Cleventine 2: Pasado y Presente [parte 2: El Descubrimiento]

2x55. Hora de pedir explicaciones

2º LIBRO - Pasado y Presente

_PARTE 2: El descubrimiento_

55.

Hora de pedir explicaciones

Una media hora después, cuando Jannik por fin llegó a su habitación, cerró la puerta y se puso enseguida a aflojarse la pequeña corbata de su uniforme escolar, a desabrocharse los botones de la camisa, quitarse el jersey y dejar su mochila llena de libros tirada en cualquier rincón. Sentía que se asfixiaba, estaba muy agobiado. Pero no era algo físico, sino su propia mente, sufriendo una agitación que le impedía poner orden en sus pensamientos, y el sólo hecho de no poder poner orden en algo, le ponía más nervioso.

—Callaos... callaos... —murmuraba repetidamente, con las manos en la cabeza y cerrando los ojos—. No tenéis permiso. Fuera de mi mente. Fuera... silencio...

—¿Con quién hablas?

Se oyó de repente esa voz en la habitación, y Jannik abrió los ojos de golpe con gran susto. Por unos segundos, se preguntó si se la acababa de imaginar, pero entonces, divisó algo moverse en una oscura esquina de su habitación y apareció Denzel poniéndose a la luz de la ventana.

—¡Señor Shakespeare! —exclamó el niño con sobresalto, y perplejo—. ¿¡Q... Qué hacéis vos aquí!? ¿Desde cuándo...? ¿Sabéis dónde vivía?

Denzel ignoró sus preguntas. En lugar de responderlas, se puso a escudriñar la habitación con ojos suspicaces detrás de sus gafas negras, fijándose en todo lo que había ahí, por si hallaba algo fuera de lo normal o que considerase inadecuado. Pero todo parecía la habitación normal de un niño, excepto por algunos artilugios en una estantería y libros antiguos de temáticas de alquimia, metafísica, nigromancia... pero esto entraba dentro de lo normal en un Knive.

—¿Con quién hablabas? —repitió Denzel, volviendo a mirar seriamente al niño.

—Yo... Con nadie, maese taimu —respondió nervioso, porque aún no entendía ni esta repentina visita ni la actitud fría que mostraba—. Es mi majin. Un pequeño brote. Hago los ejercicios comunes para callarlo y apaciguarlo.

—¿Y cómo te está funcionando?

—Bueno... acabáis de aparecer dándome un susto, y ahora me domina la sorpresa más que mi majin.

—Tu grado actual —le pidió Denzel.

—El... el quinto.

—Frecuencia de brotes.

—Muy pocos... pese al quinto grado... Tengo mayor control que otros iris por razones obvias. Ahora estaba padeciendo uno... el segundo en un mes.

—Intensidad.

—La propia del quinto grado. Pero mis ejercicios de control son eficaces. Sigo todos los consejos de mi padre. No he tenido mayor problema desde mi conversión en iris. Alvion está muy vigilante conmigo, maese taimu, os lo aseguro. Reconozco que ser un Knive iris es algo nuevo para todos, incluso para mí.

Denzel se quedó callado, guardando un silencio opaco. Jannik sentía sus ojos mirándolo detrás de esas gafas negras muy fijamente. No sabía qué estaba pasando y por qué este interrogatorio. Aunque Jannik no era nada ignorante sobre la desagradable historia que había entre los taimu y los Knive desde hace siglos. Pero se supone que eso es agua pasada, más incluso con los Knive de la rama secundaria, que eran aliados de la Asociación y respetaban a los taimu tanto como a los Zou y a los iris y humanos buenos. Aun así, Jannik, que había crecido en el Monte Zou, siempre había notado que Denzel aún guardaba cierta aversión por el apellido Knive.

—¿Hay algún problema, señor Shakespeare? —preguntó tímido el niño.

—Es “señor Sanders” ahora, en esta época y lugar —le corrigió—. Y sí, hay un problema. Has quebrantado la norma, Jannik.

—¿Eh?

—Le has dado un talismán a Clover Saehara.

—¿Un...? —se sorprendió por cómo lo sabía, pero cayó en la cuenta que fácilmente Denzel podía haberlo visto en el recinto escolar—. Bueno... no es un talismán, es un amuleto...

—Lo mismo.

—Maese taimu, ¡no es lo mismo! —se defendió—. El talismán provoca efectos de la mente al plano real y el amuleto bloquea los efectos del plano real a la mente...

—Cualquier artilugio fabricado por los Knive, ¡está estrictamente prohibido que cualquier persona no Knive los coja o incluso los toque! —le interrumpió Denzel, enfadado—. ¿Por qué le has dado ese artilugio a la hija de Raijin? —dio un paso hacia él.

—P… para protegerla… —dio un paso atrás, estremeciéndose.

—¿De qué?

—De las malas energías...

—¿Sí? ¿Y por qué las malas energías acecharían a una simple niña humana de 5 años? Para necesitar un talismán, deben de ser energías muy importantes. ¿Por qué Clover necesita algo así?

—No puedo...

—¿Qué?

—No puedo decíroslo, maese. No es mi potestad. No tengo derecho. Sólo Clover decide si lo quiere decir...

—Jannik —lo calló tajante, viendo que el niño no estaba respondiendo claro cuando era su obligación obedecer a un superior. Entonces, levantó su mano derecha, mostrándole al niño el dorso, para que viera el anillo dorado en su dedo—. ¿Sabes qué es esto?




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