2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 2: El descubrimiento_
91.
El enfado de Agatha
Ya era algo más de mediodía, y en la casa de Denzel sólo estaban Naminé y Owen, sentados en la mesa del comedor jugando una partida de ajedrez en silencio, y James y Lu Kai, arrodillados en el suelo junto a la mesita baja del salón, practicando su Poder de los Sellos, dibujando con sus pinceles de tinta pequeños animales varios en hojas de papel, algunos de los cuales habían cobrado vida, por lo que había pequeñas criaturas de tinta negra correteando o bailando sobre la mesa.
Algunas desaparecían por sí solas, se evaporaban cuando llegaban a su tiempo límite de existencia, que eran los 6 minutos, un tiempo sumamente inferior comparado con la media hora que podían durar las creaciones que dibujaba el brujo Zhen Yu, las cuales, además, adoptaban un aspecto hiperrealista al cobrar vida, mientras que las creaciones del Poder de los Sellos mantenían sus trazos de tinta.
En el comedor, Naminé estaba teniendo un tic nervioso en la pierna bajo la mesa. Sobre la mesa, procuraba estar calmada, con la barbilla apoyada en una mano, sin apartar una mirada inyectada de pura impaciencia de la mano de Owen, que estaba en medio de un movimiento de uno de sus peones, sosteniéndolo a unos milímetros sobre el tablero. Naminé no soportaba esta manía de su hermano menor. Owen ya sabía qué ficha quería mover y dónde moverla, pero siempre hacía ese gesto de cogerla y tardar una eternidad en colocarla en la nueva casilla, porque mientras lo hacía, se ponía a pensar en el siguiente movimiento, en lugar de primero colocar la ficha y pensar después.
La cara de Naminé ya era la de un basilisco. No pudo aguantarlo más. Miró fijamente la mano de Owen, y de repente el brazo del hombre se movió veloz, colocó la ficha en un instante y se acomodó contra el respaldo de la silla con la misma rapidez. Sin embargo, Owen frunció el ceño.
—¿Qué diantres…? ¿¡Me acabas de dar un acelerón!? —le gritó a su hermana.
—No.
—¡No mientas! ¡He visto cómo tus ojos parpadeaban con lentitud mientras colocaba mi ficha, eso significa que has acelerado el tiempo del movimiento de mi cuerpo!
—¡Sólo son tres segundos, Owen! ¡No te puedes pasar un minuto entero con la ficha colgando de tus dedos si ya sabes dónde la vas a poner! ¡Así no me dejas iniciar mi siguiente movimiento, me haces esperar para nada!
—¿¡Cómo te sentaría a ti si uso mi poder espaciotemporal sobre ti!? ¡Fíjate! —Owen miró una de las fichas de su hermana, y tal ficha se deslizó por sí sola tres centímetros sobre el tablero hacia otra casilla—. ¿¡A que fastidia!?
—¡Eso que acabas de hacer es trampa! ¡Yo no hago trampa al acelerarte un movimiento que ya vas a hacer!
—No se puede jugar al ajedrez con esa impaciencia, ¡eres como una niña!
—¡Tenme el debido respeto, te saco cinco años de edad! Voy a empezar a hacer lo mismo que tú haces, a ver si no te desquicia, ya verás…
En ese momento, Denzel y Link llegaron a casa. El ruido de la puerta y de las llaves cayendo en la bandeja sobresaltó a los cuatro taimuki del interior.
—¿Qué p…? —se extrañó Naminé, levantándose de la silla del comedor—. Sé que es raro preguntar esto, pero ¿por qué has usado la puerta ahora si llevas todas las veces apareciéndote directamente aquí? —le preguntó al taimu, pero Denzel pasó de largo, yendo directamente a la mesilla del salón.
—Ha intentado teletransportarse conmigo aquí, pero no le ha salido —le respondió Link, dejando su abrigo y su bufanda prestados sobre la mesa del comedor.
—¿Que no le ha salido? —repitió perpleja.
—Parece que la Corriente del Tiempo está teniendo algunas… interferencias, por así llamarlo. No sabemos si eso es consecuencia natural del nudo latente o si hay alguien provocándolas.
—¿La supuesta taimu?
—Es difícil de saber. Y por desgracia, no hemos dado con ninguna mísera pista sobre nuestras hermanitas. Si Robin decidió por sí mismo irse por su cuenta, lo más seguro es que esté escondido en algún lugar. Pero Chris y An Ju ya deberían de habernos encontrado.
—Si a ellas también las han estado persiguiendo iris enfermos como nos ha pasado a nosotros, no tienen manera de confiar en nadie de la Asociación para preguntarles sobre padre o cómo encontrarlo —suspiró Naminé con pesar.
—Padre tenía la esperanza de encontrarlas hoy —lamentó Link, mirando al susodicho—. Va a perder la cabeza.
—¿Qué habéis hecho con mi mapa? —Denzel se puso a apartar las hojas con las que los gemelos habían atestado la mesita—. Quitad estos bichos —fue vaporizando los dibujos vivientes abanicándolos con la mano y rescató el mapa desplegado de Tokio de debajo de tantos papeles—. Como vea que habéis pintado en él, os comeré.
—No hemos tocado tu dichoso mapa —refunfuñó James, salvando sus dibujos antes de que cayeran por el suelo.
—Cuidado con esos comentarios, podríamos creer que nuestro padre de cuatro siglos lo dice de verdad —le espetó Lu Kai.
—¿Por qué crees que os estoy dando tanta comida estos días? Os estoy cebando —siguió Denzel con el sarcasmo, mientras revisaba las zonas del mapa donde ya había investigado y las marcaba con un lápiz.
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Editado: 24.04.2026