2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 2: El descubrimiento_
78.
Traición
La paciencia de Drasik pareció terminarse, volvió su rabia, su enfado, y esos incesantes fogonazos en su cabeza, esas visiones tan incomprensibles, breves, fugaces, de su infancia, de sí mismo haciendo cosas, sabiendo cosas… De sí mismo adentrándose en cada catástrofe, en cada grieta, junto a una Cleven pequeña con la que solía conversar de cosas prohibidas, de dioses, de dones especiales… de guiar a todos hacia el camino del gran cambio…
—¡Aaah! —gritó exasperado, agarrándose la cabeza—. ¡Dámelo de una vez, Kyo! ¡Devuélvemelo, lo necesito…!
—Dras…
El Ka no sabía qué hacer, intentó analizar la situación como un iris para dar rápidamente con la mejor respuesta o solución, pero temió de verdad que su amigo hubiese sucumbido a su majin definitivamente, sobre todo cuando Drasik de repente miró hacia él con unos ojos inyectados en cólera… o no sabía si era más bien de alarma… En todo caso, vio que el Sui echó a correr hacia él con una clara intención agresiva, preparando las manos para atacarlo con todas sus fuerzas.
Fue una imagen tan desgarradora para él que Kyo se quedó bloqueado. Entonces, Drasik lo agarró bruscamente de un brazo y del cuello de su abrigo, pero no para golpearlo, sino para echarlo a un lado. Un segundo después, Drasik alzó las manos con el fin de parar lo que venía, pero recibió el impacto de un coche que había sido lanzado por el aire hacia ellos. Kyo vio a su amigo siendo embestido por el vehículo y arrastrado a varios metros de distancia.
—¡Drasik! —se asustó.
Todos los tipos de iris tenían por defecto, como mínimo, el doble de fuerza que el humano más fuerte del mundo. Pero dentro de los iris, los Sui no eran de los más fuertes, aunque sí de los más ágiles. Kyo volvió a recuperar la respiración cuando vio que Drasik, apresado bajo el vehículo, levantó el coche con los brazos y lo volcó a un lado para quitárselo de encima. Seguidamente, se puso en pie, apenas con un par de rasguños, pero con los pantalones rasgados por una pierna.
Sin embargo, quedaba la pregunta de qué demonios acababa de pasar, y a Kyo no le dio tiempo a hacérsela. Primero, vio que Drasik volvía a correr hacia él a una velocidad que nunca había visto en él, y un instante después un torbellino de agua envolvió el cuerpo de Kyo de hombros para abajo y se solidificó en un parpadeo, dejándolo apresado en una coraza de hielo que seguía sin saber de dónde había salido.
Antes de que el frío de ese hielo comenzara a quemarle, Drasik aterrizó justo a su lado al tiempo que hacía un movimiento veloz con los brazos, haciendo que la coraza que aprisionaba a Kyo volviera de nuevo a convertirse en agua líquida, la cual Drasik redirigió contra el adversario que la había enviado. Kyo apenas tuvo medio segundo para ver de reojo la figura de alguien recibiendo ese impacto de agua y estrellándose contra el muro de ladrillos de la fábrica. Drasik se quedó a su lado, mirando hacia ese lugar, alerta.
Todo había pasado tan rápido que Kyo estaba atónito. Creía que Drasik iba a atacarlo, pero lo que había hecho había sido protegerlo de recibir el impacto de ese coche, recibiéndolo él en su lugar. Y, aun así, Drasik se había repuesto a una rapidez pasmosa, corriendo de regreso hasta Kyo antes de que este recibiera el ataque del agua. Pero un instante después de quedar apresado entre el hielo, Drasik ya estaba preparado para liberarlo de él y usarlo de vuelta contra el atacante.
El joven Lao por fin parpadeó al asimilar la situación. La verdad, todas las veces que había visto a Drasik pelear, siempre había sido de manera amistosa con él, o con Yousuke en el pasado u otro compañero iris. Kyo se dio cuenta ahora de lo mucho que Drasik se contenía en esas peleas amistosas. Contra un enemigo real era diferente y esta seguía sin ser la décima parte de su auténtico potencial. Se sintió incluso avergonzado de sí mismo, por la gran diferencia en su capacidad de reacción y contraataque, que no había visto venir dos ataques. Pero tenía que recordar que eso de esperar, ya que él apenas lleva trece meses siendo iris, y Drasik llevaba siéndolo trece años.
—Cierra la mandíbula de una vez, Ka-chan, y ponte en guardia —le dijo Drasik, agarrándolo de un brazo y poniéndolo detrás de él, sin quitar la vista de aquel atacante que se estaba poniendo en pie otra vez junto al edificio de ladrillos.
—¿Qué acaba de pasar, quién nos ha…? —preguntó este, pero justo divisó algo—. ¡Sui-chan, mira!
Drasik miró a donde Kyo señalaba. Al otro lado de la calle, había otros dos iris, una Fuu y un Hosha, que cargaban en sus brazos con dos mujeres jóvenes maniatadas y con mordazas en la boca, que además vestían con antiguos ropajes chinos. Una de ellas, que debía rondar los 30 años, tenía un cabello negro muy corto, a la altura de la barbilla, y una vieja cicatriz de un corte desde la ceja hasta el pómulo. Su vestimenta era algo más masculina, llevando pantalón negro bajo su qipao largo de color rojo. La otra, casi diez años más joven, tenía un aspecto más femenino y delicado, con un largo cabello castaño oscuro decorado con un lazo azul celeste y un bonito qipao del mismo color con flores blancas.
«Dos humanas… capturadas por iris con majin» pensó Drasik, desconcertado, recordando el mensaje de Sakura. Le chocó tanto como a Kyo, porque era la primera vez que veían a iris bajo los efectos del majin realizar malos actos complejos. Esto parecía planificado, organizado, no un impulsivo acto violento.
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Editado: 24.04.2026