2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 2: El descubrimiento_
64.
El extraño asistente social
Cleven regresó a casa después de haber tirado la basura. Brey notó que venía bastante callada y seria, como muy sumergida en sus pensamientos, y le pareció raro, porque antes de salir de casa tenía el humor contrario. Al pasar junto al sofá, Cleven cogió la manta, que había estado colgando desordenadamente del reposabrazos y tapando parte de la mesilla que había al lado. Por eso, dejó al descubierto el aparato del teléfono fijo, y Brey divisó que tenía una luz roja parpadeando.
—Mierda… ¿Cuánto tiempo ha estado eso así? —se preguntó—. Cleven, ¿puedes pulsar ese botón amarillo, grande y redondo del teléfono?
Ella, dejando la manta a un lado, se acercó al aparato y señaló con duda dicho botón. Su tío asintió con la cabeza, entonces ella lo pulsó.
—“Tiene un mensaje, recibido a las tres y diez de la tarde” —declaró la voz femenina.
—Uy… eso fue hace como tres horas —dijo Cleven.
—“Reproduciendo mensaje” —dijo la voz del aparato, y se oyó un pitido—. “Hola” —habló una voz masculina—. “Llamo de las oficinas de la Seguridad Social, soy Kori Nakamura.”
Brey se levantó de la banqueta de un brinco y clavó una mirada tensa en el aparato, prestando toda su atención.
—“Este es un recordatorio para Brey Saehara de que la visita de la señorita Riku Ishida no podrá efectuarse el domingo por la tarde por asuntos personales. Por lo que, tal como se le informó por email el pasado jueves, la visita sigue en pie para hoy sábado a las seis y media de la tarde, y acudiré yo en sustitución de la señorita Ishida. Buenas tardes.”
—¿Riku Ishida? —saltó Cleven—. ¿Tu asistente…? ¡Ostras!
—¿¡Qué!? —exclamó Brey, agarrándose de los pelos—. ¿¡Qué cojones…!? ¿¡Pero cuándo…!? No puede ser…
Se fue corriendo hacia la mesa del comedor, donde tenía su ordenador portátil, y se metió en su correo electrónico a toda prisa. Lo que encontró no tenía sentido para él. Resulta que sí, que tenía un email recibido el pasado jueves de las oficinas de la Seguridad Social, informándole de que la visita de Riku del domingo se cancelaba y se sustituía por la visita de un tal Kori Nakamura el sábado por la tarde, y que, de no poder recibirla en la nueva fecha, lo comunicara a las oficinas.
Lo que no le cuadraba, es que el correo le aparecía como “leído”. Él no recordaba haber abierto y leído ese email. Pero si así aparecía, tenía que haber ocurrido en algún momento. Brey no veía otra explicación que la de haberlo pasado por alto. Seguramente, de tantas cosas que tenía metidas en la cabeza y tantas tareas y obligaciones y estrés y falta de sueño, debió de abrir ese correo junto con los demás de ese día y no prestarle atención. Lo mismo que el mensaje en el teléfono, que lo había recibido hace tres horas.
Por lo visto, lo habían avisado con tiempo, así que Brey tenía toda la culpa de haberse enterado a última hora. Esto le podía costar caro. Porque apenas faltaban unos pocos minutos para que llegara el asistente, y si veía algo que no le gustase… podía marcarlo como una falta grave y cumplir así su mayor peor pesadilla.
Brey saltó a lo depredador sobre Daisuke y lo agarró bajo un brazo. Un segundo después, voló hacia la mesita del salón y agarró a Clover bajo el otro, y subió las escaleras como un rayo, para ir a vestir a los niños con sus mejores galas y ordenar todo el piso de arriba. Cleven se quedó ahí paralizada en mitad del salón sin saber qué pasaba.
—¡Cleven, recoge y limpia! —oyó la voz de su tío desde la lejanía—. ¡Recoge y limpia…!
—¿¡Pero qué pasa!?
—¡Va a venir el asistente social y todo debe estar impoluto!
—Ahí va… —se alarmó la joven.
Unos minutos después, los cuatro ya estaban en el salón recuperando el aliento. Cleven había conseguido dejar el piso de abajo bastante decente y se había puesto una ropa más bonita, y Brey se había encargado de todo el piso de arriba, hasta de limpiar los baños, y de asear y vestir a los niños con camisa, blusa, falda y pantalón. No hacía ninguna falta vestirlos como si fueran a asistir a la coronación de un rey, no había nada de malo en que unos niños vistieran con ropas cómodas y poco elegantes en su casa, pero Brey no quería correr ni un solo riesgo.
—Tío… —jadeó Cleven, aprovechando que los niños se pusieron a ver la tele—. ¿Por qué tanta importancia… en dejarlo todo perfecto?
—Cualquier defecto o pega… —jadeó también—. Me quitarán puntos… Si… si me quitan todos los puntos…
No acabó la frase, y Cleven vio auténtico miedo y angustia en sus ojos.
—Pero… no serán tan estrictos como para restarte puntos si ven a los niños en chándal, o un cojín del sofá tirado en el suelo, o la mesa de comedor con algunos vasos sucios, ¿verdad? De hecho, eso sería pasarse de la raya y seguro que ni es legal.
—No se trata de eso —suspiró Brey—. Normalmente, esas nimiedades no son motivos para bajar puntos, pero mi caso es diferente, porque tengo que competir contra “otro lugar familiar mejor”.
—¿“Otro lugar familiar mejor”? —repitió ella—. Oh… ¿Te refieres… a que tienes que competir con los padres de Yue?
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Editado: 24.04.2026