2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 2: El descubrimiento_
58.
Breve visita informativa
¡Patam! Alguien aterrizó de repente sobre la repisa de la ventana, causando un ruido tan fuerte e inesperado que Denzel dio un gran brinco, se chocó contra el mueble que había al lado de la ventana y casi se cayó al suelo. Pero se repuso, con una mano en el pecho, encontrando los ojos plateados y la enorme sonrisa maquiavélica de ese chiflado ahí, de cuclillas sobre la repisa, saludándolo con la mano al otro lado del cristal. Iba elegantemente vestido con traje, corbata y un largo abrigo de tela, por lo que seguramente venía directamente desde su empresa.
—¡Pero...! —gruñó Denzel, abriendo la ventana, y el otro pasó adentro—. ¿¡Qué te he dicho sobre entrar por mi ventana!?
—Qué de gente hay aquí, ¿no? —se sorprendió Neuval, mientras se quitaba la bufanda y observaba al resto.
—¡Ahh! —Naminé dio un respingo desde la mesa del comedor y lo señaló con el dedo—. ¡El francés guapo de ayer!
—¡Ahh! La taimuki peleona —la imitó Neuval.
—¿Qué? Pero... —Owen se acercó a ellos y se asomó un momento por la ventana, pero Denzel la cerró enseguida porque entraba bastante frío—. ¿Cómo ha “caído” sobre la ventana? No ha venido saltando desde abajo... ¡Dioses! ¿¡Es que usted puede volar!? —le preguntó con ojos como platos.
—¿Vosotros no? —bromeó Neuval.
—¡Hey! Gracias por ayudarnos ayer —lo saludó Link desde la mesa.
—¡Haha! Guau... Nunca había visto tantos taimuki en una habitación desde que conocí a Yong y a sus hermanas —se les acercó Neuval, celebrando verlos sanos y salvos—. ¡Aquí están! —señaló a los gemelos sentados a la mesa con las bocas llenas de comida—. Sarah acaba de contármelo, que ha encontrado a estos dos chicos. ¡Qué buena noticia! —miró a Denzel.
—Sí, desde luego —dijo este, apoyándose contra el respaldo del sofá del salón y cruzándose de brazos—. Una buena noticia para las víctimas del caos que han ocasionado esta tarde...
En ese momento, Naminé se levantó discretamente de su silla y fue rodeando la mesa, acercándose disimuladamente a Neuval.
—Qué curioso, habla usted un chino perfecto —le dijo James—. ¡Más incluso que un nativo!
—Raro, viniendo de un europeo —dijo Lu Kai—. Y solemos tratar con muchos.
—Técnicamente soy hongkonés —dijo Neuval—. Y francés. Es una larga historia. Encantado de conoceros, James y Lu Kai, ¿verdad?
—¡Uh! ¡Ay! —gritó Naminé de repente, fingiendo que se resbalaba y se caía justo al lado de Neuval.
Como era propio de los reflejos de un iris, él la sujetó a tiempo antes de que cayera al suelo, y Naminé se quedó ahí, en horizontal, colgando de sus brazos.
—Qué torpeza la mía, discúlpeme —dijo toda dramática, llevándose el dorso de la mano a la frente.
—No hay nada que disculpar —le sonrió Neuval, mirándola desde arriba.
Los otros chicos estaban contemplando la escena con caras de gran incredulidad por semejante teatro de su hermana, mientras que la cara de Denzel era de mosqueo.
—Qué brazos tan fuertes... —murmuró Naminé.
—Qué piel tan suave —respondió Neuval amablemente.
—Será posi-... ¡Ajem! —carraspeó Denzel fuertemente—. ¡Que estoy aquí! ¿Os importa? —fue hasta ellos y los separó enseguida—. Niña, compórtate, ¡que estás casada!
—¡Déjame alegrarme un poco la vista, padre! —protestó ella—. Sigo amando a mi marido más que a nadie, ¿pero acaso esas lentes que llevas no te dejan ver la evidencia? —cuchicheó, señalando a Neuval con las dos manos—. ¡Parece un dios!
—No te pongas así, viejo demonio, que ahora estoy con Hana y le debo toda mi fidelidad —se burló Neuval, mientras curioseaba por el salón, como buscando algo—. La cual, por cierto, se muere por conocerte.
—¿Qué? ¿Tu pareja? ¿Y eso por qué? —se extrañó Denzel.
—Porque desde que le hablé de tu existencia y de tu don, está fascinada con tu historia y con las grandes obras y hazañas que has hecho por el mundo y tu creación de las Técnicas y tal.
Neuval siguió merodeando por el salón, hasta que por fin captó con la vista la cartera negra que Denzel solía llevar al trabajo, reposando en una mesilla pequeña junto a una butaca en un rincón de la estancia. Estaba medio abierta y asomaba un taco de hojas en uno de los bolsillos.
—Mon Dieu! ¿Será lo que creo que es? —murmuró para sí mismo con emoción, corriendo hacia allá; se agachó frente a la mesilla, sacó todo ese taco de hojas y comenzó a revisarlas una por una.
—¿Qué haces? No tengo nada importante en esa cartera. ¿Se puede saber por qué has aparecido aquí sin previo aviso? —le preguntó Denzel pacientemente—. Dime que no te has metido en otro lío y vienes a que te salve...
—Nooo, estoy intentando portarme bien después del caótico día de ayer. Sólo quería consultarte una cuestión, respecto a las Técnicas, precisamente. Pero antes... ¿alguna novedad sobre tu caso familiar? —le preguntó, girándose para mirarlo un segundo.
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Editado: 24.04.2026