2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 2: El descubrimiento_
88.
Conflicto interno
Cuando Yako y Brey regresaron al rellano del quinto piso, todos seguían ahí, con las puertas de sus respectivas viviendas abiertas. Kyo y Eliam conversaban en la puerta de la vivienda de este último, ambos tratando de contactar con Drasik por el móvil; Agatha también estaba intentando llamar a alguien por teléfono, caminando de un lado a otro, cada vez más nerviosa; y Mei Ling estaba dentro de su casa, en el salón, con Daisuke.
Brey caminó directamente hacia la puerta abierta de la casa de los Lao. No podía pensar en otra cosa que en Daisuke llorando, asustado, sufriendo el primer trauma de su vida, lo cual, si ya era la peor pesadilla de un padre, más aún lo era para un iris nato.
Sin embargo, se frenó nada más cruzar la puerta, al ver en el salón una escena mucho menos trágica de la que esperaba. Daisuke estaba ya vestido, peinado y aseado. Estaba sentado encima de Mei Ling, abrazado a ella, con la cabeza sobre su hombro y los ojos cerrados, respirando con calma, mientras Mei Ling le acariciaba suavemente la cabeza y le cantaba en voz baja una nana típica en idioma chino.
Brey se quedó inmóvil en la entrada. Sin darse cuenta, se quedó absorto observándolos. Daisuke era huraño y gruñón con todo el mundo, incluso a veces con Agatha, dependiendo de su humor. Pero con Mei Ling nunca lo era. Con ella, siempre era el más dócil y amoroso del mundo. Bajaba todas sus barreras ante ella. Brey sabía que los mellizos le tenían mucho cariño a Mei Ling, pero esto era… algo más.
Por eso, de nuevo comenzaron a invadirle pensamientos intrusos. Para Daisuke, ante el suceso terrible que le había pasado a su hermana, Mei Ling era suficiente refugio. Y esto creó, o rescató, las viejas inseguridades que Brey había pasado los últimos años combatiendo: “Yo solo, ¿no soy suficiente refugio, no soy suficiente proveedor, protector o apoyo?”. Y entonces, esos pensamientos intrusos le respondían: “Claro que no eres suficiente. Han secuestrado a tu propia hija en tu propia casa mientras dormías tan tranquilo. Nunca fuiste suficiente para ellos. No están protegidos contigo, no están felices contigo. No sabes hacer esto bien. Nunca debiste quedarte con ellos”.
A raíz de eso, Brey recordó entonces las palabras que le dijo el asistente social de ayer, su teoría de elegir este camino sabiendo que hallaría sufrimiento en él. Brey ahora lo entendía. Esto había pasado por su culpa. Porque el secuestrador de Clover quería algo de él, alguna recompensa, o algún tipo de venganza o castigo. Si los niños hubieran crecido desde el principio con Norie y Joji, totalmente ajenos a la Asociación y con él fuera de la ecuación, seguro que nada de esto habría pasado, ahora estarían a salvo, y felices, haciendo cualquier plan de ocio de domingo.
«No… De nada sirve pensar en eso» se dijo en este momento. «Tengo que actuar en el presente. Puedo hacerlo, puedo hacerlo yo solo. Yue no está, así que tengo que poder hacerlo yo solo. Es mi deber, debo cumplirlo. Si no puedo cumplirlo… ¿para qué existo?».
—Daisuke —lo llamó desde ahí.
Tanto Mei Ling como el pequeño dieron un pequeño sobresalto. Daisuke se bajó enseguida del sofá y corrió hasta él, agarrándose a sus piernas.
—No la has encontrado, ¿verdad? —preguntó.
Brey fue a contestarle con la racionalidad de siempre, pero por alguna razón se le hizo un nudo en la garganta y no pudo. En lugar de eso, lo cargó en brazos y no dijo nada.
—Mei me ha enseñado una canción en chino, me la he memorizado, ¿quieres oírla? —preguntó Daisuke—. Mira, me ha ayudado a vestirme, yo he elegido la ropa, y me ha dado ramen insantan... sintantanio para comer. Estaba muy rico, no tan rico como el ramen que cocinas tú, pero estaba rico.
—Lo siento —le dijo Mei Ling a Brey, acercándose a ellos, con una sonrisa apagada—. Ya sabes que cocino de pena, no quería arriesgarme a preparar algo casero y que al final acabase con la tripa revuelta…
—No tenías que haber hecho nada de esto —objetó Brey. Su tono molesto sorprendió a Mei Ling—. No te lo he pedido, no es tu responsabilidad.
Ella al principio no entendió a qué venía esa actitud. Pero luego sí. Cualquier otra persona lo tacharía de desagradecido y se enfadaría, pero Mei Ling ya conocía a Brey, prácticamente desde que nació, y sabía cómo era, cómo funcionaba. Podía verlo claramente en sus ojos. No estaba enfadado o molesto con ella; estaba enfadado consigo mismo. Mei Ling comprendía su posición. Él ahora se sentía una mierda. Y a los iris, ya por naturaleza, les daba alergia pedir ayuda a los humanos, porque eso, para ellos, era lo mismo que molestar o causar problemas a los humanos, y esto era intolerable, como si un médico le causase una enfermedad a un paciente en lugar de curársela.
—Lo siento —le dijo Mei Ling finalmente.
—¡No! —intervino Daisuke—. Mei no ha hecho nada malo, papá, no te enfades con ella.
Claro que, hacer sentir mal a un humano sin merecerlo, también era intolerable para los iris. Por eso, Brey se sintió aún peor, al ver que quizá se estaba pasando de rudo con alguien que, al final, le había hecho un gran favor. Estaba en conflicto consigo mismo, no sabía qué decir o cómo actuar. Lo único que quería seguro era estar tranquilo, y solo, encargarse de Daisuke sin ayuda de nadie y que le dejasen en paz. Todo era abrumador ahora mismo. Y eso Yako lo percibió; se llevó a Brey consigo.
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Editado: 24.04.2026