2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 2: El descubrimiento_
57.
Lo que Denzel calla
Link, meciéndose la barba, al lado de Denzel, observaba pacientemente la absurda pelea de sus hermanos, manteniéndose ahí al margen junto a la mesa del comedor.
—Me niego a creer que echases de menos esto —le comentó Link cuando vio que su padre tenía una sonrisa nostálgica en la cara.
—¿Te refieres a los momentos más insoportables, estresantes y problemáticos que me hacíais pasar? —Denzel lo miró sin borrar esa sonrisa—. Vendería mi alma por volver a vivirlos todos otra vez.
Link no dijo nada, pero le entristeció oírle decir eso, doscientos años después de esa vida que dejó atrás. Luego observó discretamente el anillo que Denzel llevaba en su dedo. Sabía que no era otro anillo, que seguía siendo el mismo con el que se casó con su madre. No se lo había quitado en dos siglos.
—Padre… Desde que llegué aquí, hay una pregunta que no ha parado de rondar por mi inmenso cajón de la curiosidad, pero… no sé si podría molestarte que te lo pregunte…
—No —respondió Denzel.
—¿No qué?
El taimu suspiró y lo miró.
—No he vuelto a casarme ni he tenido más hijos desde que vosotros y vuestra madre fallecisteis.
—Pero… ¿No has estado siquiera con más mujeres…?
—Sí, he estado con algunas mujeres. Pero no. No he vuelto a casarme ni a formar ninguna nueva familia. —Denzel empezó a mostrarse incómodo con esta conversación, algo que creía que podía evitar, pero estaba viendo que no. Se sentó en una de las sillas de la mesa del comedor y se pellizcó el entrecejo.
Link se agachó, apoyando una rodilla en el suelo frente a él, para mirarlo a los ojos con una lástima que Denzel ya se esperaba pero que no quería recibir.
—Dime que es porque no has querido, y no porque padeces un miedo tan grande que te oprime esa opción.
—No vamos a hablar de esto, Link.
—Padre —insistió el fornido hombre, posando una mano en la rodilla del taimu—. Es solo que… desde que nos encontramos aquí… estoy viendo algunas cosas que me preocupan.
Denzel al principio no entendió a qué se refería. Pero miró esa mano. Y la súplica en los ojos de Link.
—¿Sobre mí? —se sorprendió el taimu—. ¿Pero qué es esto? ¿Tú también desconfías de mí, como James y Lu Kai?
—Jamás dudaría de ti. Pero… —Link miró para los lados, incapaz de saber cómo explicárselo adecuadamente—. Hah… —suspiró—. Padre… escucha… si necesitas ayuda…
—Detente ahí —lo calló Denzel, poniéndose en pie de pronto.
Su voz y su mirada se tornaron tan repentinamente severas que Link cerró la boca y no dijo nada más. Aun así, ya se lo esperaba. Su padre siempre había odiado hablar de ese tema. Y la idea de pedir ese tipo de ayuda, siempre la había evitado, y no por orgullo, sino por rabia. Link se resignó a obedecer respetuosamente y también se puso en pie, cabizbajo. Denzel llegó a mostrar un leve gesto de duda, porque sabía que Link tenía sólidas razones para preocuparse, y también el deseo de ayudarlo de corazón. Pero no quería admitir que, para empezar, sí tenía un problema, desde hace mucho, mucho tiempo, y que se estaba haciendo claramente visible ahora, con el suceso de este salto en el tiempo de “los ocho”.
Denzel aún estaba aprendiendo todo lo que conllevaba ser un taimu. La vida de un taimu era todavía algo desconocido y que estaba conociendo de primera mano por su propia experiencia. No podía tomar de referencia al resto de humanos, o a los iris o a los Zou, porque ellos seguían siendo seres diferentes. Él conocía qué tipo de vida solía tener el resto de personas, limitadas a cien años o menos, y los sufrimientos que cabían dentro de ese corto tiempo. Pero cuando uno estaba programado para vivir al menos unos 800 años, ¿qué tipo de vida, de sufrimientos, de experiencias y de emociones podía esperar conocer al paso de tantos años? ¿Y cuántas veces?
La única persona de referencia que tenía era Agatha. Por supuesto, ella había tenido otro tipo de vida y otro tipo de decisiones. Ella se había casado nueve veces y había tenido nueve familias. Y había traído a la vida a 28 hijos, a los que después había tenido que enterrar. Denzel la había visto destrozada nueve veces. Lo que no podía comprender, era que, si ella sufrió tanto crear como despedir a una primera familia y luego a una segunda familia, ¿qué la empujaba a repetir una tercera, cuarta… novena vez? ¿Por qué siguió creando familias sabiendo el dolor que venía después de que su tiempo se acabara?
Hace tiempo que Denzel se aferró a la creencia de que Agatha era tan diferente de él como el resto de seres. Nunca se apoyó en ella o buscó respuestas en ella, porque estaba convencido de que él y Agatha no eran iguales. Empezando por cómo ambos fueron creados. Agatha no estaba hecha de células humanas naturales, sino de una mezcla de energías y materia orgánica que las imitaba en apariencia y funcionamiento. Ni siquiera tenía sangre. Lo que corría por sus venas era energía Yin que cumplía la función de repartir oxígeno y nutrientes a sus células orgánicas artificiales –lo cual también le permitió gestar bebés en su útero artificial–, y energía Yin al resto de su materia no orgánica.
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Editado: 24.04.2026