2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 2: El descubrimiento_
56.
Gemelos tenaces
Media hora después, un policía salió corriendo de una de las salas de interrogatorio de la Comisaría Central.
—¡Aaah! ¡No lo soporto! —gritó por los pasillos.
Hatori pasaba por allí, llevando bajo el brazo un sobre donde había metido algunas fotografías recién impresas de las imágenes del vídeo del callejón donde Fuujin aniquiló a doce personas. Al cruzárselo, lo detuvo en seco. El policía, un hombre fornido como un armario, ahora parecía un pobre niño muerto de miedo.
—¿Qué ocurre? —preguntó Hatori, sereno.
—Señor... No puedo con ellos... no puedo... Van a volverme loco.
—¿Quiénes?
—Un par de críos extranjeros que acaban de ser detenidos por conducción temeraria —contestó, secándose la frente—. Estaba interrogándolos, cuando empezaron a hacer ese juego diabólico, hablando los dos a la vez... Agh... Me aterrorizan. Se empeñan en hablar en inglés, pese a que entienden japonés perfectamente. Pero es que además son… tienen… no sé cómo explicarlo… ¡Tienen algo raro! ¡Parecen demonios! Necesito despejarme.
El agente se metió por una puerta del pasillo, el lavabo de hombres, para recuperar la compostura. Hatori frunció el ceño y miró a su alrededor, buscando a cierta persona, a la cual encontró doblando una esquina de los pasillos.
—Agente Willers —la llamó.
Sarah se paró en seco a pocos metros de él, tensa. No esperaba encontrárselo de repente.
—¿Señor?
—El inglés es tu lengua materna y tienes buena maña con los rebeldes extranjeros. Ocúpate de los detenidos de la sala 8. Conducción temeraria. Posiblemente menores de edad. Si tienen alguna relación con terrorismo o tráfico internacional, encárgate con tu gente del FBI, como siempre.
—Sí, señor —contestó, inclinándose un poco.
Hatori dio media vuelta y se metió por otro pasillo. Sarah dio un suspiro. Ya se había encontrado con él cara a cara muchas veces, pero no podía evitar seguir poniéndose tensa. Y lo mal que lo pasaba teniendo que mostrarse obediente y respetuosa hacia él, con lo que lo odiaba, y esa impotencia por el hecho de no poder matarlo ahí mismo... Cada cosa a su tiempo, pensó, mientras abría la puerta de la sala 8.
—¡Ah! —exclamó con susto al toparse con la cara del revés de un chico en la puerta.
Este ladeó la cabeza y sonrió. Estaba colgado bocabajo de una repisa sobre el marco de la puerta, así que se bajó con una voltereta, al mismo tiempo que su hermano se levantaba rápidamente de la silla junto a la mesa, y ambos, colocándose rectamente frente a ella como soldados, le hicieron una cortés reverencia. Sarah se quedó patidifusa, pero más cuando los dos le cogieron delicadamente una mano cada uno y la rozaron con sus labios como verdaderos caballeros. Eran idénticos, dos jóvenes de rasgos parcialmente asiáticos y cabello castaño oscuro, con el mismo corte, solo que uno tenía el flequillo echado a un lado y el otro lo tenía echado al otro lado.
—Lady... —la saludaron, guiñando un ojo—. So beautiful...
—Eh... —balbució Sarah—. ¿Habláis inglés?
—Somos medio británicos —contestó uno de ellos.
—¿Podéis sacarnos de aquí, damisela? —preguntó el otro.
«¿Me la intentan jugar o qué?» se mosqueó la mujer.
—No intentéis manipularme —les dijo con enfado—. Sentaos ahí ahora mismo.
Los dos idénticos hermanos dieron un brinco juguetón y obedecieron al instante, sonriendo como inocentes niños y quedándose quietos. Sarah sacudió la cabeza para recuperarse de la extraña escena y se sentó en la silla que estaba al otro lado.
—A ver, temerarios, ¿eh? Lo primero de todo, ¿qué edad tenéis?
—17 años —contestaron a la vez.
—¿Y vuestros nombres?
—Lu Kai —contestó el de la derecha.
—James —contestó el de la izquierda.
—Apellido —les pidió Sarah.
—Shakespeare.
Sarah se quedó muda un momento.
—Ya… —dijo con sarcasmo—. A ver. Necesito diferenciaros de alguna manera para saber con quién estoy tratando sin que me la juguéis.
—Sí —dijo Lu Kai, levantándose de la silla—. Yo tengo un bonito y pequeño lunar en el culete, y James no, mire... —fue a bajarse los pantalones bajo el qipao.
—Eh, eh, vale, déjalo —se apuró Sarah.
Lu Kai se encogió de hombros y volvió a sentarse. Sarah cogió un poco de aire. Desde luego daban algo de desesperación.
—¿Cuál es vuestra nacionalidad?
—China. Pero somos mestizos medio británicos, como le dijimos.
—¿Y qué le habéis hecho al policía que estaba aquí antes?
—Oh, nimiedades, lady —contestó James, haciendo aspavientos—. Debe ser que ese hombre no aguanta bien las bromas de hermanos gemelos.
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Editado: 24.04.2026