Cleventine 2: Pasado y Presente [parte 2: El Descubrimiento]

2x89. La auténtica asistente social

2º LIBRO - Pasado y Presente

_PARTE 2: El descubrimiento_

89.

La auténtica asistente social

No pasó ni siquiera media hora cuando Eliam, que estaba frente a los ventanales de su salón observando la ciudad en silencio con un mate entre las manos que ya se le había quedado templado, se pegó el susto de su vida cuando apareció Drasik dándose un porrazo contra el cristal, rebotando y quedándose medio muerto en el balcón. Eliam dio tal bote que se cayó de espaldas y se derramó todo el mate por encima. Un segundo después, Drasik resucitó, se puso en pie y, con un chichón en la frente, abrió rápidamente la puerta corredera del balcón y pasó adentro con prisas.

—¿¡Por quééé!? —fue lo único que preguntó Eliam desde lo más profundo de sus pulmones, con la cara y el pelo empapados y llenos de yerba.

—¿¡Qué estás haciendo!? ¡Limpia ese estropicio! ¡Corre! —le dijo Drasik, mientras el chichón de su frente desaparecía en tres segundos por efecto del frío que producía su ya helada piel.

—¡Pero vos, tremendo renabo, ¿dónde demonios estabas?! ¿¡Por qué no respondiste nuestras llamadas!?

—¡No hay tiempo! —fue de un lado a otro recogiendo vasos de la mesa del salón, papeles del comedor, etcétera.

—¿¡Tenés idea de lo que le pasó a Raijin!? —insistió su hermano, levantándose del suelo.

—¿Qué, volvió a casa rebuznando rayos y truenos y quejándose sobre mí? ¡Novedad! —dijo con sarcasmo.

—¡No, Dras, esto es serio…! ¡Dras, ¿qué estás haciendo?! ¡Escuhame de una vez!

—¡Eliam! —se giró hacia él, mirándolo con ojos muy abiertos y sus pelos de loco—. ¡La asistente! ¿Recuerdas? ¡Está llegando ahora mismo! La vi desde la lejanía de milagro, ¡casi no llego a tiempo! Si no hubiera hoy tanto helicóptero volando por la ciudad, habría llegado antes. Tengo que cerrar la puerta de mi laboratorio… —se fue corriendo escaleras arriba.

—Ohm… mierda…

Eliam se quedó paralizado, lo había olvidado. Miró el reloj de su muñeca, y frunció el ceño. No… no podía ser. Venía con media hora de antelación. Estas visitas periódicas solían durar entre veinte y treinta minutos y solían llegar a la hora exacta. ¿Por qué venir media hora antes?

«Mierda… No… espera… ¿No irá a…?» palideció Eliam, teniendo un mal presentimiento, y corrió hasta la puerta de la entrada y observó el rellano a través de la mirilla. «No, no, calma, tiene que venir acá, tiene la visita sólo con nosotros hoy…».

Pero Drasik y Riku no eran los únicos que llegaron. Cleven dobló la esquina de la calle. Iba mirando al suelo, meditabunda. Había pasado un buen rato con sus compañeros de natación, pero en todo el camino de regreso no había podido parar de darle vueltas otra vez a lo que había visto esa mañana. Drasik conduciendo el coche de su tío ilegalmente, tramando algo entre los dos, su tío esfumándose en el aire como un rayo… Seguía sin estar segura de haberlo imaginado, pero gran parte de ella estaba segura de que no, que sus ojos habían visto lo que habían visto.

No obstante, algo llamó su atención. Reconoció desde la distancia una figura familiar entrando en ese momento por el portal de su edificio y dio un respingo de sorpresa.

—¡Ah! ¡Riku! —intentó alcanzarla, pero esta ya se había metido en el ascensor.

«¿Qué hace Riku aquí? ¡Si ya vinieron ayer a sustituirla! ¿Tiene visita con otra vivienda de aquí?» pensó Cleven. El otro ascensor también estaba ocupado por algún otro vecino, por lo que no tuvo más remedio que subir por las escaleras a toda prisa.

Cuando Eliam vio la puerta de uno de los ascensores abrirse, se cumplió lo que más temía. Riku, con su largo abrigo elegante y formal, su bolso y su carpeta en el brazo, se encaminó directamente hacia la puerta de Brey. En ese instante, Cleven llegó al quinto piso, sofocada, pero se detuvo antes de subir el último tramo y se asomó por la esquina de la pared, manteniéndose escondida, sin entender por qué Riku estaba ahí llamando ahora mismo a la puerta de su tío.

Dentro de la vivienda B, Yako, Brey y Daisuke se sobresaltaron al oír el timbre.

—Debe de ser Cleven —dijo Yako.

—Cleven tiene sus propias llaves —se extrañó Brey.

—¿Se las ha podido dejar? O quizá sea Mei o Eliam. Tranquilo, yo me encargo, quédate aquí con Dai. Si es Cleven, yo se lo explico.

«¡Ay, no!» pensó Eliam al ver aquello por la mirilla, y abrió su puerta rápidamente.

—¡Señorita Ishida, esper-…!

Pero no llegó a tiempo, porque Yako ya abrió la puerta de Brey.

—Oh… —Yako frunció el ceño al toparse con una desconocida.

«¡Anda! ¿Yako está en nuestra casa de visita?» pensó Cleven, observando desde su escondite.

—Buenas tardes —saludó Riku con una leve inclinación—. Soy Riku Ishida. Vengo a hacer la inspección. ¿Se encuentra Brey Saehara en el domicilio?

—¿Qué? —se horrorizó Yako.

—¡Señorita Ishida! —la llamó Eliam desde el umbral de su puerta—. Tiene la visita con Drasik y conmigo.

—Oh, hola, Eliam —lo saludó ella—. Sí, con vosotros tengo la visita dentro de media ahora, después de la de Brey.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.