2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 2: El descubrimiento_
84.
Un sobre cerrado y una cucaracha
MJ se dio un susto cuando Yako entró de golpe en la cocina. Dejó de remover su famosa salsa casera para observar, sorprendida, cómo Yako cogía su abrigo y sus cosas, dando a entender que se iba.
—¿Qué ocurre? —le preguntó.
—Me voy a atender un asunto importante, haceos cargo de la cafetería en mi ausencia.
—E… Espera —trató de detenerlo—. Quería hablar contigo sobre algo. Ayer me dijiste que hoy tendrías tiempo.
—Lo siento, MJ, ahora no puedo.
—Pero… Yako…
Yako ya había salido y MJ se quedó con la palabra en la boca. «Nunca tienes tiempo» pensó malhumorada. Había estado varios días tratando de decírselo en clase o por la universidad, pero ni en la cafetería tenían descanso. Ya era tarde para decírselo, esperaba que esa mañana pudiera conseguirlo, pero al parecer todo estaba lleno de inconvenientes. MJ miró su reloj. Tenía planeado hacerlo hoy y, si no se ponía ahora a prepararse, no llegaría.
Apagó el fuego y dejó la salsa reposando. Era una buena hora para irse. Tantas semanas pensándolo y por fin se había decidido, harta de quedarse siempre en el margen. Y deseaba contárselo a Yako. Sin embargo, ya no había remedio. Cogió sus cosas y se dispuso a salir, pero justo entró Kain.
—Mmm… ¡Qué bien huele eso! —exclamó, observando la olla de la salsa—. Oh, ¿te vas?
MJ dio un largo suspiro, cerrando los ojos. Tendría que decírselo.
—Kain, me voy un tiempo.
—¿Qué? ¿Adónde?
—A… A visitar a mis abuelos en la Isla Shikoku, mi abuela se ha puesto enferma… y tal —se inventó—. Díselo a Yako por mí, a ver si tiene tiempo para ti.
—No, espera, espera… —se apuró—. No puedes irte. Si te vas, la cafetería se quedará corta de empleados. Yo también pensaba irme hoy, ahora.
—¿Adónde? —frunció el ceño.
—Mm… A… pasar un tiempo con los padres de mi prometida en Shizuoka —se inventó también—. Yo tampoco he podido decírselo a Yako. No sé, últimamente ha estado un poco raro.
—¿Tú también lo has notado? —se sorprendió, y Kain asintió—. Desde que volvió del Monte Zou, ha estado muy callado. ¿Crees que Alvion al final le dijo algo que le sentó mal?
—No sé… Pero a Yako no lo he notado molesto o enfadado, lo he notado como… triste. Y preocupado.
—Oh, no… ¿Y si algo va mal con su abuelo? ¿O con el Monte Zou? ¿Habrá pasado algo? ¿Y si los dioses los han puesto en problemas? Yako siempre habla mal de ellos, tendrá sus razones…
—Bueno, mira… —titubeó Kain—. Si tú te vas y yo también… Sam se lo dirá a Yako, entonces. Los demás empleados tendrán que sustituirnos.
MJ asintió y ambos salieron de la cocina, poniéndose los abrigos. Sam, que pasaba por ahí con una bandeja, les clavó una mirada recelosa.
—¿Significa esto que me quedo solo con todos estos clientes? ¿Un domingo?
—Eres un iris, ¿qué es un reto para ti? —se mofó Kain.
—Oye, Kain se va un tiempo con la familia de su prometida a Shizuoka y yo a Shikoku a visitar a mi abuela enferma —le informó MJ—. Díselo a Yako, yo tengo prisa.
—Y yo, adiós —dijo Kain, marchándose con ella.
Sam los siguió con la mirada, pensando que tenían un morro de oso hormiguero. Justo cuando salieron por la puerta, Kain se paró para dejar entrar amablemente a una chica afroamericana y ya se perdieron de vista. Sam vio que se trataba de Raven. Le extrañó un poco que viniera sola y no con Cleven o con Nakuru, pero le restó importancia y se metió detrás de la barra para recoger algunas tazas y platos.
No obstante, se percató de que Raven lo estaba mirando detenidamente desde la puerta. Decidió ignorarla, ya que eso era precisamente lo único que veía hacer a Raven; todas las veces que se la había cruzado en el instituto o había venido a la cafetería con Cleven o Nakuru, cuando él pasaba o estaba cerca, ella se quedaba absorta mirándolo.
La última vez fue el miércoles pasado, cuando se encontró con Raven y Nakuru en el patio delantero del instituto pasando el rato. Previamente, Kyo y Cleven también estaban con ellas, pero Cleven ya se había ido a casa a cuidar de los mellizos y Kyo se había ido afuera a reunirse con el viejo Lao, recibiendo el recado de transmitirle a Yako la orden de ir al Monte Zou a informar a Alvion sobre el asunto de Denzel.
Sam recordaba que, al salir del edificio y cruzarse con Nakuru y con Raven, estaba muy arisco y alterado. Recordó la razón. Ese día había vuelto a tener otra nueva visión de algo raro, un fenómeno o alucinación que Sam ya había padecido otras veces desde que era pequeño. Ese día, fue el hecho de ver un cuervo con una pata atrofiada en el aparcamiento del instituto a punto de ser arrollado por un coche, y cuando la rueda estaba ya a un centímetro de aplastarlo, el ave de pronto apareció a un lado, a casi medio metro de donde estaba antes, en un instante, en un microsegundo, y se salvó de ser arrollado.
#1479 en Fantasía
#774 en Personajes sobrenaturales
#744 en Thriller
#347 en Misterio
ciencia ficcion y accion, sobrenatural y misterio, drama familiar y romance
Editado: 24.04.2026