Cleventine 2: Pasado y Presente [parte 2: El Descubrimiento]

2x74. Desconexión

2º LIBRO - Pasado y Presente

_PARTE 2: El descubrimiento_

74.

Desconexión

Los problemas en esa noche de sábado aún estaban lejos de acabar. En el Monte Zou, todo el valle dormía en una madrugada silenciosa y tranquila. Excepto los monjes que hacían turno de noche, en las salas de ordenadores del templo, conectados a todos los rincones del planeta, atentos a cada noticia, suceso, problema y misiones en curso que ocurrían por todo el globo, trabajando en seguir manteniendo la actividad de la Asociación en funcionamiento, una actividad que era estrictamente continua.

Al menos ellos hacían turnos para descansar, dormir, comer… El Zou que los dirigía no tenía ese lujo. Si tuviera a otros Zou a su lado repartiendo el trabajo, quizá. Pero Alvion se mantenía al pie del cañón, cargando con el peso por decimoséptimo año consecutivo. Cuando Yeilang tenía 16 años, fue cuando ya comenzó a ayudarlo y a tener un papel activo como Señor heredero. Y a pesar de que Yeilang se escaqueaba muchas veces a su cafetería de Tokio, siempre acababa haciendo un buen trabajo.

Un Zou podía sobrevivir sin comer o beber tanto tiempo que nadie había podido calcularlo, pero como mínimo un año seguro. Y sin dormir, el triple de tiempo que un humano. Aun así, incluso ellos tenían un límite, igual que tenían un tiempo límite de vida.

Alvion procuraba no pensar en eso, solamente en seguir cumpliendo su deber. Además, ya se lo dijo a Yako. Ya habían hecho preparativos. La Asociación iba a seguir activa tras su muerte, si bien con un funcionamiento algo diferente. Denzel y los monjes de mayor rango se encargarían de todo.

Por supuesto, la ausencia de un Zou iba a dar la vuelta a muchas cosas. Los taimu y los monjes iban a tener que arreglárselas para poder detectar los nacimientos de iris en distintas partes del mundo, localizarlos y rescatarlos a tiempo. Aquellos con majin iban a tener que depender de tratamientos especiales a manos de los monjes expertos en eso, como monk Knive, más lentos e ineficaces que el poder de un Zou. Y las misiones de gran calibre que combatían los conflictos más graves que surgían por el mundo –terrorismo, bandas grandes de tráfico de personas, armas, órganos o drogas, tensiones bélicas entre países, etc.– iban a tardar mucho más en organizarse a manos de los monjes, por muy preparados o expertos que fueran, porque ni todos juntos podían compararse con el cerebro de un Zou, que trabajaba a una velocidad sin igual.

En cualquier caso, hoy estaba siendo una noche igual de dura que otras miles para Alvion, nada del otro mundo. Pero esto no era motivo para monk Knive para no preocuparse por él. No es sólo porque monk Knive fuera su mano derecha dirigiendo el templo y las tierras Zou, era también porque el monje mantenía una promesa. Su gratitud y admiración por Alvion eran infinitas, estaba en deuda con él de por vida. Y juró servirle a él y a su estirpe hasta el fin de sus días.

Por eso, el danés se había levantado de la cama y vestido rápidamente nada más llegarle la noticia de que Alvion había tenido un nuevo vahído hace un rato. Ahora mismo estaba recorriendo el templo apresuradamente en dirección a lo más alto de la Torre Mayor, que era donde estaba el despacho del Zou y el Árbol de Lixue, acompañado por una joven monje novata, una muchacha nepalí y aprendiz suya, que había estado presente durante el incidente.

—Repetídmelo una vez más, Radha. ¿Le vino la señal de un brote grave de majin antes o después de lidiar con el paciente?

—Durante, fue durante —trató de explicarle la joven, sin parar de caminar por los pasillos, y suspiró con paciencia—. A ver. Estábamos teniendo problemas con uno de los pacientes más recientes que hemos recibido, que se volvió agresivo y descontrolado en mitad de la noche. El problema no es que amenazara con matarnos en cuanto abriéramos la puerta de su celda, es que amenazó con quitarse la vida si no lo soltábamos, y empezó a darse cabezazos contra la pared como loco…

»Alvion vino para encargarse personalmente del paciente. Abrió su celda y trató de calmarlo. ¡Y no se puede imaginar usted qué rabia me dio, diantres! —no pudo evitar expresar la muchacha—. Ese desagradecido criminal humano, ya ha recibido la visita de Alvion cuatro veces antes. Alvion siempre dirigiéndole palabras amables y pacíficas, tratándolo como si fuera un amigo… y va ese tipo y empieza a gritarle, a atacarlo y a insultarlo una vez más… No podía soportar ver eso, monk Knive, ¡pero los otros monjes que estaban ahí no me dejaban intervenir! Ni siquiera cuando ese miserable le escupió en la cara a Alvion dos veces, ¡dos! Y le golpeó varias veces, y le dio patadas, y cuando Alvion volvió a acercarse a él con la mano extendida, el tipo lo atacó con arañazos y más golpes…

“Paciente” era el término con el que llamaban a aquellos criminales humanos que los iris habían capturado en alguna misión, y que, debido a su peligrosidad y a su impunidad ante la ley humana por falta de pruebas o ignorancia de las autoridades humanas, eran llevados al Monte Zou para cumplir una condena justa por el crimen que habían cometido y una reforma para cambiar a mejor. No una reforma de pasar unos meses haciendo manualidades o leyendo libros en la biblioteca. Una reforma real de la mente, para reducir su energía Yin y aumentar su Yang mediante el aprendizaje de valores y experiencias a los que los sometía Alvion. El fin no era obligarlos a ser buenos si querían ser liberados; era que ellos mismos eligieran el bien por genuino deseo.




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