2º LIBRO - Pasado y Presente
_PARTE 2: El descubrimiento_
97.
Demasiado que digerir
Con la revelación del regreso de Izan se había estado oliendo la preocupación. Con la revelación aún inconclusa sobre los dioses del Yin, se olía el auténtico miedo. Porque no era lo mismo, en absoluto, enfrentarse a un arki como enemigo que enfrentarse a unos dioses. Con el primero tenían posibilidades; con los últimos, no.
Y Neuval volvió a notarlo. Un silencio especial, proviniendo de Agatha. Mientras los demás hablaban y se movían, estaba ella, estática en su silla, con los ojos medio abiertos, apuntando hacia él. Otra vez, esa mirada de sus ojos ciegos, viendo algo que sólo ella sabía. Otra vez, mirándolo a él, a Neuval, con un temor contenido, un nudo en la voz.
Era la segunda vez en esa tarde. Neuval no había olvidado ese breve momento de antes, en la casa de Brey, cuando Yako discutía con Agatha que los dioses nunca harían daño a los taimuki como castigo a ella y a Denzel por no solucionar el nudo latente, diciendo que los dioses no tienen la capacidad de ponerle la mano encima a los humanos libres. La anciana entonces replicó que sí podían hacerlo si enviaban a… Nunca terminó esa frase. Pero miró a Neuval en aquel preciso instante, un gesto demasiado raro que ahora mismo estaba volviendo a manifestar.
Por eso, Neuval empezó a sentir algo incómodo. Una terrible sensación. Lo que quiera que Agatha callaba con tanta fuerza, tenía que ver con él. No lo entendía.
—Mierda… —murmuró Drasik entonces, acordándose de algo de repente, y alzó la cabeza, y su voz—. ¡Tengo algo que decir! ¡Escuchad un momento! —pidió a todos, y los demás guardaron silencio y lo miraron con un interrogante—. Hay algo… algo jodidamente raro que dijo el cabrón de Kaoru anoche mientras me enfrentaba a él. Le pregunté si era de verdad Izan aquel de quien seguían órdenes. Le exigí que lo confesara. Pero me contestó algo diferente, algo que no le encuentro sentido. Se rio cuando le hice esa pregunta, y dijo que un arki no era lo suficientemente poderoso para darles lo que ellos deseaban.
—¿Qué te dijo exactamente? —preguntó Neuval.
—Dijo: “Ahora servimos a otros Señores. Más poderosos que los Zou”.
Los demás compartieron miradas extrañadas, sin encontrarle sentido a eso tampoco. De hecho, sonaba a disparate.
—Hah… ¿Se refería entonces a los dioses? —bufó Effie—. Mira, sigue sin encajarme que…
De pronto les sobresaltó un fuerte ruido. Agatha se había puesto en pie de golpe y había volcado la silla. Su cara expresaba el más puro horror. Estaba blanca como un fantasma.
—¡Agatha, ¿q…?! —se le acercó Denzel, preocupado, pero la anciana lo apartó de un empujón, apartó a todos los que tenía en medio, y la mesa, casi volcándola también, sólo para salir corriendo del local.
Chocó con la puerta, la palpó rápidamente con las manos, buscando el pomo. Por fin la abrió y salió al exterior. Y Denzel fue corriendo detrás.
—¡Agatha, ¿qué pasa?! ¿¡Qué te pasa!? —la alcanzó a mitad del callejón y la agarró de un brazo—. ¿¡Has descubierto algo!? ¡Háblame!
—¡No! ¡No! —la anciana agarró su mano y se soltó de él de una sacudida—. No me sigas… ¡No se te ocurra seguirme!
—¿¡Pero adónde vas!?
—A comprobar algo… —le tembló la voz, respirando aceleradamente—. Te lo advierto. No me sigas.
Finalmente, Agatha desapareció en el aire. Denzel se quedó un rato ahí en el callejón tratando de comprender qué demonios había sido eso. Regresó al local, indicando a los demás con un gesto que no sabía qué pasaba.
Neuval aún miraba a la puerta, escamado.
—Chicos, creo que deberíamos dejarlo por hoy —dijo el taimu—. He visto a una pareja de policías pasando por la calle principal.
—¿En este barrio? ¿Desde cuándo? —se extrañó Nakuru.
—Y hoy están especialmente insoportables con los helicópteros.
—Sí, ¿qué carajos pasa con eso? —protestó Effie.
Neuval puso una mueca todavía más escamada, pero esta vez, por otro motivo, oyendo desde ahí el lejano zumbido de algún helicóptero.
—Seguiremos investigando a toda costa —dijo Pipi—. Necesitamos averiguar dónde podría estar Izan reteniendo a las secuestradas. Si las tiene que mantener con vida, las tiene que tener en alguna casa, algún refugio, y comprar comida. En cuanto a la ARS, no sé si después de lo de anoche seguirán dando la cara en público.
—Si lo hacen, los atrapamos, los reventamos a hostias y les hacemos cantar —dijo Drasik.
—No —lo frenó Neuval—. Cuidado con esas ideas, Dras. Siguen siendo iris enfermos. No son ellos, los verdaderos ellos.
Drasik agachó la cabeza sin decir nada, no muy contento con verlo de esa forma.
—Es más. Aunque los veamos por ahí, no nos conviene ponerles las manos encima —añadió Neuval—. Izan podría hacer daño o algo peor a sus rehenes si lo cabreamos o tocamos a alguno de sus activos.
—Tiene razón —corroboró Pipi, mirando seriamente a todos—. No hagáis nada precipitado. Si vemos a algún miembro de la ARS por ahí, nos conviene mucho más no demostrarles lo mucho que sabemos hasta ahora. Esta no es una situación de lucha a puñetazos, sino de estrategia y espionaje. Y hacer las cosas con cuidado. Porque no sabemos lo que podemos desencadenar si damos un paso donde no debemos.
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Editado: 24.04.2026