconfortante hoguera de una chimenea.

Kyo se percató de que ella lo estaba mirando y le sonrió alegremente. Cleven también lo hizo, y se sonrojó.

En ese instante, Drasik pasaba por la calle. A pesar de que le había costado, había logrado recuperar el buen ánimo de su iris y se había decidido a ir a la cafetería para pasar el rato con Kyo, consciente de que recientemente se había portado un poco distante con él. El iris dependía vitalmente de las relaciones con los demás, de las emociones y sentimientos positivos, si no, perecía. Era crucial cuidar de esos lazos, de los seres queridos, de los amigos...

Sin embargo, antes de entrar en la cafetería, divisó a esos dos desde la calle, a través del ventanal. Se detuvo. Observó cómo Kyo y Cleven, sentados en los taburetes en la barra, conversaban juntos sin parar… sus gestos… cómo se miraban... Drasik se quedó un rato estudiando esto.

Finalmente, apartando la vista con un brote de desdén que pretendía tapar un dolor desconocido, dio media vuelta y se marchó, cambiando de idea.

* * * * * *

Sakura giró la cabeza para colocarse bien su cuidada melea castaña, que el viento le había despeinado, y se la llevó tras las orejas. Se detuvo para observar la pequeña playa de la bahía junto al Rainbow Bridge, vacía, fría, neblinosa, bañada por los últimos rayos de sol, que ya se estaba poniendo al otro lado de la ciudad.

Bajó la escalinata de piedra y se quitó sus sandalias de tacón para caminar por la fina y gélida arena cómodamente. Se paseó un rato por ahí, todo estaba solitario, cosa que lamentaba, pues nadie podría verla lucir su figura. Hacía un frío invernal, pero ella iba tan a gusto con una simple falda y una blusa.

Soltó una exclamación al pincharse el pie con una concha, y se agachó para cogerla. Sin embargo, reparó en un hoyito de la arena y lo observó con detenimiento. Una persona normal lo confundiría con una simple duna entre el millón que había por toda la playa, pero ella era capaz de notar la diferencia, tal como aprendió del monje que enseñaba a captar rastros. Eso era una hendidura provocada por un zapato cuyo dueño pesaba unos 66 kilos, hecha hace apenas unos minutos

Frunció el ceño y siguió el rastro, el cual se adentraba en las aguas, pero no había nadie bañándose, ni siquiera uno de esos nadadores aficionados que se ponían a dar brazadas en agua helada. Le entró curiosidad y se acercó a la orilla, poniéndose la mano de visera para otear el horizonte. No conforme, decidió adentrarse en el mar y, tras asegurarse de que nadie podía verla, comenzó a caminar sobre el agua, manteniendo su ojo izquierdo guiñado. Cuando dejó la orilla muy atrás, algo le llamó la atención. Bajó la mirada y divisó bajo sus pies, muy lejano en el fondo del agua, un breve destello de luz azul claro.




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