Cleventine 2: Pasado y Presente [parte 2: El Descubrimiento]

2x54. Es sólo un pálpito

2º LIBRO - Pasado y Presente

_PARTE 2: El descubrimiento_

54.

Es sólo un pálpito

Un policía novato con aire enérgico anduvo por los pasillos de la comisaría con una memoria USB en la mano. Acababa de salir del Departamento de Investigación por fin con los resultados que había pedido su jefe. No había sido fácil captar una imagen más o menos clara de ese vídeo, ya que todo estaba oscuro y borroso, tal como una cámara de vigilancia de baja calidad podía ofrecer. Pero era una mejora.

Al llegar ante la puerta del despacho del jefe de la Policía, se detuvo, tomó aire y llamó. Una voz le indicó que pasara y lo hizo.

—Señor, no hemos podido llegar a más, pero tal vez sea suficiente para tener alguna pista.

—Prepáralo —le ordenó Hatori.

El policía asintió rápidamente y se dirigió al rincón del despacho donde se situaban dos ordenadores de pantallas planas. Mientras encendía los aparatos, Hatori, sentado tras su amplio escritorio plagado de papeles, carpetas y un par de ordenadores, apoyó la cabeza en una mano para seguir ojeando los informes que sostenía en la otra.

Ya era ministro y ya le habían dado trabajo que hacer en el Ministerio. Sin embargo, Hatori se estaba tomando su tiempo para asentarse en su nuevo cargo, porque no quería dejar los asuntos pendientes de su anterior cargo colgando de cualquier entusiasta sin la preparación suficiente y sin el conocimiento suficiente. Porque el asunto pendiente más importante que había dejado como jefe de la Policía, era el caso de la masacre del callejón. Él sabía que había sido Fuujin, o quería creer que había sido Fuujin; en cualquier caso, la caza de ese iris había sido una obsesión para Hatori desde era un novato veinteañero como el que estaba ahí preparando el vídeo.

En cuanto a elegir quién ocuparía el puesto de jefe de la Policía, Hatori había hablado con el primer ministro y demás altos cargos del Gobierno. Quizá fuera por ser el hijo de Takeshi, o quizá también por el propio respeto que Hatori se había ganado durante diez años de trabajo, pues le habían concedido a él la decisión, confiando en que no había nadie con mejor juicio y criterio que Hatori para saber elegir a un sucesor que al menos se acercara a su nivel.

Norie Saitou era la única que no estaba muy conforme con cómo Hatori estaba llevando esta transición. En primer lugar, debería haber elegido a un nuevo jefe hace ya una semana, y en segundo lugar, debería dejar cualquier caso policial en manos de la policía, y él ocuparse de asuntos mayores del Ministerio. No es que estuviera molesta. Pensaba que ya debía de haber sido duro para Hatori perder a su padre hace un par de semanas y asumir este nuevo cargo tan pronto. Pero a Norie le preocupaba. Quería creer que Hatori estaba siendo insensible para mostrar fortaleza. Eso es algo que vio muchas veces en Takeshi, y con el tiempo, vio cómo acabó consumiéndolo.

Norie había sido la mano derecha de Takeshi en el trabajo del Ministerio, pero jamás supo nada sobre sus actividades fuera el Ministerio, los iris, su proyecto de La Caza, sus contactos secretos con gentes extrañas de otros países… sus intrigantes silencios, cada vez que volvía de unos de sus misteriosos viajes.

Luego estaba el mayor misterio de todos para Norie. La elección de Takeshi. Por supuesto que no había dejado de pensar en ello. Takeshi, antes de morir, habló con ella en privado y le reveló que la iba a elegir a ella como nueva ministra, y al final, en el discurso escrito y el documento oficial y firmado, apareció el nombre de Hatori en vez del suyo. Norie era una mujer tremendamente íntegra y leal al deber, y lo último que quería hacer era dudar, sospechar o tener malos pensamientos sobre Hatori, siendo el hijo de la persona que ella más admiró en su vida, y siendo un hombre igual o más íntegro que ella, demostrado con creces.

Pero no podía evitar sentir que algo no estaba bien, que algo no encajaba. Desde el funeral de Takeshi el lunes de la semana pasada hasta ahora, Norie tenía algo claro. Siempre supo que Takeshi tenía muchos secretos, cuya privacidad siempre respetó, pero ahora, intuía que había un secreto, uno en particular, que Hatori había retomado y que mantenía vivo. Y que, tal vez, directa o indirectamente, pudiera tener relación con la pieza que no encajaba sobre la muerte de Takeshi.

Así que, Norie quería quitarse esta sensación de incomodidad y había decidido que quería saber, de un vez por todas, qué demonios pasaba. Por eso, hace unos días, le pidió a Hatori que aceptara su servicio y colaboración en ese caso secreto que lo tenía tan ocupado.

Hatori todavía se lo estaba pensando. Unos podrían pensar que él a Norie no le daría ni los buenos días porque había sido la elegida de su padre y la envidiaba, pero… Hatori, a pesar de ser humano, estaba por encima de esas emociones humanas infantiles. Para él, lo único que tenía importancia en el mundo, era la utilidad de las cosas. Las cosas y las personas, cualesquiera que fuesen, que sirvieran para el fin que más importaba: convertir el mundo en un lugar de paz y orden absolutos. No importaba lo mal que se llevara con algún compañero, lo mucho que odiara a un criminal o la repulsión que le provocara un lugar, arma u objeto, con tal de que le fuera de utilidad para llegar hasta la basura y limpiar el mundo de las cosas y los seres que no deberían existir.

Por eso, lo más seguro, es que Hatori acabaría accediendo a la petición de Norie.




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